Artículos de opinión

Aporte de las mujeres rurales

Mónica Novillo G.

Domingo, 19 Noviembre 2017

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Semanalmente tomamos conocimiento público de muertes o internaciones por cuadros de desnutrición severa en comunidades alejadas de los centros urbanos en la Argentina profunda. En una de esas provincias, Misiones, se informó hace unos días de la internación de dos niños por desnutrición severa y deshidratación, a pocas semanas de la desoladora muerte de un chico de 7 años en Chaco por desnutrición y tuberculosis.

Qom, wichis, tobas, mapuches y cientos y cientos de comunidades que habitan el interior con costumbres, tradiciones, culturas y hábitos particulares pero con un denominador común: son parias, sin accesibilidad a programas sanitarios preventivos y curativos siendo una población extremadamente pobre, marginal y aislada, tenida en cuenta tangencialmente solo ante la inminencia de cada elección con dádivas que no llegan a cubrir ni las necesidades básicas.

El aislamiento extremo, la falta de integración, las diferencias, comportamientos o hábitos culturales ancestrales difíciles de modificar les juega en contra y sirve de excusa a la insensibilidad e irresponsabilidad social de políticos o líderes locales. La desidia y la falta de accesibilidad a un Estado ausente y alejado de sus verdaderas necesidades que le resulta más fácil construir muros que puentes o autopistas, dicho en un término literal.

Los muros aíslan, dificultan la accesibilidad y la posibilidad de ofrecer ayuda y asistencia. Las autopistas aceleran la llegada de ese Estado que debería ser proactivo, dinámico y adelantarse a los hechos o catástrofes aisladas o comunitarias. Los puentes integran y ayudan a las comunidades aisladas a ser asistidas más allá de sus diferencias de estilos de vida o pautas ancestrales.

La muerte de un niño qom en Formosa, Salta o de niños de otras etnias en Misiones, por ejemplo, con grave desnutrición, deshidratación, tuberculosis y enfermedad metabólica severa evitable o tratable no es un hecho aislado. Estas internaciones, muertes y casos que ni llegan al Centro de Salud y menos al Hospital, ocurren cotidianamente, al punto de estar acostumbrando a ello. El peor sentimiento suscita cuando afirmamos que se tratan de causas de enfermedades totalmente evitables y vergonzantes en un país orgulloso de ser productor líder mundial en alimentos.

Estas víctimas sufren el aislamiento, la ignorancia, el ocultamiento. La consigna es no hablar de ellas, que no ocupen las estadísticas nacionales de enfermedades, donde pueden estar los obesos adultos pero no se toman estadísticas de los desnutridos y lo que es peor, nadie se ocupará de esos futuros discapacitados intelectuales, sociales y emocionales que esta situación genera. En lugar de salir a buscar al desnutrido portador de una enfermedad grave de la pobreza, se lo oculta, camufla, y se le da anonimato. Si se lo niega de esta manera, jamás se lo sacará de la pobreza extrema ni se tratarán las secuelas de su desnutrición.

Los niños nacidos de embarazos difíciles o madres enfermas, desnutridas o mal alimentadas, adictas, alcohólicas y cuyas enfermedades no son tratables totalmente y aquellos que sufren desnutrición y falta de estímulos en su primer año de vida fruto de la extrema pobreza, serán difíciles de recuperar para llevar una vida normal semejante a niños en mejores condiciones sociales económicas y culturales. Esos niños, al crecer, tendrán un déficit intelectual irrecuperable y estarán quienes sobrevivan a pesar de este grave deterioro y no puedan revertir su cuadro de enfermedad crónica, condenados a vivir sumergidos laboral, social y económicamente por el resto de su vida.

Es importante mencionar algunos conceptos textuales del doctor Abel Albino, reconocido especialista en el tratamiento de desnutridos graves que a través de su Fundación CONIN sale a buscar a la población en riesgo y ya recuperó a miles de niños con esta enfermedad metabólica y social evitando sus graves secuelas. '''Uno cree que un pobre es una persona igual que nosotros, pero sin plata. Y no es así, el pobre es pobre en familia, alimento, estímulos, fuerza, entusiasmo, sueños, ideales, introspección, retrospección, experiencia adquirida y encima... no tiene plata. Europa, cuando era pobre, sale de sus dos Guerras porque el intelecto estaba intacto. América Latina no sale de su atraso crónico porque el intelecto está dañado. Allá, pobreza externa. Aquí, pobreza interna. La desnutrición es el resultado final del subdesarrollo, genera pobre cableado neurológico y su consecuencia es la debilidad mental: ese niño desnutrido estará condenado de por vida, no tendrá posibilidades de aprender y, por ende, estará condicionado al desempleo y subempleo, repitiendo el ciclo de miseria, pobreza, desocupación y subdesarrollo del cual fue víctima. ¡El daño es individual y social!".

Un chico con desnutrición grave tiene 8,4 veces más probabilidades de morir que un niño con las mediciones antropométricas normales para su edad. Una vez diagnosticada la desnutrición y el bajo peso por agentes sanitarios de las mismas comunidades adiestrados a tal fin por especialistas, deben recibir no solo el tratamiento específico y su seguimiento sino la importancia de la educación del grupo familiar y comunitario ya que en la desnutrición influyen las cuestiones sociales y el entorno del pequeño.

La educación es fundamental para tratar al niño y a su entorno social además de servir de estímulo mental luego de recuperado ese paciente, que queda con un déficit intelectual y secuelas de dichas enfermedades de su niñez. La educación va de la mano de la asistencia social y alimentaria.

En esas comunidades, el primer factor de educabilidad y prevención es la comida. Todo esto, comida y educación, faltan inexplicablemente en estas poblaciones alejadas y a veces muy cercanas a los centros urbanos, en el norte argentino y en el Impenetrable, entre otras regiones.

Pero no olvidemos también que debe acompañarse estas políticas de un grado de compromiso y sensibilidad social importantes. Hay médicos y agentes de salud que llegan esporádicamente y cuando lo hacen, no tocan al indígena. Le preguntan desde la puerta del consultorio qué le duele y le indican un analgésico que no toman debido a sus costumbres ancestrales naturales más accesibles y creíbles.

En el futuro esos niños con problemas nutricionales -y luego intelectuales- serán una parte importante de esa alta estadística que está de moda- los NI-NI, los desocupados crónicos, los discapacitados intelectuales y muchas veces sociales, de los que deberán acceder a una ayuda estatal de por vida o a la mendicidad.

Lo peor es que toda esta problemática social, enfermedades y secuelas se pueden evitar, prevenir. Las soluciones dependen de dirigentes y estadistas con sensibilidad social, sentido común, ética y algo de gerenciamiento. Un desafío para los políticos en carrera en un año electoral.

 

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