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ELIZABETH VARGAS SOLÁ

Domingo, 17 Septiembre 2017

Agronegocio: práctica y discurso

Enrique Castañón Ballivián

Jueves, 03 Agosto 2017

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Incansable defensora de las comunidades y lo comunitario, la socióloga e historiadora boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, cerró el último jueves en La Paz el tercer Foro Andino Amazónico de Desarrollo Rural alertando sobre “La destrucción de lo común o el mal vivir del proceso de cambio” y los riesgos de una reelección presidencial.

Tan sólo el título de la ponencia expuesta por Rivera “Vivir Bien ¿un paradigma civilizatorio no capitalista?”, dio el tono  de los demás temas, concentrados en el extractivismo y la sustentabilidad en Sudamérica, y los diversos impactos de la expansión de la frontera agrícola bajo el modelo del agronegocio. La destacada activista cultural, que no tuvo reparos en denunciar la “rapiña” sobre los bienes comunes”, accedió al final del evento a algunas preguntas: 

¿Agronegocios contra población y territorios? 

Silvia Rivera (SR): La cumbre agropecuaria ha sido un retroceso radical de todo lo que dice la Constitución Política del Estado y  la Ley de derechos de la madre tierra. 

Es decir, la deforestación es ahora una promesa estatal,  y los transgénicos  van  poner en riesgo la diversidad de las plantas de maíz, que son originarias también de Bolivia junto con México, porque de acuerdo a evidencias paleobotánicas sobre un centro independiente de domesticación, hay especies oriundas de nuestro territorio. 

Es muy grande la amenaza en términos de soberanía y seguridad alimentaria, porque, en última instancia, los agronegocios contribuyen al engorde de ganado en el hemisferio Norte depredando la tierra. 

Y son irrisorios los impuestos que pagan. Nos están saqueando a cambio de nada. Además hay un compromiso serio del gobierno con la oligarquía del oriente, en busca de  perpetuarse en el poder. Es muy grave lo que está pasando.

¿Paradigma civilizatorio no capitalista? 

SR: Por el momento el “vivir bien”  es una palabra hueca que no se basa en  un conocimiento de las dimensiones concretas, locales, con las cuales la gente  enfrenta la relación  comunitaria y la relación con la naturaleza, con los muertos y el espacio sagrado. 

Esas dimensiones están retóricamente consideradas, y es la parte de la Constitución  que es un saludo a la bandera y no se cumple para nada. 

Por ejemplo,  se reconoce tres tipos de economía, privada, estatal y comunitaria  pero no hay en acciones para promover la economía comunitaria. 

Las comunidades que sobreviven con sus propias iniciativas no tienen apoyo: mucho más si son autónomas. El gobierno no admite ninguna comunidad que tenga un mínimo de autonomía. 

Y eso no es ser plurinacional, es borrar con el codo lo que hicieron con la mano. Y además lo han hecho a regañadientes: las demandas previas a la Constituyente  exigían representación directa sin mediación partidaria, pero luego el MAS impuso que aparte de una representación minoritaria por usos y costumbres, haya una mayoritaria adscribiéndose al MAS, que es perder totalmente el horizonte de la economía. 

Marca indeleble, capitalismo y subordinación 

En respuesta a diversas inquietudes de delegados bolivianos de distintas organizaciones bolivianas de base y representantes de Brasil, Ecuador, Argentina Colombia, Paraguay y Perú, asistentes al encuentro organizado por el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA-Bolivia), Rivera advirtió sobre la vuelta al “mecanismo discrecional y clientelar para obtener la subordinación de los de abajo”. 

“La gente como yo, que somos mestizos y mestizas, tenemos una marca indeleble de lo indio en nuestra interioridad, en nuestra alma”, dijo. 

“Esto viene de varias fuentes: del mestizaje de sangre pero sobre todo por estar inmersos en un  paisaje que compartimos; tenemos una identidad circumlacustre, estamos en torno a la cordillera y los achachilas más sagrados, y ellos no reconocen fronteras”. 

Las identificaciones, añadió,  tienen que ver cada vez más con nuestra relación con espacios específicos (las fronteras nacionales quedarán en muchos casos obsoletas) para identificarnos con una cuenca, cadena montañosa o bosque como principio básico de nuestra identidad. 

“Pero no podemos negar que hay otro polo en nuestras identificaciones profundas y esto no es el capitalismo.  El capitalismo es un envoltorio falaz, un desarrollo canceroso de lo que inicialmente fueron las luchas por el trabajo la libertad y la autonomía del ser humanos como individuo. Todavía  en nuestra comunidades andinas hay relación especial entre la sayaña y la aynoca, o sea entre la posesión individual y la colectiva, ésta dimensión de lo individual también está inscrita en la identidad india”. 

Y aunque se habla quechua y aymara, sabemos que nuestra lengua franca, el castellano, es una lengua colonizadora, señaló también. 

“Entonces pienso que la descolonización parte por recuperar la noción de lo indígena. No fuera de nosotros para aceptarnos con una cierta solidaridad paternalista  sino un reconocimiento de nuestra propia condición de colonizados. De ninguna manera eso significa avalarla existencia cancerosa del individuo que se llama capitalismo”, indicó. 

Remarcó que, por otro lado, hay un campo importante entre el liberalismo y el populismo de los años 50, “cuya meta era integrar a lo indio pero convirtiéndolo, negando y desconociendo sus saberes y su memoria y lo que es ahora, que no es integrar sino compensar por la exclusión, elemento de compensación que se puede volver  mecanismo discrecional y clientelar para obtener la subordinación de los de abajo”. 

“Necesidades básicas como el agua, tierra y la lengua propia tienen que estar por encima de la conversión de las colectividades  en victimas miserables sumidas en la pobreza e incapaces de hablar por si mismas. Lo que ha ocurrido en Takovo Mora –recordó en torno a la más reciente represión a los indígenas, hace seis semanas– es elocuente  en cuanto a la persistencia de racismo y discriminación”. 

¿Agua al molino de la derecha? 

Sobre el supuesto de que la denuncia de malversación en el Fondo Indígena beneficia a la derecha, Rivera dijo que el  des-empoderamiento de las organizaciones proviene justamente de esa impunidad de la corrupción. 

“La corrupción es algo que desestructura profundamente las bases de la confianza mutua y el liderazgo. Es algo que debe alarmarnos a todos. No es que la burocracia va a tomar el Fondioc, sino que la más alta burocracia, la Ministra (Nemesia Achacollo, hasta hace cuatro semanas), ya  tenía el control. No es que vaya a haber una mejor o peor burocracia: ambas son profundamente antidemocráticas y me parece contraproducente callarse frente a eso”. 

El vivir bien 

Contrario a las prácticas estatales de hoy, para la historiadora y socióloga, el Buen Vivir es una oportunidad para pensar otro mundo a partir de otros principios civilizatorios, diferentes al pensamiento moderno que impera hasta el momento, una visión nueva que se aleja de la explotación del hombre y de la naturaleza en la lógica de la acumulación del capital; que sitúa al hombre en armonía con el propio hombre y con la naturaleza. 

Sus principios elementales serían la reciprocidad en contraposición al liberalismo que no tiene ningún efecto positivo, la complementariedad en lugar de la competencia, la reproducción de la vida y no la reproducción del capital”. 

Sin embargo, sostuvo que hoy en día, en pleno estado Plurinacional, con un presidente indígena y la alta burocracia de la izquierda tradicional, “se está haciendo rapiña sobre los bienes comunes y no se está cumpliendo con el principio de distribución equitativa de los beneficios y riesgos”. 

“Tampoco se entiende que la autoridad o el liderazgo no es una función de dominación sino un espacio de realización de las decisiones comunes, que no delegan en otro sino que hacen cumplir de abajo a arriba. Y no se asume que el poder es rotatorio y alternado, que no busca la reelección perpetua.  La noción de que la sociedad está articulada  por el consenso de sus miembros y que tiene capacidad de decisión, está en grave riesgo”, puntualizó.

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