Fuente: El Deber

Marelo Tedesqui/ El Deber

Sequía, desvío de aguas para otros fines, calentamiento global y contaminación de las mineras han confabulado contra el lago Uru Uru, ubicado en Oruro, y han generado un escenario catastrófico. No hay agua, situación que provoca la muerte de los animales o los obliga a migrar y llena de desesperación a los pobladores, que ven que sus medios de subsistencia se escapan de las manos, provocando la desesperación.

En febrero, Oruro se enfrentó con la noticia de que el lago Poopó, que tenía más de 2.300 kilómetros cuadrados y era el segundo más grande de Bolivia en extensión, se había quedado sin agua. Ahora el lago Uru Uru, de 135 kilómetros cuadrados, que se apreciaba a la salida de la ciudad por la vía a Pisiga, es el que ha desaparecido.



El diario orureño La Patria lo informó el lunes. EL DEBER hizo un recorrido el miércoles. En plena vía que une Oruro con Pisiga se ve un letrero: “Lago Uru Uru. 2.706 metros sobre el nivel del mar. Rica en pejerrey, pariguanes y patos salvajes”. Pero, no se ve agua por ningún lado.

Metros más allá, otro letrero: “Parque acuático natural”. El lugar tiene una construcción central, parrilleros, canchas deportivas, juegos infantiles. Al fondo, un anuncio de que en el lugar se pueden apreciar aves silvestres. La realidad es que el denominado parque acuático no tenía agua ni animales y estaba cerrado para el público.

La obra fue ejecutada durante la gestión de la exalcaldesa Rossío Pimentel y concluida en la administración del alcalde Édgar Bazán. Se inauguró en junio de este año, cuando aún los flamencos rosados y otra aves a pesar del frío intenso de invierno, se mantenían en su hábitat natural, como reflejan notas periodísticas de esos días.

Siguiendo el recorrido hacia Pisiga, luego de atravesar el Puente Español, este medio abandona la ruta e ingresa en vehículo al lugar donde antes estaba el lago, siguiendo huellas de otros vehículos. Al fondo se ve un grupo de ovejas, en ese lugar surge el encuentro con Pedro Calizaya, que vive en la zona hace 40 años. “El lago Uru Uru ya no hay, se ha convertido en zona de pastoreo nomás. Quedan cintitas de agua.

El hombre se sienta, suspira y comienza a contar sus aflicciones. “Sabe, la mina Inti Raymi y la Kori Chaca nos han contaminado todo. Mire cómo es el terreno, es un desierto, es inservible”.
Confiesa que el 2016, específicamente, fue el peor año para él y su familia. “Este año he perdido 80 ovejas de las 400 con las que comencé el año y 10 vacas de 40 que tenía. Se murieron por la sequía, la contaminación y la falta de forraje.

Complementa que los animalitos “se enflaquecen porque no hay forraje, caminamos horas buscando, de aquí hacia allá. Como la poca agua está contaminada, se enferman, sus pies se pelan como fierro ‘ensarrado’, se hincha la barriga, vomitan como harina batida y mueren”.

Ante esa situación, no se pudo aprovechar ni carne, ni lana ni leche. No sé qué vamos a hacer, con esto hacíamos estudiar a nuestros hijos, ya no se puede, estamos desesperados”.
Dirige al equipo de prensa hasta un lugar donde muestra los restos de las ovejas y contiene las lágrimas. Había una de ocho patas y dos cabezas (muestra una foto), y enseña otros dos cadáveres disecados con otras deformidades.

Tres horas de recorrido fueron suficientes para ratificar que esto es una tragedia. Un experto confirma las causas (ver el análisis adjunto). El gobernador de Oruro, Víctor Hugo Vásquez, dice que la sequía no es de ahora, y que siempre hubo forma de enfrentarla, pero el Uru Uru se secó

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