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Cuando los extractivismos y la corrupción se encuentran

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Indígenas avasallados por otros indígenas en Bolivia

JOSÉ LUIS BAPTISTA MORALES

Domingo, 29 Octubre 2017

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A pesar de no contar con la aprobación de las comunidades wayuu directamente afectadas, en Riohacha (La Guajira) se construye un relleno sanitario que afectará a 41 comunidades de esta etnia.

Hace dos meses, cuenta Graciela Cotes, autoridad tradicional de la comunidad wayuu Okushinama, varias volquetas llegaron al kilómetro 11 en la vía de Riohacha a Valledupar y comenzaron a cavar un hoyo que, dice la lideresa, tiene unos ocho metros de profundidad. Así fue como ella y otras autoridades wayuus se dieron cuenta de que, a pesar de no haber aceptado en consulta previa la construcción del relleno sanitario regional de Riohacha, la administración municipal igual lo realizaría.

“A nosotros nadie nos dijo nada antes de iniciar. No sabemos nada, nadie nos ha explicado. Nos dimos cuenta de que el proyecto iniciaba cuando entraron las volquetas, que no nos dejan dormir en la noche”, le dijo Graciela Cotes a El Espectador.

Salvatore Maldonado conduce la balsa con la fuerza y la sutileza de sus brazos viejos. La proa de la pequeña embarcación —que dice haber recibido de un viejo amigo, el oceanógrafo Jacques Cousteau— abre el camino entre la vegetación y las algas que cubren la superficie de la laguna La Herrera, en Mosquera (Cundinamarca). Al sentir la presencia de los foráneos, alzan el vuelo bandadas de garzas que empollan sus huevos entre los matorrales y de patos canadienses que hacen escala en la laguna, antes de volver al norte del continente.

La escena apacible del viaje por aguas tranquilas, bajo el sobrevuelo de cientos de aves, se distorsiona con el sonido de fondo, ajeno a la bella postal natural. Desde los cerros que envuelven la última gran laguna de la sabana de Bogotá llega el crujir de la tierra revuelta por retroexcavadoras y los estruendos de las volquetas que nunca dejan de pasar por una carretera polvorienta que separa la laguna de las canteras y fábricas de asfalto.

Un menor wayuu de dos años falleció este martes en la clínica Reina Catalina, de Barranquilla. Las causas de la muerte estarían asociadas a un cuadro de desnutrición. El niño, quien estaba internado en el centro de salud desde hacía un mes, vivía en Maicao, La Guajira, en un asentamiento indígena conocido como Ranchería Caliente. Había llegado a la capital de Atlántico con ocho kilos de peso corporal.

Mientras tanto, Eduin López Fuentes, director del ICBF en La Guajira, informó que tres indígenas del corregimiento Monguí fueron trasladados a la Clínica Nuestra Señora de los Remedios. Los dos menores de edad presentaban cuadros de desnutrición y el padre de los niños también tenía quebrantos de salud.

Según el Instituto Nacional de Salud, este año en Colombia se han notificado 42 muertes en menores de cinco años por diferentes patologías, que registran desnutrición como uno de los diagnósticos. La Guajira, Magdalena, Meta y Tolima registran el 47,6% de los casos.

Ciénagas que parecen charcos, escasez de peces, ganado sin potreros y siembra en vilo por falta de lluvia: el fenómeno climático El Niño ha hecho estragos en los humedales del norte de Colombia.

Al atardecer en el municipio de San Marcos, departamento de Sucre, en el límite entre las sabanas de la región del Caribe y los humedales de La Mojana, se ve la tierra agrietada por la fuerte sequía que desde hace meses golpea a la zona.

Una canoa que ya no flota, solitaria en medio de un pantano seco, muestra el déficit hídrico que vive la región. Vacas muertas en los campos mustios dan cuenta de la gravedad del problema en el valle de San Jorge, entre los ríos San Jorge y Cauca.

"Nosotros vivimos del agua. Pero el río San Jorge tiene dos metros de cauce, ha bajado demasiado. Y el río hoy no alimenta la ciénaga", dice a la AFP Islan Gil, oriundo de San Marcos.

Concesiones a privados que arrojan desechos contaminantes producto de la agroindustria y tala de árboles indiscriminada en su cuenca, son los factores determinantes en la progresiva disminución en el nivel del río más importante del departamento del Cesar, el Guatapurí. La ola de calor de los últimos días puso en evidencia la situación. 

“Bajando desde lo alto de la sierra, majestuoso  nos baña el Guatapurí”, versa la letra de la canción del compositor Nicolás Maestre Martínez, ’El rey del Valle’. Hoy solo queda el nombre del río porque su caudal desapareció casi en por completo. 

“Recuerdo que al meter mis pies en el río sentía tocar la sierra”, comentó Cesia Morales, estudiante de Sociología de la Universidad Popular del Cesar. “Uno llegaba al río y experimentaba una sensación de frescura, hoy hay que buscar refugio del sol en otras zonas”.