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El cambio climático, los sojeros y nuestro bolsillo (Paraguay)

Fuente: Agencia Latinoamericana de Información

Autoría: Mercedes Canese

Fecha: Jueves, 17 Diciembre 2015

Cartes se autocongratuló de que Paraguay es uno de los países que menos contribuye al Cambio Climático. La verdad es que lo hacemos desde la pobreza, porque como no somos un país industrializado y tenemos uno de los peores índices de intensidad energética -que mide cuánta energía se gasta para generar una unidad monetaria de producto interno bruto- lógicamente, casi no generamos gases de efecto invernadero por uso de hidrocarburos y por procesos industriales altamente contaminantes y complejos.

Pero somos, según la FAO, el sexto mayor deforestador del mundo en cifras absolutas[1], es decir, nuestra contribución al cambio climático es donde nos permite la pobreza total: destruyendo los bosques nativos y habilitando tierras para la agricultura y ganadería. No somos contaminantes menores, numerosos científicos indican que, luego del consumo de combustibles fósiles, el cambio de uso de suelo, y especialmente la deforestación, para la agricultura extensiva y la ganadería son causas fundamentales del cambio climático.

Y vayamos al microclima. La falta de barreras de bosques que apacigüen las tormentas están haciendo estragos localmente. No es la primera vez que tenemos tormentas así en Asunción y otros departamentos, pero la intensidad y la frecuencia van en aumento, y son especialmente importantes desde la primera tormenta que recuerdo de esta intensidad en 1998. ¿Cuándo fue la anterior? Quizás algún lector más memorioso podría indicarme alguna, pero sin duda será anterior a 1984, al menos en Asunción. En cambio, desde 1998 -recuerdo muy bien esa tormenta pues estaba en una boda en el Club Sajonia y se rompieron todos los cristales del Salón Central- han habido por lo menos 3 tormentas más de envergadura similar, en 17 años.

La siguiente pregunta es quién paga los daños. Los daños y averías que sufrió la ANDE en la última tormenta, que dejó sin luz a miles de usuarios, por hasta 30 horas y más, los daños que sufrimos como usuarios del servicio por no poder trabajar y perder los alimentos refrigerados que tenemos, los daños en las viviendas -especialmente precarias- de la población más pobre.

Hoy, nosotros mismos pagamos estos daños. Si no es directamente, arreglando los destrozos de la tormenta, lo hacemos a través de nuestros impuestos, que según estudios de CADEP[2], en un 81% corresponden a impuestos indirectos, donde los mayores contribuyentes, en proporción a sus ingresos, son los más pobres.

Es decir, la destrucción de la naturaleza que generan los sojeros y ganaderos, la pagamos los que no somos ni sojeros ni ganaderos, al comprar yerba, azúcar, pan, al pagar un pasaje de micro.

En cambio, los ganaderos y sojeros, contribuyen en alrededor del 2% de los ingresos fiscales[3]. No creo que se pueda compensar económicamente el daño al medio ambiente y a la salud de las personas, ni el sufrimiento de las familias cuyas viviendas se ven destruidas con cada tormenta. Pero que los mismos afectados tengamos que pagar el daño, ¿no es ya demasiado injusto?


[1]http://www.fao.org/3/a-i4793e.pdf

[2]http://www.cadep.org.py/2011/10/propuesta-de-la-sc-impuestos-justos-para-inversion-social/

[3]http://ea.com.py/v2/lo-que-el-pais-se-pierde-por-falta-de-impuesto-a-los-granos/