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Productores de alimentos con ansias de poder, que endurece el alma y vulnera al corazón

Fuente: IPDRS
Autoría: Basilio A Lezama M.
Fecha: Lunes, 11 Enero 2016

Convencidos que Dios creó el Mundo y con ella, se infiere, sobre la existencias de inmensas extensiones de tierras con diversidad de vegetaciones,  áreas desérticas, ríos, lagos y mares. Donde todas presentan, características, que favorecen y otras que desfavorecen a la vida. En los inicios, el hombre vivía en las cuevas y disponían de diversidad de frutas, verduras y legumbres. Las poblaciones que no podían alcanzar la seguridad  alimentarias, utilizaban el trueque, unión de gobiernos aprovechando las ventajas comparativas, robos y guerras. Más tarde, se comenzó acumular alimentos, para los momentos difíciles. Del trueque, se empezó a crear objetos que permitían los cambios y más tarde, monedas para la compra.

Las variables, como parte de los fenómenos naturales, mantienen correlaciones en equilibrio, garantizando cantidad y calidad, en las producciones; que satisfacen a los grupos y más tarde, el incremento de las poblaciones, obligó a buscar métodos, técnicas y metodologías, para incrementar la producción. Las modificaciones genéticas, se venden, como posibilidades para incrementar la cantidad de alimentos en satisfacer las necesidades de los pueblos. En realidad, fue un instrumento para incrementar el hambre en el mundo, Por el incremento de los precios, que en cada momento, son muchos los que salen fuera del juego, para aumentar la pobreza. Creando también situaciones de extremas preocupaciones, en la generación de alimentos artificiales, emulando características perceptivas.

En Latinoamérica y El Caribe, la mayoría de las ciudades fundadas en las cercanías de ríos y lagos. Se infiere, para limitar los recursos a los indígenas originarios.  Y más tarde, donde las expansiones urbanísticas las abrazan, no para prodigarles amor, sino penetrarlas con basuras y aguas negras, y condenarla a una muerte lenta y como danzas recreativas con fines turísticos, recordando lo perdido. Aunque antes de claudicar, descargan con furias, inundaciones e infringen  grandes pérdidas de materiales y humanas. Aunque creado para la vida, son transformado como daga de Damocles.  Sin embargo, el dolor pasa y la terquedad vuelve para volver a oprimir y con rezos se pretende  aplacarla. Y con el tiempo, intenta recuperarse, pero la falta de conciencia  la vuelve a oprimir, como un ciclo  macabro que nunca termina.

Es imperante repensar las ubicaciones de las futuras poblaciones, en terrenos desérticos, que permita controlar con mayor efectividad las contaminaciones del aire y de las aguas, e inclusive, desarrollar proyectos para reubicación de poblaciones en situación de peligro. Evitar, competir con la naturaleza, al quitarle áreas de influencia, corriendo el riesgo, de accidentes, muertes y contaminaciones y por falta de controles idóneos, que permite que las entradas: personas, materiales, equipos, construcciones y otros. Ponga en riesgo, la subsistencias con la salidas de materias primas,  recursos naturales y humanos. Evitando la fuga de cerebros,  las manipulaciones de los precios e influencia tecnológica.

La producción de alimentos, tiene como objetivo satisfacer las necesidades biológicas de los pueblos, en forma sostenida, en cantidad y calidad. Sin embargo, a pesar que se trata de dignificar al hombre con el trabajo, son muchos las individualidades que prefieren: “Jalar pelota en la sombra  y no escaldillas en el sol” Y en última instancia, como intermediario, oprimir la vida de muchos, relegando a un estado de pobreza. Donde la mayoría de ellos con ansia de poder, quieren subir en las organizaciones y en la sociedad,  a los puestos de dirección, utilizando todas las armas para lograrlos, donde muchas de ellas no dignas.  En definitiva, los  productores de alimentos que cultivan el dinero como valor fundamental social, endurece  el alma y vulnera al corazón.