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Los ricos también lloran

Fuente: Prisma Internacional
Autoría: Arlene B. Tickner
Fecha: Domingo, 17 Abril 2016

La lista de salpicados por los papeles de Panamá —que se extiende desde Mauricio Macri, Vladimir Putin y la familia de Xi Jinping hasta Lionel Messi y Pedro Almodóvar, pasando por quienes hacen negocios con narcos, terroristas, pedófilos y gobiernos authoritarios— se lee como un “quién es quién” de las relaciones internacionales. Los 11,5 millones de documentos filtrados de la firma Mossack Fonseca indican que la evasión de impuestos y el lavado de dinero mediante compañías ficticias offshore se han vuelto lo “nuevo normal” de la economía mundial.

Así, los paraísos fiscales, que no se limitan a casos clásicos como Suiza, Luxemburgo, Islas Caimán y Panamá, sino que incluyen a Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Hong Kong, entre muchos otros, se han esparcido como la Matrix por todo el globo. Pese a que sus defensores afirman que éstos permiten el movimiento fluido de capital —que suponen positivo—, su única razón de ser es ayudar a eludir los impuestos, la regulación y las leyes del país de residencia mediante incentivos como la tributación baja o nula y el secreto.

En su libro La riqueza escondida de las naciones, Gabriel Zucman calcula en US$7,6 billones los dineros que se ocultan en distintos paraísos fiscales, equivalentes al 8 % de la riqueza global. A su vez, demuestra que entre 2010 y 2015 éstos crecieron más del 25 %, alcanzando cifras jamás vistas en las actividades offshore. De forma similar, la entidad Global Financial Integrity señala que entre 2004 y 2013 el dinero ilícito saliente de las economías emergentes —en su mayoría por facturación comercial falsa— ascendía a US$7,8 billones, alcanzando $1,1 billones tan solo en 2013. Se trata de una cifra que supera los ingresos combinados de capital por ayuda oficial al desarrollo e inversión directa extranjera, con implicaciones severas para problemas como la pobreza, la desigualdad y la educación y salud pública.

Pese a que la mayoría de quienes pertenecemos al 99 % sabemos que el sistema capitalista  está amarrado a favor del 1 %, el grado de fraude sistémico que detallan los Papeles de Panamá no deja de producir indignación. Puede que estas prácticas no sean ilegales —los ricos y los abogados y bancos a su servicio han asegurado que mucho de lo que hacen para enriquecerse no lo sea—, pero sí son repugnantes. ¿Qué se puede esperar? Si bien los países del G20 han prometido hace tiempo una campaña colectiva contra la evasión de impuestos, ésta no se ha materializado. Una reevaluación mundial del libre flujo de capital y bienes es aún menos probable. Una ola global de protestas ciudadanas tampoco está a la vista, aunque las implicaciones del escándalo están por verse. Al menos, ya le costó al primer ministro de Islandia su puesto.