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Bienes comunes y solidaridad

Fuente: El nuevo Liberal
Autoría: Sigifredo Turga Ávila
Fecha: Lunes, 30 Mayo 2016

Sobre bienes comunes que pertenecen o son intrínsecas a la vida de comunidades, podemos mencionar entre muchos, el paisaje, los ríos, las playas y el aire, también pueden mencionarse como tal los servicios públicos.

Cuando algún agente económico (sea persona natural, o jurídica) ejecuta actividades de producción o consumo sobre bienes que son comunes a una o varias comunidades o poblaciones, afectándose las actividades de producción o consumo de esas comunidades u otros agentes y sin que haya existido previamente transacción o acuerdo entre las partes interesadas para acometerse tal acción, consideran los economistas que se están presentando EXTERNALIDADES, positivas o negativas. Las implicaciones o consecuencias de tales acciones suelen llegar a ser supremamente importantes en los subsiguientes y futuros desarrollos de la vida de los afectados y sin que hayan tenido al menos la oportunidad de opinar previamente al respecto.

Una de las razones para que el modelo capitalista, de mercado o de lucro, o como se le quiera llamar, no sea pertinente, aunque esté vigente en casi todo el planeta sin saber hasta cuando, es precisamente su permanente y elevada generación de externalidades destructivas, que se plasman como si fuesen parte intrínseca de su naturaleza operativa y administrativa. Es como si la generación de externalidades negativas fuese condición necesaria de la economía de mercado.

Maravilloso es el negocio del agua que se hace con la que existe en las Islas FIJI, se vende en los Estados Unidos a los mejores precios. Maravilloso, pero a costa de quitar el derecho a un bien común que han tenido los habitantes de tales islas, se le impide el consumo de una buena parte de su agua a la comunidad isleña y sin posibilidad siquiera de opinión.

Fabuloso el incremento de la riqueza para los dueños de la empresa carbonífera del Cerrejón pero, cuánto daño hacen a los bienes comunes como suelo, agua superficiales y subterráneas, paisaje o bienes marinos, que siempre estuvieron al servicio y garantía para el vivir de comunidades lugareñas de la costa atlántica colombiana. Estamos seguros de que en nada tuvieron que ver tales comunidades, para la toma de decisión de establecer allí tal empresa.

Importa al modelo del capital el balance en cifras monetarias, mas no la inmensidad de pérdidas, atribuibles por externalidades que pasan como no existentes al no ser medidas dentro de los cálculos financieros.

El comunismo, ilusión de muchos, que se estableció en diversas partes del mundo bajo la orientación de la Unión Soviética, de igual manera produjo externalidades negativas como si también fuesen intrínsecas a su naturaleza operativa y administrativa. No hubo participación democrática.

A Colombia, en esta época cuando define procesos futuristas de paz, le queda como alternativa definirse por un modelo de democracia que no admita externalidades negativas.

Encontramos en el modelo de la economía solidaria, el de los principios cooperativos, la oportunidad para reestructurar la economía colombiana porque permite darle vida al poder comunitario o del pueblo, economía construida por todos y para el bien de todos. Es economía de paz

Es una economía muy diferente tanto del capitalismo como del comunismo, porque bajo sus principios surgen mecanismos administrativos y operativos con participación de todos, que obligan la protección de los bienes comunes para bien de todos.

El Cauca está en capacidad de construir su economía en forma solidaria si atiende las enseñanzas de comunidades de Las Delicias, en el Municipio de Silvia o Zumbico, en el municipio de Jambaló. Su economía y su plan de vida en ambas comunidades está basada en la solidaridad y la protección de los bienes comunes.

 

Artículo original disponible en: http://elnuevoliberal.com/bienes-comunes-y-solidaridad/#ixzz49vfPlbqO