Algunas consideraciones sobre El Bala

Fuente: Propia
Autoría: Elisa Medrano Cruz
Fecha: Domingo, 22 Enero 2017

Lo que pienso de mi visita al estrecho del Bala
“Callar es lo mismo que mentir”. Ése es el legado del padre Luis Espinal, muerto precisamente por haber difundido la verdad a través del Semanario Aquí. Y siguiendo ese precepto voy a dedicar unas palabras a la construcción del Proyecto Hidroeléctrico El Bala, en el norte de La Paz.


Durante su discurso por los 11 años de gestión de Gobierno, el presidente Evo Morales abrió la posibilidad de consultar a la población respecto a la edificación de esa represa.
Al respecto, quiero hacer las siguientes consideraciones. El Proyecto Hidroeléctrico El Bala, como ya todos sabemos, tiene dos componentes, el primero de ellos se ubicará en el estrecho del Chepete y el segundo en el estrecho del Bala, a 70 kilómetros (km) y 13,5 km aguas arriba de las poblaciones de San Buenaventura (La Paz) y Rurrenabaque (Beni), sobre el río Beni, respectivamente.
De acuerdo a información oficial, en el caso del Chepete, la pared de la presa tendrá una altura de 183 metros, con una base de 100 metros y un ancho en la coronación de 324 metros. Producto de esta obra se generará un embalse que alcanzará un máximo 680 kilómetros cuadrados (km2). Si bien en el estrecho del Bala, como ya lo dijeron reiteradamente autoridades del Ejecutivo, no habrá una represa como tal, sí una sobreelevación, producto de la cual se prevé una acumulación de agua en 93 km2.


Preocupa la sobreelevación en el estrecho del Bala. ¿Por qué? porque el agua que se anegará en los 93 km2, que equivale a una quinta parte de la mancha urbana del municipio de La Paz (472 km2), dejará bajos las aguas al menos a cinco pueblos: Sani, la Emboscada del Quiquibey, Charque, Asunción del Quiquibey, ubicados en la Reserva de la Biósfera y Tierra Comunitaria de Origen Pilón Lajas, y Torewa, en el área del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi (La Paz). Por ello se prevé la reubicación de unas 2.000 personas.
En esta zona, de acuerdo a un mapa oficial de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE), el agua que se acumulará llegará hasta las intersecciones de los ríos Quiquibey y Tuichi. A orillas de este último hay 14 emprendimientos ecoturísticos que también quedarán bajo las aguas, igual que los 20 años de esfuerzo que tomó, a los indígenas, el poder levantarlos.
Los originarios que habitan en la zona ya conocen esta realidad, es por ello que se oponen al proyecto. Cuando visité la zona, en agosto de 2016, vi esa preocupación y esa incertidumbre de cerca. Navegué por el río Beni y durante una jornada visité las cinco comunidades y conversé con sus pobladores, entre ellos, mosetenes, chimanes, entre otros indígenas. Sani es la más cercana al estrecho del Bala, está a escasos diez minutos en bote, mientras que la más alejada, que está a unas tres horas de navegación, es Torewa.


Y la preocupación de los indígenas no es para menos. Primero, el único medio de transporte entre sus poblados y los municipios de San Buenaventura y Rurrenabaque es el río Beni, por ello no saben cómo se irán a trasladar cuando el afluente solo sea navegable aguas abajo de esas poblaciones, como está previsto. Y se preguntan, si hacen caminos para el transporte terrestre, quién irá a invertir en vehículos automotores para garantizar su traslado.
Más todavía. Esas personas perderán sus casas y cultivos. Con respecto a los sembradíos, suelen aprovechar las playas que deja a su paso el río Beni, pero temen que cuando el agua solo se acumule no tengan donde sembrar
Pero además se verá afectada la fauna y la flora. Y ello no es cuento de las organizaciones ambientalistas, que por cierto, para agosto, ninguna había ido por la zona, es más, los originarios desconfían de ellas. Los indígenas explicaron de su convivencia con la naturaleza. Ya conocen en qué épocas del año y por dónde irán las manadas de chanchos de monte. Saben dónde están los marimonos, los wasos (venados), jochis, antas (tapires) taitetú, entre otros. Por experiencia, saben que el comportamiento de los animales cambia y que éstos migran a otras zonas. Por ello aseguran que tendrán que ir a cazar a lugares más alejados y tendrán que volver a identificar dónde encontrarlos.
Recordaron que en alguna ocasión bloquearon el paso por el río Beni, con cuerdas, y no dudan en hacerlo de nuevo.
Es un poco de la realidad que vi durante mi corta visita a esas cinco comunidades.

Elisa Medrano Cruz, periodista*