
Por: Fernando Eguren
En el Perú el desarrollo rural como un tema específico no ha sido parte de la agenda política de los sucesivos gobiernos hasta muy recientemente, y esto, de manera muy modesta. Después de la reforma agraria de 1969-1975 que eliminó latifundios y las relaciones semifeudales, las políticas gubernamentales se orientaron, particularmente después del restablecimiento de la democracia electoral en 1980 y la adopción de políticas neoliberales en los años de 1990, a una contrarreforma basada en la promoción de una moderna agricultura de exportación en la costa peruana, que hoy alcanza las 100 mil hectáreas bajo riego. Este ha sido un empeño exitoso, pues efectivamente las exportaciones agrícolas peruanas no tradicionales pasaron de 275 millones de dólares en 1995 a alrededor de 1.600 millones en el 2008. En contraposición, la pequeña agricultura comercial y la agricultura campesina, que abastecen de manera principal el mercado interno, han quedado marginadas de las políticas públicas, a pesar de que en términos cuantitativos, la pequeña agricultura en el Perú es absolutamente dominante.










