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Los pequeños productores bolivianos han logrado consolidar su presencia en las compras públicas como efecto de una demanda no centralizada o de alcance nacional, según algunos resultados del “Proyecto Andino Mercados Campesinos”. Las compras localizadas son eficientes, requieren productos locales y logran respuesta de los pequeños campesinos.

En el marco del Convite: Proyecto Andino sobre mercados campesinos: principales conclusiones temáticas y del proceso de articulación interinstitucional para la investigación, convocado por Agrónomos y Veterinarios sin Fronteras (AVSF) y el Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS), el responsable regional del proyecto Pierril Lacroix, describió algunos logros de tres años de investigaciones, intervención y acompañamiento a productores desde la capacitación en Bolivia, Ecuador y Perú.

La experiencia muestra que en Bolivia se ha consolidado la provisión de alimentos a distintas entidades públicas: están el caso de la provisión del plátano para el desayuno escolar (Bana Beni, empresa de acopio, maduración y venta del banano orgánico en Alto Beni), la provisión de miel y de productos para el subsidio de lactancia.

Lacroix explica que la compra pública localizada permite abrirse a productos de la región y en cantidades razonables, frente a la dinámica de compras nacionales que a través de sus concursos, subastas o compras inversas requieren “cantidades astronómicas” del producto, en plazos cortos, imposibles de cumplir para los productores locales.

La situación es completamente distinta en el Perú y Ecuador, donde la demanda de la entidad nacional entregada a los productores incluye tanto sus productos como mercancías manufacturadas (papel higiénico) o que se producen fuera del país. Es un paquete completo de demandas que se adjudica un mismo proveedor; ergo, los pequeños campesinos quedan en desventaja.

Otro factor que ha impedido dinamizar la economía de los pequeños productores mediante las compras públicas es la noción del súperalimento que se instala en algunas administraciones de gobierno; como el arroz fortificado demandado en Ecuador o la súpergranola en Perú, productos que sólo pueden ser procesados a través de la actividad industrial. Por último está el nivel de institucionalidad, distintos criterios entre carteras de salud, educación y agricultura pueden dificultar la apertura a la agricultura a pequeña escala, así como los niveles de independencia que se otorgan a los gobiernos locales (municipios, etcétera).

Bishelly Elías, de AVSF, explicó que los estudios mostraron que el Estado en el mercado tiene tres grandes roles: a) como consumidor (desayuno escolar, ejemplo), el objetivo es que se convierta en un consumidor responsable; b) como promotor de ferias y mercados, se espera que promueva también servicios financieros, acceso a capital, servicios, logística y transportes y c) como comercializador, se espera que no se convierta en competencia para los pequeños productores, por ejemplo a través de Emapa o Insumos Bolivia. 

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