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Paraguay es escenario de diversos conflictos ambientales con proyectos que ponen en riesgo a las comunidades indígenas y los recursos del país para su propio desarrollo, pese a ser uno de los países con mayor índice de pobreza de la región.

La expansión de la soja transgénica se ha convertido en una verdadera amenaza para el Paraguay. Esto según investigaciones del Centro BASE-IS que estudia los problemas en zonas rurales.

Según el organismo estos cultivos se ha convertido en una forma moderna de expulsión de las comunidades campesinas – indígenas, porque cada vez requieren de más tierras, contaminan los demás cultivos y el agua, con el uso de agro-tóxicos.

El investigador de BASE, Guillermo Ortega, explicó cómo se produce este desplazamiento: “Han utilizado casi tres millones de hectáreas para producir casi 9 millones de toneladas de soja transgénica. Eso significa que 84% de las tierras destinadas al cultivo agrícola para alimentación se están utilizando en esto, y casi el 16% solamente está quedando para la producción de alimentos”.

Ortega afirmó que antes en su país había ocho millones de hectáreas de bosque, y hoy, a raíz de esta situación, sólo un millón, por lo que proyecta que éstos se extinguirán en no más de 10 o 20 años.

Esto generará una concentración extrema en las ciudades, las que, afirmó “no están en condiciones de aceptar tanta gente”. Esto es más preocupante cuando en Paraguay no hay regulación para la producción, solo para el consumo humano.

Otro tema que preocupa a los paraguayos es el proyecto de aluminio Rio Tinto Alcán. Esto porque ese país no produce aluminio, no tiene materia prima, ni el mercado, es un país subterráneo, y además, no tiene salida al mar.

En este sentido, Camila Burgos del movimiento No a Río Tinto, se refirió a la real motivación de la empresa: “Nos preocupa y decimos por qué Río Tinto quiere venir a Paraguay, y es lógico, es por nuestra energía eléctrica a precios por debajo del costo. Eso significa que nosotros tenemos que pagar la diferencia. No solamente quieren pagar poco, sino que también está pidiendo una infraestructura que sería como mil millones de dólares en puertos, caminos, cables de transmisión, que sólo la industria va a poder usar, sólo Red Tinto va a tener esa prioridad y nosotros decimos que el Paraguay falta Educación, falta Salud, muchas cosas para que nos estemos endeudando, porque es un dinero que no tenemos para cumplir esas condiciones”.

La ambientalista recordó que en Paraguay se encuentra la represa hidroeléctrica Itaipú, proyecto binacional que se ubica también en Brasil. Pero además de utilizar esta ventaja, Rio Tinto Group pretende nulidad de impuestos pone una serie de exigencias al gobierno, el que está dispuesto a reducir sus precios a la compañía y con ello perder casi 150 millones de dólares al año.

La joven afirmó que además, en Paraguay hay muy poco control ambiental y que la empresa tiene un negro prontuario. Según calcula, Río Tinto dejaría 3 mil 100 toneladas de residuos en gases al día y, pese a la magnitud de su impacto ambiental, la empresa ni siquiera se preocupa de explicar cómo van a revertir ese daño.

Por estas razones es que la comunidad se ha movilizado y ha ido creciendo, llevando su testimonio a todos los rincones, exponiendo en el seminario “Megaminería: Resistencias y Alternativas para América Latina” que organizó la Fundación Rosa Luxemburgo y se desarrolló en Sao Paulo, Brasil.

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