Técnicos del Senave calculan que se utilizan 8 litros del herbicida  Round Up por hectárea producida por la Monsanto para las semillas trasgénicas. Para la última zafra se  cultivaron 3.200.000 hectáreas. Un volumen que contamina agua, aire, tierra y personas.  

La zafra sojera que se inició en octubre del año pasado fue la que más litros de agrotóxicos consumió en lo que va del cultivo de la soja trasgénica en el país, el que se inició con fuerza a comienzo de 1990, estimulado por la disparada del precio de este grano en estado natural en los mercados internacionales.

Según los cálculos formales tanto del Estado como de los gremios de productores de soja, publicados por los medios del país, en el 2013 fueron cultivados 3.200.000 hectáreas, de los cuales alrededor del 98% son de semilla trasgénica producida por la multinacional norteamericana Monsanto.

En el informe elaborado por el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave) en el 2010 se lee que -según sus técnicos- por cada hectárea de cultivo de soja transgénica del tipo RR, se requiere un promedio de 8 litros del herbicida denominado Round Up, la que contiene la sustancia química llamada glifosato.

Si multiplicamos la cantidad de hectáreas de soja cultivada para la zafra 2013-2014 calculada por Capeco y los demás gremios de las soja  por la cantidad de litros de glifosato (8) que se usa para cada hectárea de cultivo, tenemos que en los sojales se derramaron 25.600.000 de litros de agrotóxicos. La semilla de soja del tipo RR, producida por la trasnacional Monsanto, puede ser tratada solamente con el glifosato, que también es producida por esta trasnacional.

Una de las tantas investigaciones realizadas sobre los herbicidas basados en el glifosato, en el 2011, fue coordinada por el científico Andrés Carrasco, jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la Universidad de Buenos Aires. El resultado de sus investigación concluye que los “Herbicidas basados en glifosato producen efectos teratogénicos en vertebrados interfiriendo en el metabolismo del ácido retinoico”.

También, señala que los resultados obtenidos con anfibios son extrapolables a los humanos porque todos los vertebrados desarrollan un proceso embrionario común que empieza a diferenciarse recién cuando el embrión se encuentra en una etapa avanzada de formación y también porque somos tan animales como cualquier otro animal. Esta investigación arroja que el glifosato afecta la formación del embrión humano ocasionando deformaciones.

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