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Hoy se celebra en algunos países, como Argentina, el día de la Energía. Es una fecha importante para reivindicar un cambio de modelo energético, que tenga más en cuenta la eficiencia energética y apueste por las energías renovables.

Argentina apuesta a la generación de energía no contaminante al entrar en la era de las energías limpias se contribuye a la reducción de gases que provocan el efecto invernadero, ya que la utilización de combustibles fósiles es una de las mayores causales de concentración en la atmósfera. Otros aportes son el mejoramiento de las condiciones de la salud pública y la diversificación de la matriz energética nacional, informó  Arnaldo Visintin, investigador del Conicet en el Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (Inifta-Universidad de La Plata).

Es un tema que compromete a todo el planeta, ya que el aumento en la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, como ocurre con el dióxido de carbono (CO2), es un tema que genera preocupación por el calentamiento global.

La energía eléctrica juega un rol importante en la emisión de dióxido de carbono (CO2). La producción de esta energía es de 18.000 terawatt-hora (o sea un trillón de watts o mil gigawatts), y comprende el 40 por ciento del total de energía producida. Para producirla se emiten anualmente 10 gigatoneladas de CO2. Este es el motivo por el que la comunidad científica tiene como objetivo imprescindible el desarrollo de energías alternativas.

”La energía hidroeléctrica, la fisión nuclear, la energía de la biomasa, la eólica y la solar, y actuales técnicas para capturar y almacenar el dióxido de carbono, son alternativas basadas en recursos renovables que no comprometen al medio ambiente”, explicó Visintin.

Pros y contras

La energía hidroeléctrica tiene diez veces más potencia que la geotérmica, solar y eólica juntas.“Si bien esta energía presenta la ventaja de no requerir combustibles ni demandar costos de extracción y transporte, las represas demandan grandes reservorios y extensas áreas, necesitan mucha planificación y la reubicación de miles de personas. Por otra parte, las represas van acumulando sedimentos, que al entrar en descomposición producen metano y CO2 en una proporción que puede ser peor que la energía fósil que ahorran”.

La energía eólica, obtenida del viento, creció en los últimos años. “En enero de 2008 la capacidad instalada fue de 94 GW, y si continúa con un crecimiento del 21 por ciento según está previsto, será el triple en los próximos 6 años”, aclaró el investigador.

Los costos de instalación - turbinas y líneas de transmisión- la hace competitiva con el carbón en pequeñas escalas, y no necesita combustible. Pero al depender de una circunstancia intermitente, como el viento, no se pueden cargar las redes eléctricas con más del 20 por ciento del total de la potencia.

Otra fuente inagotable es la energía solar. Las plantas, para realizar el proceso de fotosíntesis, sólo aprovechan el 1 por ciento de la radiación del área expuesta a la energía del sol. Hoy los paneles solares comerciales llegan a convertir del 12 al 18 por ciento de esa energía en electricidad (algunos llegan al 20 por ciento).

En los últimos años esta industria creció y se abarataron los costos. Pero las horas de oscuridad hacen que esta energía deba estar sujeta a algún tipo de almacenamiento en baterías. Las de mayor densidad de energía son las baterías de litio.

Para Visintin, la solución para nuestro país está en la combinación de todas las energías, incluso la nuclear. Y es que los 439 reactores que funcionan en la actualidad tienen una capacidad de 370 gigawatts y contribuyen con el 15 por ciento de toda la energía.

Esta tecnología demanda un costo elevado, directamente proporcional al tipo de reactor utilizado.

“La energía nuclear utiliza uranio como combustible, y hay unos 5,5 millones de toneladas de reserva a un costo de extracción de unos 130 dólares por kilogramo. Si se usan unas 66.500 toneladas anuales de uranio, resta combustible para unos 80 años más”, calcula el investigador.

Pero aún no hay solución al problema de las cenizas radiactivas acumuladas durante los últimos 50 años y las que se generan día a día. Además, las plantas son posibles blancos para atentados terroristas y han demostrado no ser inmunes a accidentes que siempre acarrean terribles consecuencias, como la catástrofe de Chernobyl de 1986.

Por último, pero no menos importantes, están los recursos forestales y agrícolas.

La biomasa fue la primera fuente de energía de la humanidad y hasta el siglo veinte la más abundante. Aun hoy es la segunda después de la energía fósil. Estos recursos pueden ser usados mediante su combustión directa o su transformación en combustible -biogás, bioalcohol, etc. El costo es comparable al del combustible fósil. La capacidad depende de la tierra y el agua disponibles, y la eficiencia de la fotosíntesis, así como del almacenamiento de la energía solar como enlace químico. Esto le reporta ventajas respecto a otras fuentes de energía renovables.

Una de las contras del uso de los recursos forestales y agrícolas se basa en problemas éticos a los que llevó la dualidad comida-energía.

“Es indudable que debe privilegiarse la alimentación, por lo que el sentido común impone que los desechos de las cosechas se usen como fuente de energía, pero sólo en pequeña escala”, concluyó Visintín.

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