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La Corte de Apelaciones de Chillán ordenó a Monsanto pagar 13 millones 500 mil pesos (US$ 24.300), por incumplir un contrato en cuanto a la venta de sus semillas híbridas de melón braco, en su lugar crecieron otras variedades.

La justicia civil chilena determinó que la empresa Monsanto deberá pagar una indemnización al agricultor José Riquelme, por venderle semillas no correspondientes al sello.

La Corte de Apelaciones de Chillán ordenó a Monsanto pagar 13 millones 500 mil pesos (US$ 24.300),  por incumplir un contrato en cuanto a la venta de sus semillas híbridas de melón braco, informó La Tercera el 5 de julio. En su lugar crecieron otras variedades.

En sus declaraciones, Riquelme reveló en mayo una realidad que viven los campesinos chilenos al perder sus cultivos tradicionales. En relación a este hecho, el presidente de la Asociación Gremial BioBio Orgánico, Guillermo Riveros, explicó que esta pérdida ha sido inducida por las autoridades y el Gobierno, a través de INDAP (Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario), y PRODESAL (Programa de Desarrollo Local), según declaraciones a Lucía Sepúlveda divulgadas por El Ciudadano.

“Yo demandé a Monsanto pensando en todos los agricultores. Lo que ocurre hoy es que los campesinos hemos perdido nuestras semillas originales y estamos obligados a comprarle a Monsanto (Seminis). Yo sé que si siembro melón Cantalupo, que es una variedad de acá, nuestra, voy a cosechar melón cantalupo. En cambio si siembro un híbrido de Monsanto, no sé si la variedad va a ser la que dice el envase. La empresa no se responsabiliza por los resultados de las semillas que vende”, dijo Riquelme.

Guillermo Riveros, indicó a la periodista que se trata de una “conducta reiterada de esta empresa, y Monsanto  apenas resarce el costo de la semilla. Todos los agricultores deberían tener la certeza de que lo que están comprando corresponde a lo que necesitan”.

El gremialista destacó que “si esto le pasara a Monsanto con un agricultor  de un país del norte global, el trato sería otro”.

“Nos están dando un trato de país tercermundista. Los controles de calidad en este caso no los aplican, no les importa. Yo vi el fruto de esa semilla que plantó Riquelme y era muy diferente al Braco. Lo ocurrido es un llamado a que los agricultores defiendan sus derechos si les pasa algo similar”, dijo Guillermo Riveros.

En relación a las semillas convencionales explicó que “la mayoría de los productores de cultivos convencionales, antes guardaban su propia semilla. Pero hace ya décadas que el Estado, a través de INDAP y los PRODESAL, organismos que tienen como misión apoyar la agricultura familiar campesina, le indican al productor qué semilla tiene que comprar, dónde y a qué precio. INDAP los subsidia pero los ‘amarra’ al paquete tecnológico, o sea, a la semilla híbrida (“mejorada”) que  va acompañada de un plaguicida para el plan de manejo que el agricultor tiene que cumplir“.

El temor que existe hoy entre los agricultores chilenos es que ”si alguien compra a Seminis/Monsanto semillas híbridas de maíz, raps, soya, remolacha o zapallo, esas semillas podrían venir contaminadas con transgénicos de esos cultivos, sembrados para exportación de semillas en Chile”, agregó el gremialista.

Al respecto, el país tiene experiencias de semillas de maíz, e incluso de miel, devueltas desde Europa por trazas de transgénicos.

En este sentido Riveros acusó al Servicio Agrícola Ganadero (SAG), organismo del Estado, ya que “no está protegiendo la semilla convencional. No sabemos si esa falta de control es generalizada y si fuera así, los cultivos orgánicos, agroecológicos y convencionales de  maíz, soya, raps, remolacha, zapallo o cártamo, especies de las cuales ya hay cultivos transgénicos en Chile, así como los cultivos de los parientes silvestres de esas especies, podrían estar siendo contaminados por las variedades transgénicas mencionadas”.

En el Senado quedó pendiente la Ley de Obtenedores de patentes de semillas promovida por la actual presidente Michelle Bachelet y el gobierno de Sebastián Piñera. Si se firma la ley, el peligro para los agricultores – entre otros-es que Monsanto tendría más derecho a demandarlos porque en sus cultivos hay semillas transgénicas.

Fallido debut como exportador

La demanda de José Riquelme se trató de un hecho que sucedió en octubre de 2003, cuando firmó un contrato con una empresa francesa de venderle 12 mil cajas de melón verde de 10 kilogramos como mínimo de peso cada una, informó La Tercera.

El agricultor compró las semillas Monsanto de melón braco, y a los tres meses vio que era una variedad distinta, no comercializable. Monsanto le reembolsó US$ 15.000, pero Riquelme reclamó las pérdidas, informó La Tercera.

“He recibido llamados solidarios desde distintas regiones desde que se conoció mi demanda, y me alegra porque yo quiero que todos los campesinos chilenos sepan que no pueden confiar en Monsanto. Esta empresa en el juicio desconoce su responsabilidad porque yo no le compré directamente a ellos sino a su distribuidora. ¡Eso es absurdo! Todos los agricultores que compran semilla ‘mejorada’ o certificada lo hacen a distribuidoras, confiando en la marca de esas semillas, que en este caso es de Seminis/Monsanto”, comentó José Riquelme a Lucía Speúlveda.

El agricultor estafado hizo una demanda de 170 millones de pesos chilenos y recibió algo más de 13 millones. Con cheques protestados por las pérdidas había quedado incapacitado de continuar trabajando como productor agrícola. Además del gasto en las semillas, él señaló que había invertido en arriendo del predio y de un packing; en riego por goteo, mulch, guano rojo, control biológico de malezas y mano de obra. Un informe técnico cifró las pérdidas en 70 millones de pesos con 98% de falla de la variedad Braco,  y la empresa francesa replicó que por el no envío de los melones su pérdida alcanzaba a 120 mil euros.

Riquelme viene de una familia de agricultores, que sembraban cebolla, maíz y remolacha. Cuatro años después del desastre del melón braco y su fallido debut como exportador, está plantando cebollas cuyos plantines vende a otros productores orgánicos.

“Chile debería ser orgánico 100%, y sacaría los mejores precios por su producción de alimentos”, sostuvo Riquelme.

Hoy el agricultor está autocapacitándose  en métodos de producción agroecológicos que no dañan al medio ambiente. Una producción orgánica usa semillas certificadas, que no han sido desinfectadas con substancias químicas.


 

Por Francisco Aviles

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