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La empresa transnacional empezó a construir una de sus plantas más grandes del mundo en el humilde barrio “Malvinas Argentinas” de la ciudad argentina de Córdoba. Pero las vecinas y vecinos tenían otros planes de vida. Y pelearon para hacerlos cumplir.

BASE IS habló con una de las madres de esta lucha.

Esther Quispe (47) es madre de tres hijos y abuela de un niño de tan solo meses. Ella es una de las vecinas de la comunidad que se informó, se encontró y movilizó para revertir el proyecto que una de las empresas de agronegocio más poderosas del mundo tenía en su vecindario.

Participó hasta ayer del seminario “Agronegocios en el Cono Sur, resistencias y alternativas”, organizado por la Fundación Rosa Luxemburgo, Serpaj Paraguay y Base Investigaciones Sociales.

“Éramos fumigados y no sabíamos”

El barrio “Malvinas argentinas” se ubica dentro de Córdoba en Argentina, a tan solo 15 kilómetros del centro de esta ciudad. Sus casas las ocupan unas 15mil personas, la mayoría de ellas con pocos años de escolaridad.
Históricamente esta comunidad fue conocida como el cordón verde de Córdoba, por sus chacras, huertas y quintas que proveían de frutas, hortalizas y verduras a las mesas familiares de la región.
En 1995/1996 llegó al lugar el plantío de la soja transgénica y empezaron a desaparecer estos colores, para convertirse ante los ojos en monopaisaje, a la velocidad del “progreso”.
“Yo vine al barrio en 1981 y lo recuerdo bien. En los 90 nosotros sentíamos que caía como una llovizna y creíamos que estaba lloviendo. Pero había sido eran las fumigaciones que hacían los sojales desde las avionetas. Éramos fumigados y no los sabíamos”, relata Esther.

Se enteraron del proyecto por la tele

A mediados de 2011 pobladoras y pobladores del barrio se enteran por tevé y de boca de la presidente argentina Cristina Fernández que en el barrio se establecería la mayor planta de la empresa Monsanto del mundo, que se dedicaría a la clasificación de semillas.

La mandataria se encontraba entonces a miles de kilómetros del lugar, nada menos que en la bolsa de valores de WallStreet. La comunidad encuentra que tanto el municipio y la provincia habían expedido sendos documentos de autorización a la empresa en los primeros meses de aquel año, pero el barrio ni estaba enterado. Esto a pesar de que ley argentina habla de audiencias públicas vecinales para este tipo de emprendimientos.“Nos sentimos que el intendente-Daniel Arzani- nos vendió”, dice Esther.

“Monsanto era mucho más grave de lo que nos dijeron”

Entonces las vecinas y vecinos empiezan a parar la oreja y a tratar de informarse de qué era Monsanto. Golpearon las puertas de algunos vecinos que tenían algo de información.
Se les ocurrió recurrir a los pocos jóvenes del lugar que estudiaban en la universidad regional, quienes extendieron la invitación a docentes. Vinieron al barrio médicos, agrónomos, abogados, biólogos y las informaciones que recaudaron fue crucial para los siguientes pasos.
“Monsanto era mucho más grave que la poca información que estaba llegando a nuestras manos”, explica la referente.

 Marchas, sensibilización, bloqueos y acampe

Desde ahí empiezan las reuniones permanentes y la definición de las acciones conjuntas, que supieron vencer la escasa experiencia organizativa que tenía el barrio, también el fuerte asistencialismo/clientelismo que lo aprisionaba y que se hizo sentir a través de amanezas permanentes del entonces intendende y otras autoridades políticas.
Empezaron las primeras movilizaciones y marchas por el barrio y en la ciudad de Córdoba, juntando en algunos casos hasta 6 mil personas. La causa fue alimentada por muchas organizaciones sociales, ambientalistas, estudiantes, profesionales, comunidades vecinas.
En este tiempo empezó la construcción de la planta de Monsanto y la decisión vecinal de impedirla. La gente dio un paso adelante y decidió -además de las marchas, visitas y acciones de sensibilización- acampar frente a la construcción y bloquear el acceso, impidiendo el ingreso de camiones, materiales de construcción y otros insumos.

“Disculpen las molestias, estamos bloqueando un genocidio”

Sufrieron en total seis grandes represiones. Cuatro de ellas fueron realizadas por la policía frente al campamento, una de ellas en connivencia con una patota de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina(UOCRA). Otras dos represiones se dieron frente al edificio municipal.

Esta violencia dejó  decenas de heridos y heridas, no obstante el vecindario siguió resistiendo y bloqueando el acceso. Y sus banderas quedaron firmes. Una de ellas decía “Disculpen las molestias, estamos bloqueando un genocidio”.
En medio de todo esto crecía la solidaridad con el barrio a nivel nacional e internacional. En el campamento frente a la obra de Monsanto llegaron personalidades como el embriólogo recientemente fallecido Andrés Carrasco, el cantante francés Manu Chao, la activista de madres Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas.

El Papa Francisco dio su apoyo al barrio sacándose fotos al lado de una remera de la causa y firmándola posteriormente, durante una entrevista con un legislador argentino en El Vaticano.

Problemas de salud

Uno de los pedidos concretos que el barrio hizo a la municipalidad fue un diagnóstico de la salud de pobladoras y pobladores, a partir de la extracción de sangre, para saber en qué condiciones estaban antes de la venida de Monsanto al lugar. El intendente los hechó del lugar con violencia, explica Esther.

Antes de esto gracias a la autogestión, el vecindario hizo un trabajo similar casa por casa, donde saltaron informaciones valiosas.

Con esos insumos trabajaron para sensibilizar, mostrando los índices de malformaciones, cánceres, leucemias, abortos no deseados, hipertensión, enfermedades respiratorias, que  en el lugar vinculan a las fumigaciones sojeras locales.

7 de cada 10 vecinos tienen veneno en la sangre

También por cuenta propia lograron atraer la atención de la institución alemana Grassoots, el labratorio Cenatoxa y la cátedra de Toxicología y Química Legal de la Universidad de Buenos Aires.
Con el dinero que consiguieron realizaron la extracción de sangre a 10 personas de distintas partes del barrio de manera aleatoria y la analizaron. Gente de entre 7 y 53 años de edad. Lo que salió alarmó a la comunidad. De las 10 personas, siete tenían agroquímicos en sangre, la mayoría de ellos químicos ya prohibidos en todo el mundo como el Aldrín, el

Dieldrín y otros como DDT y Beta HCH.

Las tres personas restantes puede que no tengan en la sangre algunos de éstos químicos, puede que tengan cantidades que no registran los aparatos utilizados o que no tengan estos pero sí otros químicos que no fueron buscados en esta muestra.
Para fines de este mes de agosto, comenta Esther, una muestra mayor será aplicada a 100 vecinos y vecinas para ampliar la investigación del estado de salud de la gente del lugar, todo gracias a la autogestión y organizaciones de la sociedad civil.

Triunfo judicial del vecindario

Cuando a Esther le preguntamos por lo que consiguió el vecindario, ella empieza a dividir la lucha para explicarla mejor. Cuenta que hubo dos etapas, la primera fue la de cortes, acampe y bloqueo del acceso a la planta en construcción. Mientras esto pasaba, un amparado judicial por ellos y ellas planteado recorría los circuitos judiciales de Argentina.
La segunda etapa empieza el 8 de enero último, cuando una sala judicial resolvió dar lugar al amparo. De esta manera frenó legalmente las obras de la planta hasta conocer el fallo de una comisión interdisciplinaria de la secretaría del Ambiente, que en ese momento analizaba el estudio de impacto ambiental presentado sobre la obra.
Un mes después, esta instancia rechazó el estudio ambiental argumentando que  no cumplía con los requisitos básicos de gestión integral de residuos.

“La Comisión evaluó que la documentación respaldatoria es insuficiente, reiterativa y sin profundidad técnica necesaria para responder adecuadamente a los condicionamientos cursados”, se leía en sus conclusiones.
En abril Monsanto volvió a sufrir otra derrota, cuando otra instancia de la justicia le rechazó un recurso de casación que pedía anular la primera resolución y dirimir el asunto ante el Tribunal Superior de Justicia argentino.
La planta, hasta ahora, quedó por los cimientos.

“Malvinas lucha por la vida”

De este proceso de tres años, que le acarreó muchos sinsabores, persecuciones y hasta la pérdida de su trabajo en docencia, Esther rescata para futuras experiencias similares que ella aprendió a “salir”, salir a las calles, hacerse ver. “Si abandonás la calle, la lucha se cae” , remata.

Pero volviendo a las primeras reniones, recuerda que el primer acuerdo entre vecinos y vecinas  fue en torno al nombre de la articulación. Unánimemente pensaron en “Malvinas lucha por la vida”.
“Animarnos a salir fue una cuestión de decisión. Es decidir qué es lo que voy a hacer. Si me quedo en mi casa a mirar que las cosas pasen, o a comprometerme con esta lucha, a comprometerme con los demás, a comprometerme con la vida de mis hijos”, dice.

“Y cuando en medio de esto te enterás que vas a ser abuela- sigue pensando- te das cuenta de que esto vas más allá… llega a mi nieto y a todos aquellos niños que aún no han nacido. O todas aquellas niñas que quizás nunca van a ser madres”


APOYO BIBLIOGRÁFICO:

http://www.lavoz.com.ar/politica/reves-judicial-para-monsanto-hasta-que-este-el-estudio-de-impacto-ambiental

http://www.lavoz.com.ar/politica/rechazaron-el-estudio-de-impacto-ambiental-de-monsanto-en-malvinas-argentinas

http://www.cba24n.com.ar/content/nuevo-reves-judicial-contra-monsanto-y-malvinas-argentinas

TEXTO Y FOTO: Jorge González S.

 

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