Artículos de opinión

Aporte de las mujeres rurales

Mónica Novillo G.

Domingo, 19 Noviembre 2017

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Mientras algunos especialistas afirman que el modelo productivo argentino ha traído cosecha e ingresos récord, otros sostienen que tiene efectos adversos en el medio ambiente y va en desmedro de productores y empresas nacionales

En los últimos 20 años, tras producirse un cambio sustancial en el modelo productivo argentino -debido a la incorporación de biotecnología- se suscitaron diferentes debates por los impactos que trajo aparejado en la sociedad, los ingresos del país y el medio ambiente.

Los productores agropecuarios, quienes se vieron beneficiados con el modelo, más otros partidarios de la biotecnología, afirman que fue positivo para la economía argentina y para las tierras, principalmente por los altos rendimientos sobre los cultivos y por el control de las malezas en forma económica, entre otros factores.

Por otro lado, el acelerado avance de la agricultura sobre las tierras* -especialmente la siembra directa en su forma más común de soja transgénica- ocasiona una fuerte resistencia, principalmente, por parte de ambientalistas y profesionales de la salud por los problemas que ocasiona este modelo -según exponen- en el medio ambiente y en la salud de las personas.

El desarrollo de la biotecnología para aumentar los rendimientos -a través de la manipulación de organismos vivos- es uno de los factores determinantes de este nuevo modo de siembra, que a su vez según los expertos, necesita del uso de químicos cada vez más potentes para utilizar como plaguicidas o herbicidas por la resistencia que los organismos modificados genéticamente (transgénicos) adquieren.

Si bien el debate tiene muchas aristas, uno de los principales cuestionamientos es si Argentina no ha perdido con ello su soberanía alimentaria, un nuevo paradigma que surgió durante la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en el año 1996, con el propósito de que cada pueblo tenga la facultad de definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a los objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria, dando prioridad a las economías locales y mercados locales y nacionales.

La Gran Época estableció un contrapunto entre distintas posturas, involucrados y expertos en el tema para darle más luz a este conflicto que enfrenta sectores e intereses, tanto en Argentina como en el mundo.

*24,4 millones de hectáreas cultivadas comercialmente en 2013 en Argentina entre soja, maíz y algodón, según la Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola (Agro-Bio) 

LGE: ¿Cómo considera que se debe balancear el incremento de las cosechas (por ejemplo de la soja) sin perder la soberanía alimentaria?

Ingeniero Agrónomo Carlos Toledo (Facultad de Ciencias Agropecuarias - Universidad Nacional de Entre Ríos)

Entiendo que son cuestiones que van por carriles separados. Por un lado la soberanía alimentaria debe ser un objetivo a lograr liderado por los gobiernos y acompañado fuertemente por toda la comunidad, ya que es lo que permite que nuestro pueblo pueda disponer de cantidad y calidad de alimentos.

Respecto al incremento de las cosechas surge como consecuencia del avance de la tecnología y consecuentemente con el incremento de los rendimientos. Si se analiza en un período determinado se verá que la superficie asignada a la producción de granos ha tenido un leve incremento, sin embargo los rendimientos han visto un marcado aumento producto de la tecnología aplicada a los cultivos. Creo que esto es positivo y que no va en sí mismo en contra de la soberanía alimentaria. Por supuesto que esto debe realizarse en el marco de un sistema de producción sustentable que no afecte a la comunidad de modo negativo. En conclusión, estoy de acuerdo en la producción sustentable, diversificada que permita generar bienestar para toda la comunidad y favorezca el crecimiento y desarrollo regional. Creo que se pueden generar políticas en este sentido y es el desafío de los tiempos por venir.

Farmacéutico Carlos Vicente (Editor del portal web Acción por la Biodiversidad

No hay manera de lograr un balance pues el incremento de la superficie cultivada con soja desplaza necesariamente otras producciones, destruye los ecosistemas y los suelos, desplaza a los agricultores de los territorios y produce una grave contaminación incompatible con otras producciones.

Lo que es necesario plantearse tarde o temprano es como iniciar una transición hacia una producción agroecológica orientada en primer lugar a la Soberanía Alimentaria y aquí el primer paso es desmontar el poder corporativo y sus influencias políticas que sostienen el modelo sojero.

LGE: ¿Qué cambios trajo el gran avance – en los últimos años- de la biotecnología en Argentina? ¿Le parece que fue positivo para la economía argentina?

CT: Considero positivos los avances aportados por la biotecnología, en la verdadera dimensión de esta práctica que ha colaborado, junto con la mayor utilización de los agroquímicos, en el incremento de los rendimientos. Respecto al impacto en la economía argentina, sin dudas es positivo, ya que hay una mayor inyección de divisas para nuestro país. Hay sin embargo muchos temas por regular de modo que este aporte que hace la tecnología no presente externalidades negativas que pongan en riesgo el bienestar de la comunidad y comprometan el adecuado uso del suelo.

CV: El aparente "milagro argentino" de la última década basado en las altas retenciones a la exportación de soja que año a año ha permitido al gobierno argentino incrementar los programas sociales y disminuir drásticamente la pobreza generada durante la década del 90 es una terrible paradoja por tres razones:
Por un lado esos planes sociales sirven para cubrir las necesidades básicas de quienes han sido expulsados del campo por el avance de la soja y por lo tanto solo son un parche para uno de los efectos del "modelo", por otro lado estas retenciones no logran de ninguna manera restaurar los daños que con sus "externalidades" provoca el modelo en el ambiente y en la salud de los pueblos y en tercer lugar las mismas crean una enorme dependencia de los mercados globales de commodities y en el caso de que estos bajen en esos mercados, como está ocurriendo en este momento, sus supuestos beneficios se diluyen y desaparecen provocando nuevas crisis.

LGE: ¿Qué impacto tiene el uso de la biotecnología sobre los suelos y la salud de los individuos?

CT: La biotecnología como tal no ha mostrado ningún impacto negativo ni en la salud de los individuos ni en los suelos. Numerosos estudios no vinculan directamente los eventos biotecnológicos con estas cuestiones. Días atrás el gobierno alemán emitió un comunicado indicando que en 25 años de estudio no han encontrado riesgos de los OMG (Organismos Modificados Genéticamente). Por lo expuesto, considero que el impacto es positivo ya que permite un mayor nivel de producción. Un ejemplo de impacto negativo en el ambiente es el monocultivo de soja, pero esto no tiene vinculación con la biotecnología, sino está asociado a las ventajas comparativas que presenta este cultivo respecto a otras actividades productivas. Lo malo no es la biotecnología asociada al cultivo de soja, sino la monocultura.

CV: Los impactos devastadores del modelo de agricultura basada en transgénicos están ampliamente demostrados y los hemos publicado en varios documentos. Los impactos del “modelo” no reconocen fronteras entre el campo y la ciudad y se sienten profundamente en ambos espacios: las poblaciones fumigadas en los territorios rurales y en las zonas periféricas de las ciudades, los campesinos desplazados que día a día migran para engrosar los cordones de pobreza de las grandes urbes, las economías regionales destrozadas con su correlato de los altos precios de los alimentos en las ciudades, los alimentos contaminados enfermando a unos y a otros. En fin, una catástrofe socio-ambiental que hace agua por todas partes y que ya no permite “mirar para otro lado”.

Dos enfoques contrapuestos para trabajar el campo:

Ingeniero Gustavo Almassio (Miembro de la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa- Aaspresid)

En mi caso particular la soja resistente a glifosato me permitió controlar malezas difíciles en forma más económica, la inclusión del cultivo con muchos años de muy buena rentabilidad, poder tener mejores cultivos posteriores a la soja, como el caso del sorgo al tener el campo más limpio.

La biotecnología tuvo un impacto positivo al permitir la expansión de un sistema conservacionista como lo es la siembra directa, pero es más que una forma de sembrar, se necesitan además buenas prácticas agrícolas, como rotación de cultivos, fertilización balanceada, monitoreo integrado de plagas y enfermedades. Siempre hay aspectos a corregir como preservar áreas con bosques naturales y generar políticas de Estado que favorezcan la rotación y diversidad de cultivos. No es el caso de las políticas llevadas a cabo en la última década.

En la economía argentina tuvo un impacto importante. El avance de la biotecnología permitió ampliar la frontera agrícola, aumentar significativamente la producción, al ser responsable en gran parte de que se haya llegado a 100 millones de toneladas de granos, cifra que sin duda se superará. 

Vivo en el campo, hago agricultura y ganadería todo en siembra directa y considero que no hay problemas para la salud de los individuos haciendo un uso responsable de los productos aprobados.

Ingeniero Eduardo Cerdá (Asesor privado en campos agroecológicos)

El modelo actual no funciona: nuevos productos, más dosis, más frecuencia; cuando la carrera debería ser al revés: desacelerar y preguntarnos por qué están esas malezas, cómo estamos cultivando y de alguna manera ir debilitándolas, porque compiten con los mismos cultivos, por eso tenemos cultivos cada vez más débiles.

Con la transgenia y los eventos que se han logrado se busca que se solucionen problemas de los productores de soja para disminuir la competencia de malezas utilizando herbicidas, pero me parece que hay que hacerlo de otra manera porque a través de los años ha aumentado el uso de la cantidad de agroquímicos en todos los cultivos y eso nos hace pensar que no es una buena decisión.

Si antes se usaban 2 litros por cultivo y ahora se usan 8, 10 o 12 litros, quiere decir que es una tecnología que está generando cada vez más dependencia. Mi enfoque (agroecológico) es fortalecer los procesos biológicos para independizarme de todos esos insumos, que si bien están muy citados en muchas bibliografías por todos los problemas que nos están acarreando (sobre todo en la salud y en el medio ambiente), también considero que la transgenia que se está haciendo es bastante arriesgada porque cambia un poco el destino evolutivo natural de estos cultivos.

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