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La comunidad indígena de Loma Clavel, en el distrito de Itakyry –Dpto. Alto Paraná–, está rodeada de un extenso monocultivo de soja transgénica. El poblado lo constituyen 26 casitas precarias, con paredes de madera o lonas de plástico y techo de paja, donde habitan alrededor de 150 personas, la mayoría niños y niñas. 

Si bien algunas familias logran sostenerse con alimentos cultivados en sus pequeñas parcelas, solo producen variedades de legumbre, como el kumanda pytã’i, y mandioca. La gran parte de la población se lamenta porque todo el año pasan hambre: en medio del desierto de soja en que viven rodeados, no tienen qué comer.

La comunidad no cuenta con una escuela en las cercanías, por lo que casi nadie sabe leer o escribir. El puesto de salud les queda lejos, en otra localidad, y ni siquiera provee lo básico, ya que raras veces se encuentran con que hay medicamentos o vacunas.

Las tierras que rodean esta comunidad son territorio ancestral, pero caciques de otros pueblos las alquilan para el cultivo de soja. No es el caso del líder indígena local, don Eduardo, quien también sufre las mismas penurias que su pueblo.

El bebé de la foto tiene 8 meses y nació con deformaciones. Su mamá tiene 23 años y otros 4 hijos más. Hasta el año pasado, pertenecían a la comunidad de Formosa, pero fueron expulsados por el cacique, quien sí alquila tierras a los sojeros y lleva una vida holgada económicamente, diferente a como le va a su pueblo. Esta mujer y sus hijos, más otras 5 familias expulsadas por el mismo cacique en esa ocasión, fueron acogidos por Loma Clavel, en medio de las precariedades, las necesidades, el desamparo… y la soja. Hasta donde alcanza la vista.

En la imagen de abajo, la niña de cortos años recorrió un largo trecho para ir a recoger agua del manantial. Tiene que atravesar todo el sojal para conseguir un poco de agua, por supuesto, contaminada por los agrotóxicos, agua que les mata lentamente, pero sin la cual tampoco pueden vivir.

No solo el agua que consumen o el aire que respiran puede ser mortal para esta comunidad fumigada. Ya hubo muertos. Varios. Y las enfermedades cutáneas y respiratorias son cosa común. Loma Clavel, como condenada al genocidio, no recibe asistencia del Estado, de ninguna forma.

Esta situación fue constatada por referentes de la Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas Conamuri, que acompañaron a un grupo de estudiantes de Química de una universidad privada a fin de enseñarles una realidad que, se espera, sea también una preocupación para los futuros profesionales.

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