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Dos expertos e investigadores del cambio climático y medioambiente calificaron de contradictorio el discurso del presidente Evo Morales en defensa de la Madre Tierra en paneles internacionales como la COP-21 de París, cuando en el país se aplican políticas extractivistas como nunca antes se vieron, así como una ampliación de la frontera agropecuaria que agrava más el calentamiento global.

El presidente Evo Morales, en su intervención en la cumbre climática de París, dijo ante 150 jefes de Estado que "si continuamos en el camino trazado por el capitalismo estamos condenados a desaparecer". El biólogo, investigador y experto en mediciones medioambientales, Marco Octavio Ribera, en entrevista con ANF dijo que la situación del país es bastante paradójica porque mientras en paneles internacionales como la Cumbre del Cambio Climático se pregona un modelo de defensa de la naturaleza y el medio ambiente, en los hechos se aprobaron una serie de normas que amplían la frontera agropecuaria a un millón de hectáreas al año.

"La defensa de la Madre Tierra en el país va en contraruta y en contrasentido a lo que se pregona; los países más desarrollados del mundo reconocen a Bolivia como un modelo paradigmático de defensa de la naturaleza, pero adolecen de una absoluta ignorancia de la realidad sudamericana", dijo. Ribera alertó que en la COP-21, los países desarrollados e industrializados intentarán contraponer lo que se conoce sobre el cambio climático con otras posiciones más acríticas, frente a las naciones latinoamericanas no desarrolladas o subdesarrolladas que tienen mayor legitimidad para sustentar los efectos del cambio climático.

En análisis del investigador, Bolivia "aporta" con menos del 1% en la contaminación global en términos industriales, pero dijo que la tendencia de favorecer el avance de las fronteras agropecuarias a razón de diez millones de hectáreas en la próxima década, producto de la Ley 337 de Apoyo a la Producción de Alimentos y Restitución de Bosques, hace que el discurso de Bolivia vaya en contraruta de lo que sucede en términos reales. "La frontera agropecuaria significa la eliminación de los sumideros de carbono y la emisión de gases de efecto invernadero. Entonces la situación es bastante paradójica como país.

Por una parte tenemos legitimidad de reclamar pero también tenemos compromisos y culpas como país, fronteras agropecuarias, profundización de la minería y la actividad hidrocarburífera", señaló. Calificó como un "juego político" de los paneles internacionales mantener a Bolivia como el modelo paradigmático de defensa de la Madre Tierra y que en los hechos los países desarrollados no aceptarán un acuerdo vinculante como se planteó en la cumbre de París.

"No hacemos más daño porque no somos más" Por su parte, la investigadora en cambio climático, Cecilia Requena, señaló que Bolivia se encuentra entre los 20 países más contaminantes del mundo porque emite los mayores niveles de dióxido de carbono (CO2) per cápita como resultado de la quema de bosques. "Estamos reclamando a los países llamados capitalistas de destruir a la Madre Tierra por hacer lo que nosotros estamos haciendo aquí, con una agravante, que ahora se destruyen bosques y seguimos apostando a una matriz energética basada en combustibles fósiles que incluye a los hidrocarburos, que es lo que genera el cambio climático", aseveró.

Requena dijo que si se divide el impacto por el efecto invernadero generado por la quema de bosques entre la población boliviana, las emisiones de CO2 son enormes. "Nosotros no hacemos más daño porque no somos más", aseguró. La experta en calentamiento global dijo que la segunda consecuencia grave de reducir los bosques en el país es la eliminación de defensa natural que se tiene frente al cambio climático, pues la vegetación genera resiliencia (resistencia) ante posibles fenómenos extremos como las sequías e inundaciones.

"Estamos yendo al revés, es obvio que nosotros no podemos hacer un cambio radical, pero hay una gran diferencia entre seguir cavando el hoyo en busca de más fósiles que generan cambio climático o empezar una transición energética que nos ponga en una clave sostenible", señaló. En criterio de la investigadora es incoherente que se disponga de 3.500 millones de dólares para incentivos petroleros y se pongan a disposición de las transnacionales las áreas protegidas para profundizar la dependencia económica hacia los fósiles, y por otro lado se genere un "paraguas" en el discurso que quiera deslindar responsabilidades de Bolivia por sus políticas contaminantes. 

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