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La agricultura urbana en revolución: Un diálogo de los problemas del campo para la soberanía alimentaria y la des-globalización

Fuente: IPDRS
Autoría: Del Rosario Ignacio Denis
Fecha: Miércoles, 27 Enero 2016

Las armas de destrucción masiva que utiliza la extrema derecha en su guerra económica están íntimamente ligadas al problema del campo, la dependencia alimentaria por falta de una política agraria más coherente hacia la soberanía agroalimentaria, así como la concentración de la población en las grandes ciudades con poca planificación y diálogo con el problema del campo; la anarquía y falta de control en torno al sistema de distribución de alimentos son algunos de los factores estructurales que favorecen para ejercer sus presiones con sabotaje, acaparamiento, especulación de manera permanente contra la población causando el descontento y la desesperación.

 

El modelo rentista parasitario y decadente venía condicionado por los huevos de la serpiente, FEDECAMARA; este solo representa a un nido de grandes empresarios asesorados por las multinacionales como Monsanto, Cargill, Syngenta, PepsiCo. Con relación a la agricultura y el sistema alimentario, los espacios de diálogo con estos sectores siempre serán anti-dialógicos por representar a la casta opresora encargada de gestionar la acumulación originaria del capital, que solo quiere maximizar y privatizar cada día riqueza a costa del hambre y la explotación de los y las trabajadoras, someter con la lógica de los oligopolios mundiales llevando a la destrucción del planeta y a la humanidad, contrarios a los objetivos históricos del Plan de la Patria.

 

El presidente Nicolás Maduro convoca a un nuevo renacimiento al pueblo venezolano para derrotar la guerra económica, todos los motores anunciados como parte del decreto de emergencia económica requieren de un diálogo nacional dimensionando todos los problemas, para accionar de manera conjunta y en alianza plena toda la población del campo y de la ciudad. Las condiciones subjetivas solo son posibles si identificamos la raíz del problema de manera colectiva y nos disponemos también colectivamente a resolverlos. Las condiciones objetivas seguirán alimentados por los enemigos internos y externos, con sabotaje, especulaciones y amenazas para intentar socavar la revolución.

 

La creación del Ministerio para la Agricultura Urbana de la mano con la experiencia de los Mercados Comunales puede jugar un papel determinante para encender los motores, reformular nuevos esquemas estructurales para la soberanía agroalimentaria. Es un ejercicio para la des-globalización de los sistemas alimentarios corporativos importadores y el modelo del agronegocio destructor; este ejercicio de reencuentro debe propiciar una nueva cultura organizativa, productiva y de consumo, una relación armónica planificada entre campo y ciudad, es un reencuentro con nuestras raíces e identidad para asumir integralmente la vida ilimitada de la humanidad.

 

El 15 al 24 de enero de este año se realizó el Foro Mundial para la Agricultura y la Alimentación (GFFA); este evento tuvo lugar en Berlín en el marco de la denominada Semana Verde Internacional. María Helena Semedo, Directora General Adjunta de la FAO para Recursos Naturales, en este Foro señaló que la situación “va a empeorar a medida que una proporción creciente de los hambrientos viva en zonas urbanas". Según cifras que manejan la FAO, el 50 por ciento de la población mundial vive hoy en zonas urbanas y se espera que este porcentaje aumente al 70 por ciento para 2050, en particular en los países en desarrollo. En las conclusiones de este Foro se plantearon que para contrarrestar los graves problemas del hambre y el cambio climático es necesaria la participación activa de todas las partes implicadas, agricultores y pequeños campesinos en toda la cadena de suministro y de valor. Según la FAO es crucial reducir drásticamente las pérdidas y el desperdicio de alimentos, que son especialmente elevados en las zonas urbanas. Esto incluye medidas como la redistribución de alimentos no utilizados y aún comestibles y el uso de los desechos como abono o para generar energía. 

 

La Vía Campesina Internacional como espacio de luchas continental de los campesinos, campesinas, Indígenas plantean que en los actuales momentos la lucha contra la globalización, por la soberanía agroalimentaria, la agroecología, la lucha por la reforma agraria integral, solo es posible con una gran alianza campo y ciudad.

 

La alimentación es una condición para la vida, sus condicionantes tienen principios, criterios y valores como lo son el derecho a los alimentos, todos ellos están condicionados por la manera como nos relacionamos con la naturaleza, tierra, agua, semilla y demás Biodiversidades, desde esta determinación política, cultural, epistemológica es determinante el diálogo entre campo y ciudad determinado por una nueva economía solidaria y de liberación.

 

Partiendo de las cifras anunciadas por la FAO sobre el crecimiento exponencial de la urbanidad, está relacionada directamente con la llamada globalización y el predominio de oligopolios en el “régimen alimentario corporativo” (McMichael, 2004). Este modelo se perfeccionó en los años 80 por el gran capital y usurparon a millones de campesinos y campesinas, indígenas de sus tierras arrinconando cada vez en parcelas más pequeñas, a otros desplazando como cordones de miserias de las grandes ciudades, y a otros convirtiendo en migrantes temporeros explotados. El modelo del agronegocio ha desalojado un número incalculable en el mundo sometiendo a los pueblos a un solo régimen alimentario e imponiendo un solo paquete tecnológico contaminante, cifras del Banco Mundial calculan que entre el 2008 y 2010, al menos 60 millones de hectárea de tierras agrícolas fértiles fueron arrendados o vendidas al llamado inversionista extranjeros para realizar proyectos agrícolas de gran escala; actualmente más de la mitad de ellas operan en África.

 

El modelo del agronegocio impone un sistema agroalimentario controlado por empresas multinacionales muy conocidas que utilizan la llamada integración vertical, operan en distintos eslabones de la cadena imponiendo el control y la dominación en el mercado de semillas patentadas, Monsanto, DuPont y Syngenta son los encargados y tienden alguna vez a fusionarse. Las semillas modificadas genéticamente están, prácticamente (90%) en manos del grupo Monsanto. Las tres primeras compañías de agroquímicos, Bayer, Syngenta, y BASF, controlan la mitad del mercado mundial, y si consideramos las tres siguientes (Dow AgroSciencies, Monsanto y DuPont), llegamos al 75% de las ventas de agroquímicos en el mundo. (Heffernan, 1999).

 

La llamada agricultura de commodities se encargan del comercio mundial de granos: Archer Daniels Midland (ADM), Cargill y Bunge (Holt, 2008). Estos tres grupos controlan, la fabricación de piensos para animales. Uno de ellos, Cargill, proveedor de materia prima, comprador, comerciante, procesador de productos y especulador a lo largo de todo el sistema alimentario, lidera la llamada “cadena de valor global del pollo”, y el procesado de semillas oleaginosas en el mundo (Lawrence, 2009).

 

En alimentos y bebidas, las diez primeras empresas controlan el 26% del mercado mundial, y en la distribución alimentaria nos encontramos con Wal-Mart, la empresa más grande del planeta, “es el imperio económico y mediático” (Montagut y Dogliotti, 2008), cuyo volumen de ventas sólo es superado por el PIB de 25 países (Fortune Global 500, 2008), y que, junto con Carrefour y Tesco representan la mitad de los ingresos de los diez primeros grupos de distribución.

 

Ante estos monstruos de los sistemas agroalimentarios corporativos, la agricultura urbana más allá de lo técnico productivo debe trascender como una estrategia política para la des-globalización en alianza y diálogo sincero del pueblo, del campo y la ciudad, luchar de manera conjunta todos los actores sociales, políticos, económicos, culturales para concretar un nuevo modelo de agricultura agroecológica para la producción de la vida basada con un sistema agroalimentario contrario a las pretensiones multinacionales de dominación y de muerte.

 

En lo técnico productivo en la agricultura urbana necesario es hacer realidad la “Eco Patria Comunal” para la producción de insumos orgánicos, sólidos y líquidos, producción, multiplicación y conservación de las semillas nativas, plantas medicinales, viveros con la participación de la juventud productiva, Misión Robinson II productivo, gran Misión Saber y Trabajo, aportando de manera directa en las asambleas populares de los Concejos Comunales, Comunas, mesa tecnica en la planificación urbana con un nuevo sistema agroalimentario para la producción, distribución y conservación de suelo y del agua garantizando una nueva cultura de consumo. La agricultura urbana es posible si la población está preparada para producir sustrato orgánico líquidos y sólidos en cantidad y calidad, las plantas para que den sus frutos están primero condicionadas por la calidad de la semilla, del suelo, del sol y del agua, en caso de la agricultura urbana como se hace de forma artificial en canteros, lugar donde se utilizaron como basureros de escombros o como se utilizan envases, mesa, troja, bolsas son mucho más exigentes en los macronutrientes y micronutrientes, tales así que si la población primero no consolidan sus espacio para producir materia orgánica sólidos y líquidos con saberes populares agroecológicos, pueden terminar los proyectos en iniciativas frustradas para la población.

 

Pongamos juntos toda la mano, la mente y el corazón para la siembra y vamos más allá de la agricultura urbana en revolución, todas las amenazas y ataque contra el pueblo deben tener respuestas con producción de mejores producto, con los mejores saberes y espíritu amorosos de los seres humano y de la pacha mama.

 

“Si el capitalismo se resiste, nosotros estamos obligados a dar la batalla y abrir los caminos de la salvación de la especie humana, levantando las banderas de la igualdad, de la justicia y del verdadero humanismo“

 

“El planeta vivió miles de millones de años sin la especie humana, es decir, no le hacemos falta. Pero, en cambio, nosotros sin la tierra no vivimos“

 

“....seamos capaces de hacer de esta Tierra no la tumba de la humanidad, hagamos de esta Tierra un cielo, un cielo de vida, de paz, y de paz de hermandad para toda la humanidad, para la especie humana”

 


 

- Del Rosario Ignacio Denis es Ingeniero Agroecologico graduado en Instituto Latinoamericano de Agroecologia Paulo Freire (IALA) - Twitter: @yiyoparaguay, http://ayvuguasu.blogspot.com/