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Domingo, 19 Noviembre 2017

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La distribución de la tierra ya no es suficiente (Bolivia)

Fuente: TIERRA
Autoría: Julio Prudencio B.
Fecha: Martes, 23 Febrero 2016

Hace pocos días la Fundación TIERRA ha presentado un libro titulado “Segunda reforma agraria. Una historia que incomoda”, estudio que examina los alcances de la Ley 1715 (Ley INRA) y los resultados de la implementación de esa ley entre los diversos periodos (1996‐2006, 2007‐2009 y 2010‐2014) del proceso de saneamiento y titulación de todas las propiedades agrarias en Bolivia.

Entre los diversos hallazgos, el estudio muestra que el ritmo de saneamiento de los últimos años fue mayor pues alcanzó a 16,5 millones de hectáreas tituladas  (representando un avance extraordinario respecto al primer y segundo periodo del proceso) tanto a las propiedades comunales (en tierras altas y bajas), las pequeñas propiedades, las TCO (Tierras Comunitarias de Origen) y las medianas y grandes propiedades.

Sobresale que las tierras tituladas a medianas y grandes propiedades en el oriente del país suman 2,3 millones (13.9% del total titulado entre 2010‐2014) lo que incluye 56 predios titulados cada uno con una extensión de más de 5.000 Has, en un proceso en ascenso tratándose de las tierras agrícolas más productivas del país y de ganadería extensiva, con una expansión del modelo comercial y agroindustrial hacia comunidades y territorios tradicionalmente indígenas.

También resaltan la agilidad1 en el proceso de saneamiento de la pequeña propiedad de los campesinos (de la colonización espontánea y dirigida de los años 70) y los nuevos asentamientos en las zonas de transición, al igual que la consolidación de la pequeña propiedad al oeste de la zona de expansión de Santa Cruz (de campesinos en su mayoría procedentes de los departamentos de Potosí y Chuquisaca) que colindan con las TCO de las tierras bajas y también con las agroempresas. Todos ellos alrededor del modelo de producción agroexportador de la soya.

Sobresale, asimismo, que el proceso de saneamiento está encaminado en su etapa final pues solo faltarían 14.5 millones de hectáreas por sanear, y que las mejores tierras ‐ en términos de explotación agrícola, ganadera y recursos forestales ‐ están en proceso de consolidarse a las empresas agropecuarias ubicadas en la parte central de Santa Cruz y el Beni.

Entre las varias conclusiones finales que se derivan del estudio, se resalta la tenencia inequitativa en la tierra y que no se ha enfatizado en terminar los latifundios que existen en el país.

Por otro lado, en la presentación del libro, los ejecutivos de la FTIERRA además de mostrar los resultados de la investigación, complementan la información enfatizando que en los últimos años hay una extranjerización/transnacionalización a gran escala de la agricultura comercial en el oriente del país a través de la llegada de empresas transnacionales que compran y alquilan tierras, y que también tienen un control en toda la cadena productiva de la agroindustria de Santa Cruz, sobre todo en el acopio, producción, transformación, transporte y exportación del principal cultivo imperante en la zona, la soya2.

El problema ya no sólo es la distribución de tierras sino “el modelo de producción”

A pesar de todas las transformaciones y proceso de cambio que el país está atravesando en los últimos años en el tema de tierras, hay ciertos aspectos que son evidentes y que hay que tomar en cuenta.

En primer lugar, que el Estado boliviano ha sido y es incapaz de desmantelar la estructura agraria desigual imperante en el país.

A diferencia de otros países, en Bolivia se ha saneado/titulado y distribuido tierras a campesinos indígenas y originarios en diversas regiones del país; y éstos tienen una activa participación en la formulación e implementación del modelo de desarrollo agrario implementado actualmente en el país.

Esto nos induce a plantear que en Bolivia, a diferencia de otros países, la distribución/posesión de tierras ya no es el problema fundamental por más que haya una extranjerización de las tierras (compradas directamente o a través de terceros; o tierras arrendadas/alquiladas por extranjeros).

En el oriente del país, donde están ubicadas las mejores tierras productivas (de explotación agrícola, ganadera y recursos forestales) se ha configurado un sistema productivo agro extractivista con una lógica de funcionamiento o paradigma de desarrollo agroexportador, centrado sobre todo en la soya, y conformado por varios y diversos actores.

Eso también nos impulsa a plantear que en el análisis es necesario ir más allá de la distribución de tierras y de la Reforma Agraria3 y cuestionar la tendencia que se está imponiendo en el país en términos del sistema productivo. Es decir, la desigual distribución de tierras resulta insuficiente para comprender los mecanismos de poder que el capital despliega para controlar las rentas.

Entonces, si bien es fundamental que los Campesinos Originarios y Pueblos Indígenas tengan acceso efectivo a la (buena) tierra, al control de ésta y a los beneficios de este recurso, hay que analizar y replantear el USO que algunos de estos actores le dan a este recurso.

Actualmente, la soya está siendo producida en varias regiones de Santa Cruz, no sólo por la agroindustria sino también por pequeños y medianos agricultores y también por recientes agricultores campesinos4 que han recibido tierras fiscales del gobierno.

Estos productores denominados desde hace pocos años como “interculturales”5, son más de 12.000 que cultivan alrededor de 250.000 Hectáreas de soya transgénica usando intensivamente agroquímicos que contaminan el medio ambiente y las tierras, instaurando el monocultivo, dejando de producir alimentos básicos de consumo nacional, perdiendo la diversidad productiva, contaminando las aguas subterráneas e incrementando el consumo de agroquímicos y semillas transgénicas6.

Estos actores no sólo están volviendo al país más dependiente de las importaciones de esos insumos7 sino que también están incidiendo en la deforestación de grandes extensiones de tierras.

Según el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, en el 2013 se deforestaron cerca de 162.000 ha y los desmontes sin authorización alcanzaron a 88.486 Hectáreas, de las cuales el 19% correspondió a comunidades campesinas e indígenas y el saldo a propiedades privadas (Los Tiempos 06/21/2015)8.

Otros datos más actuales señalan que sólo en el mes de septiembre del 2015, el promedio de deforestación en el oriente boliviano fue de 324,40 hectáreas/día, sobre todo en el municipio de Pailón (www.Guyra.org,py) que se caracteriza por uno de los más representativos en la producción de soya, en santa Cruz.

Con el actual impulso gubernamental a la ampliación de la frontera agrícola, la authorización del área de desmonte de 5 a 20 hectáreas y “el perdón” a las multas por deforestación ilegal, la deforestación se incrementará más aún.

Por lo anterior, podemos afirmar que estos actores interculturales están empezando pues a vivir bajo otra lógica productiva, la lógica del monocultivo, lo que a su vez supone:

i. Entrar al juego mercantilista y hacer el flaco favor a las inversiones/empresas transnacionales comprándoles las semillas transgénicas, maquinaria, los agroquímicos y otros insumos, insertándose así en la lógica mercantilista de las agro exportaciones.

Por otro lado, a la empresa transnacional le favorece eso e inclusive llega a necesitar de este campesinado no solo para ampliar sus ganancias (por la venta de los transgénicos, los agroquímicos, etc); sino también para tener mano de obra barata y para apropiarse de la “renta diferencial” (en el lenguaje de los economistas) en los precios de la soya.

ii. Perder sus referencias culturales, perder sus tradiciones, perder sus formas de “hacer”, de producir, de su lógica productiva lo que supone que ya no reservan parte de su cosecha para las semillas de la próxima siembra (pues tienen que comprar la semilla transgénica), ya no pueden complementar sus cultivos con otros como lo hacían en sus lugares de origen o sus antepasados, ya no pueden hacer el manejo integrado de plagas pues tienen que fumigar con agroquímicos cada vez más poderosos.

Están perdiendo pues su racionalidad productiva (que consiste en la diversidad y en la complementariedad, entre otros) su conocimiento ancestral desarrollado y transmitido por generaciones, y su naturaleza socio cósmica (conformada por su entorno humano y no humano, o la interrelación naturaleza‐cultura).

En síntesis, el agroextractivismo imperante en esa región supone no sólo la transnacionalización de la agricultura sino sobre todo la desnaturalización de la agricultura campesina indígena originaria.

De esa manera, para la agroindustria del oriente y la empresa transnacional exportadora de soya, la dotación y saneamiento de tierras a los pequeños y medianos campesinos ha dejado de ser un obstáculo técnico y político para sus intereses, más bien estos “interculturales” se suman a la transnacionalización de la agricultura facilitando la expansión del modelo exportador de soya transgénica.

Retrocesos y contradicción

Este accionar de los “interculturales” contrasta fuertemente con los planteamientos y prácticas del resto de las organizaciones de productores campesinos indígenas originarios de Bolivia que solicitan parar de una vez el sistema agroindustrial extractivista basado en monocultivos, en los agroquímicos y en los transgénicos y más bien plantean el sistema agroforestal que implementa la economía familiar campesina indígena originaria a través de la recuperación de suelos/tierras, cosecha y manejo adecuado del agua, el rescate y conservación de las semillas, el manejo integrado de plagas y protección fitosanitaria, cultivos con cobertura, la diversidad productiva y la rotación de cultivos, la capacitación técnica, la creación de reservas de alimentos y las técnicas de conservación entre otras, como lo plantean a través de diversas instancias y momentos9.

Los planteamientos de las organizaciones de productores como el CIOEC son una alternativa real a la agricultura boliviana como ya lo demuestran los resultados de diversos proyectos implementados bajo esa lógica productiva, en regiones como Tarija, Potosí e inclusive en Santa Cruz10.

Aunque este planteamiento o lógica productiva del sector indígena campesino se plantea hace algunos años en el context mundial, recién ahora, con el agravamiento del cambio climático, las instituciones internacionales están empezando a valorar y reconocer estas prácticas.

Así, la FAO, se suma a las recomendaciones anteriores a través de la reciente presentación de una investigación titulada “Ahorrar para crecer”11 donde sostiene que se deben realizar los cultivos agrícolas asociados con árboles con sombra, dejar los residuos de los cultivos como cobertura, rotación de cultivos para mejorar el suelo, cultivos intercalados, gestión eficiente del agua, y manejo integrado de plagas con métodos naturales.

Pero plantear que los “interculturales” asuman otro sistema productivo como el que demandan el resto de organizaciones campesinas indígenas originarias del país resulta entonces un poco utópico, no solo porque las racionalidades productivas son totalmente contradictorias, sino porque por medio se juegan (bastantes) recursos económicos12.

A la agroindustria (nacional y extranjera) no le sirve de nada tener al lado de su producción agroexportadora, agricultores agroforestales que produzcan variedad de alimentos sanos y que diversifiquen su producción. Necesitan socios emprendedores, campesinos empresarios que les demanden sus semillas e insumos y al mismo tiempo les abastezcan de la materia prima (soya) a precios reducidos.

El nuevo discurso del agroextractivismo

El proceso de asociarse/incorporarse a la transnacionalización de la agricultura que están implementando los “interculturales” en el oriente del país no sólo supone una subyugación a esa lógica mercantil sino que también está sirviendo de pretext para la elaboración de un nuevo discurso por parte del sector agro empresarial del oriente (ligado a las empresas transnacionales) que pretende justificar la transnacionalización de la agricultura.

Así, se escucha seguido a los representantes de ese sector (Cámara Agropecuaria del Oriente/CAO; Instituto Boliviano de Comercio Exterior/IBCE, Cámara de Exportadores/CAMEX entre otros) argumentar que el modelo que se está implementando en el país es el ideal ya que no se han tocado los derechos de propiedad de la tierra y recursos naturales de los campesinos (interculturales); que se fomenta la seguridad alimentaria nacional; que se genera empleo y se redistribuyen los ingresos económicos; que no se violan las leyes; que hay la introducción de moderna tecnología necesaria al campesinado; que los impactos medio ambientales son limitados y aceptables por la presencia de las comunidades campesinas que viven en el entorno productivo; que se está construyendo una infraestructura productiva adecuada; que se incrementa la productividad; que hay desarrollo local; que ha disminuido la pobreza en la región; que hay una complementariedad y coexistencia/convivencia pacífica y ejemplar entre la agro empresa (nacional y extranjera) y los pequeños/medianos y grandes productores campesinos; que hay una oportunidad de capacitación para que los campesinos se vuelvan empresarios emprendedores; que es la modernización del campo; que es un proceso de inclusión acorde con los planteamientos del gobierno; que se orienta la producción con ventajas comparativas y exportadoras; se enlaza vertical y horizontalmente la cadena de la soya; se alcanza mayor competitividad y varios otros argumentos más que en el fondo demuestran un discurso paternalista y dominador.

¿Nuevos roles y funciones en la agricultura?

Del análisis del discurso y planteamientos anteriores, resalta que este actor, el agro empresarial o capitalista inversor ‐ en coincidencia con los planteamientos de la “Ley de inversiones responsables” del Banco Mundial13 y la “Nueva Ley de Promoción de Inversiones de Bolivia” (Ley 516 del 4/04/2014)14 ‐ va a desarrollar ahora el rol que en el pasado, en la década de los años 70, jugó el Banco Mundial en Bolivia15, invirtiendo capital y acompañando a los interculturales para que se sumen ahora como “sus nuevos socios”. De esa manera se expandirá o ampliará más fácilmente la reproducción del capital y el control de las prácticas y de los saberes tradicionales campesinos, sin la necesidad de monopolizar la tierra.

Por el lado de los campesinos “interculturales”, éstos ya no desempeñan ni los antiguos roles asignados por la economía clásica (producir alimentos baratos, producir materia prima para la industria manufacturera, crear empleos, liberar mano de obra para la industria y las ciudades) ni las nuevas funciones que ya están desempeñando los campesinos originarios y pueblos indígenas en varias regiones de Los Andes (www.abaayacucho.org; www.idmaperu.org; www.cesa.org.ec) como el de nutrir a la población (con la necesaria cantidad de alimentos sanos y de calidad, asegurando la seguridad alimentaria con soberanía alimentaria), permitir a la tierra regenerarse sin contaminar el medio ambiente (en equilibrio con los ecosistemas y la biodiversidad entre otras) y asegurar el bienestar de sus propios actores (en términos de empleos dignos e ingresos económicos suficientes), en términos del “Vivir Bien”.

En el oriente del país, se está viviendo pues un momento donde dos actores/socios importantes del desarrollo están desempeñando nuevas funciones en la agricultura intentando crear una instancia de legitimización de este tipo de sistema “social y productivo”, a los cuales el gobierno apadrina (acompaña) a unos a través de créditos, otorgación de tierras fiscales, y apoyo en las negociaciones para obtener mayores precios de venta de la materia prima por parte de los exportadores. A los otros, a través de la búsqueda de nuevos mercados de exportación con mejores precios (ahora que el precio internacional ha disminuido) a través de la ampliación de los volúmenes de exportación; a través de asegurar sus inversiones, a través del no cobro de impuestos de exportación de la soya, entre otros.

De esta manera, desde el Estado, se está buscando la integración de estos dos actores, es decir, integrar los saberes y prácticas campesinas a la lógica de las plantaciones agroindustriales, por lo que ya no sería necesario desplazarlas físicamente. Sostienen que la industrialización sucederá a la expansión de las exportaciones por lo que hay que conformar un fuerte capital nacional que estimulará el crecimiento económico.

También sostienen que hay que crear un proceso innovativo de participación y gobernabilidad, donde los problemas (políticos y no políticos) se puedan distribuir entre los actores lo que requiere la colaboración entre éstos y otros más (algunas ONGs y gobiernos municipales por ejemplo), alineándolos a un objetivo común, “el desarrollo de Bolivia”, con flexibilidad para adaptarse a cambios esperados e inesperados, y logrando la auto organización. En ese marco, las instituciones nacionales del Estado participarían solo como intermediarios o facilitadores.

Conclusión

Estamos ante la conformación de un nuevo tipo de “enclave agrícola”, de las mismas características del “enclave minero”16 que caracterizó a Bolivia en los años pasados, es decir enfatizando su orientación hacia los mercados globalizados, uso intensivo de tecnología moderna, utilización de mano de obra asalariada, movilidad de capital y con un relativo dinamismo en las localidades/regiones donde se implementa, pero con la novedad ‐ única en América Latina ‐ de una “nueva convergencia global de actores” entre campesinos interculturales y agroindustriales productores de soya transgénica17, con nuevas formas de regulación productiva, regida por los cambiantes precios internacionales de los commodities.

* Julio Prudencio Böhrt es investigador independiente.

 

BIBLIOGRAFÍA

. Kopp Adalberto. (2015) “Las colonias menonitas en Bolivia”

. Pérez M.(2007) “No todo grano que brilla es oro. Un análisis de la soya en Bolivia”

. Zommers A. “EL mercado rural de tierras en Santa Cruz”

. Medeiros Gustavo (2009) “El sector agropecuario” (UDAPE)

. Prudencio Julio (2015) “Bolivia. Un nuevo modelo de desarrollo agroalimentario basado en las exortaciones agrícolas (¿Renunciar a la seguridad y soberanía alimentaria por comercializar mas? ..o la subordinación del sistema alimentario boliviano a las exportaciones)”

. Cámara Agropecuaria del Oriente‐CAO(2013) “Números de nuestra tierra”

. Blanes José; Calderón Fernando; Dandler Jorge y Prudencio Julio (1980). “Pauperización, proletarización y diferenciación campesina. Reflexión teórica en torno al problema de las migraciones a colonización en Bolivia”, La Paz (Mimeo)

. Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES) (1980). “La Problemática agraria en Bolivia y expansión del capitalismo”, La Paz

. Cardoso Fernando H. y Faletto Enzo (1968). “Dependencia y desarrollo en América Latina.

Ensayo de interpretación sociológica.

. FAO (2001) “Ahorra para crecer” (presentado oficialmente en 01/2016), Roma/Italia