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La ficticia expansión de las clases medias: una revisión crítica del Informe 2015 de PNUD

Fuente: TIERRA
Autoría: Gonzalo Colque *
Fecha: Lunes, 25 Abril 2016

Los informes sobre desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se han convertido en un material influyente en la formación de la opinión pública boliviana, agendas temáticas y políticas públicas. authoridades de gobierno, expertos mediáticos y profesores universitarios convocados en calidad de comentaristas se encargan de refrendar los hallazgos y las propuestas de políticas. Aunque en general las contribuciones son meritorias, a veces, como en ocasión del último informe, hace falta una mayor problematización para evitar adentrarnos en caminos equivocados.

El informe 2015, “El nuevo rostro de Bolivia: transformación social y metropolización”, sostiene que las clases medias urbanas alcanzan el 65 por ciento de la población de las cuatro ciudades metropolitanas (La Paz, El Alto, Cochabamba, Santa Cruz). Según este estudio, la irrupción de los estratos medios, que se utiliza como sinónimo de clases medias, sería una consecuencia directa de la urbanización sin retorno y del crecimiento económico inclusivo de los últimos años. En términos absolutos la clase media estaría conformada por 5,6 millones de personas a nivel nacional, de las cuales más de 4 millones vivirían en las regiones metropolitanas. El PNUD ya había anunciado esta explosión de clases medias en 2010. Desde entonces, el gobierno nacional no hizo más que halagar el descubrimiento, lo utilizó como una de las evidencias más creíbles para destacar los éxitos del capitalismo de Estado e incluso –curiosamente– se valió del dato para justificar la última derrota electoral1. La afirmación de que ‘emerge una nueva Bolivia con predominio de clases medias urbanas’ no ha hecho más que crear imágenes gráficas de miles de familias pobres cruzando a diario algún portal mágico para pasar a engrosar el grupo de clases medias.

 Este mensaje central del informe es más que cuestionable tanto por sobreestimar el crecimiento de las clases medias como por adoptar sin ninguna consideración crítica la idea importada de que la urbanización es el motor de desarrollo y de alivio de la pobreza2. Al poner en cuestión este planteamiento no estamos negando las recientes dinámicas de estratificación social identificadas en el estudio o los efectos positivos del “súperciclo” del precio de materias primas (2003-2014) sino que nuestra intención es advertir sobre los riesgos que entraña la sobreponderación de un fenómeno social más bien limitado.

1. Caracterización de la clase media

La definición y categorización de la clase media es uno de los retos sin resolver en el mundo de las ciencias sociales. Por eso la mayoría de los estudios han optado por una definición basada en ingresos. Aunque es un indicador unidimensional, tiene alto potencial explicativo al estar sustentado en variables económicas. De hecho el informe del PNUD utiliza esta aproximación para estratificar clases y definir umbrales inferiores y superiores.

Una limitación con este enfoque es que su potencial explicativo pierde algo de fuerza para una economía como la nuestra que no es plenamente capitalista. Más bien coexisten y se solapan varios sistemas e instituciones económicas, unas más dominantes que otras, unas formales y la mayoría informales. Por tanto, los ingresos se originan en relaciones económicas de diversa naturaleza, de modo que los flujos e interacciones no son fáciles de capturar. Por esa razón es relevante que todo esfuerzo de identificación de clases o estratos tenga por punto de partida la división más importante y menos elusiva: la estratificación entre la clase trabajadora y la clase propietaria de bienes de capital. La definición más difundida es que mientras quienes forman parte del primer grupo necesitan vender su fuerza de trabajo para subsistir, los otros tienen lo suficiente de modo tal que no necesitan trabajar. Aquí lo más importante para la estratificación no es que estos últimos sean más ricos que los primeros sino que posean medios suficientes para generar riqueza sin que tengan necesidad de trabajar por sí mismos. Bajo este entendido, la clase trabajadora no está conformada solamente por los pobres o la “clase baja” sino también por quienes están, al menos en parte, dentro del grupo de “clases medias” debido a que estas personas están obligadas a trabajar sea como empleados para terceros o trabajadores por cuenta propia.

El informe 2015 no abunda en explicaciones y definiciones sobre las clases medias pero brinda información para caracterizar algunos rasgos de este grupo social. Mayormente pertenecen al sector informal, con empleos de baja calidad, jornadas de trabajo extenuantes, bajos ingresos para mujeres, sin seguro de salud ni renta de jubilación. Esta parecería más una descripción de los estratos bajos pero el informe no deja dudas de que también es válida para las clases medias urbanas mayoritarias. Si esto es así, entonces estamos frente a una clase media que luce muy distinta de la imagen típica de familias acomodadas, profesionales bien remunerados o medianos empresarios.

Lo anterior no niega que en efecto existe un grupo bien consolidado de clase media, con un ‘estilo de vida’ diferenciado y a distancia segura de cualquier peligro de vulnerabilidad. El propio informe identifica este grupo minoritario (estrato medio no vulnerable) pero deja que conviva con la “clase media vulnerable” a pesar de que las diferencias predominan sobre los factores comunes . Esta agrupación forzada (clase media a secas sumada a la clase media vulnerable) arroja una cifra altísima (65 por ciento de clases medias) lo que contraviene pautas internacionales básicas de medición como que alguien debería ingresar a la clase media solo si esa persona no es pobre para los estándares de países con similares grados de desarrollo3.

2. Umbrales inferiores y superiores

El informe 2015 se basa en la “metodología combinada” de uno anterior (PNUD 2010) para fijar los umbrales inferior y superior del estrato medio, quedando en ambos extremos el estrato bajo y el estrato alto. En concreto y utilizando la Encuesta de Hogares de 2007, esta metodología establecía el límite inferior en Bs. 467 per cápita por mes y el límite superior en Bs. 2.041. Estos límites equivalían más o menos a US$ 2 per cápita por día y US$ 10 respectivamente. Para el 2013 no existe similar información pero el límite inferior ha tenido que ser actualizado a US$ 3,5 dado que el INE modificó la línea de pobreza a Bs. 733. El informe no proporciona explicaciones al respecto, en lugar de ello, se focaliza en destacar el crecimiento sostenido de los estratos medios a nivel país (56,1 por ciento) y en las cuatro ciudades metropolitanas. La omisión de información indispensable sobre cómo se definieron los nuevos umbrales y la subdivisión del estrato medio en dos subcategorías, no solo debilita los argumentos que sostienen la tesis de una acelerada irrupción de las clases medias en la Bolivia actual, sino que sugiere que la metodología utilizada es obsoleta, es decir, no toma en cuenta los métodos más recientes de cálculo de estratos económicos utilizados por los organismos internacionales4.

Otro punto crucial para nuestro análisis es si el umbral superior del estrato bajo debería ser a su vez el umbral inferior donde empieza el estrato medio. En otras palabras, ¿el estrato medio comienza donde termina la línea de pobreza?, ¿Cuando uno deja de ser pobre pasa de inmediato a ser clase media? De hecho el informe de PNUD asume que sí y esta es una de las razones que explicaría la expansión acelerada de las clases medias. En contraste, otros recientes estudios optan por cuatro –no tres– estratos o clases, añadiendo la “clase vulnerable” a modo de estrato de transición entre la clase baja y media. Agrupa a personas con ingresos suficientemente altos para ser consideradas pobres pero demasiado vulnerables para ser consideradas clase media.

En parte el informe de PNUD subsana las limitaciones en la estratificación adoptada subdividiendo el estrato medio en dos: “estrato medio” y “estrato medio vulnerable”. Se vale de esta desagregación para subrayar, por ejemplo, que muchos hogares aun habiendo salido de la pobreza todavía se encuentran en una situación precaria. Sin embargo, este avance en el análisis pronto se diluye cuando lo que importa es el dato global para elaborar las principales conclusiones del informe 2015 como que las clases medias urbanas han crecido hasta consolidarse en la proporción mayoritaria de la población nacional y metropolitana.

Los últimos reportes sobre pobreza y desigualdad en América Latina (CEPAL, PNUD, SEDLAC, CEDLAS, BM) clasifican el “estrato vulnerable” como una categoría explícitamente diferenciada de la clase media. Esto difiere sustancialmente del informe 2015. La base de datos de SEDLAC (CEDLAS y Banco Mundial) reporta para el 2013 que el 40 por ciento de la población boliviana pertenece al grupo vulnerable y solamente el 32 por ciento a la clase media. Para el 2012 y usando la misma base de datos, el PNUD Regional informa que 44,6 por ciento eran vulnerables y 28,7 por ciento clase media5. Estos reportes utilizan umbrales algo distintos al del informe de PNUD Bolivia y en parte por eso proyectan cifras más altas. Los datos del informe en cuestión —33,9 por ciento para “estrato medio vulnerable” y 22,2 por ciento para “estrato medio”— son menores en un rango de 5 a 10 puntos porcentuales.

En síntesis, mientras el informe 2015 de PNUD estima que 6 de cada 10 bolivianos forman parte de la clase media, los demás estudios que privilegian la seguridad económica como un rasgo distintivo de la clase media, concluyen que solo 3 de cada 10 están dentro de tal clase o estrato. Esto significa que el grupo social más numeroso en Bolivia no es la clase media como señala el PNUD sino los llamados “vulnerables”, es decir quienes han salido de la pobreza pero que no logran formar parte de la clase media.

3. Conclusión

Esta breve problematización ensayada hasta aquí, nos lleva a la preocupante conclusión de que la acelerada expansión de la clase media hasta convertirse en el estrato mayoritario es ficticia y opaca el papel protagónico que juega la clase trabajadora dentro de las recientes transformaciones sociales. La mayoría de los 5,6 millones de personas consideradas como la clase media boliviana, en realidad son personas que siguen formando parte del grupo vulnerable, es decir, quienes en la última década lograron escapar de la pobreza pero siguen expuestos al riesgo de recaer en la situación anterior, más aun ante la desaceleración económica de los últimos años. En realidad, ellos no entraron dentro de la clase media como señala el informe, es decir, no son “clase media vulnerable”.

En estas circunstancias, el principal protagonista del “nuevo rostro de Bolivia” es la población de los estratos bajos y vulnerables, en lugar de la clase media. Esto significa que las políticas públicas tienen que estar dirigidas a mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora pobre y frágil. Tenemos una población vulnerable muy alta y si no se refuerzan sus capacidades de enfrentar riesgos y de recuperarse frente a potenciales crisis, se podrían revertir rápidamente los progresos alcanzados hasta ahora en la reducción de la pobreza. Al margen del cuestionable sesgo del informe hacia la sobrestimación de la clase media y de los beneficios de la urbanización, este estudio brinda valiosa información y análisis sobre las precarias condiciones laborales, la generalizada y sostenida baja productividad e incluso, aunque de manera tímida y de forma sutil, cuestiona los límites del modelo extractivista.

 

(*) El author es Director de la Fundación TIERRA