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La producción agrourbana como solución a la crísis alimentaria (Venezuela)

Fuente: Aporrea
Autoría: Oscar J. Camero
Fecha: Miércoles, 27 Abril 2016

El presente escrito se preocupa porque se concrete la experiencia de hacer posible la siembra en la ciudad, esto es, la siembra urbana pero esta vez con un matiz extremadamente especial: comunal.

La generalidad es que la agricultura sea como casi lo condena la etimología del término: rural, del campo, de la tierra, casi entendiendo también que en la ciudad no hay tierra disponible para la siembra más allá de la jungla de concreto que ofrece a la vista a veces pedacitos de terrenos.

Lo que sí es cierto es que en la ciudad hay espacio en casa para iniciar un proceso de aprendizaje y ensayo, es decir, de siembra. Y hay el espacio posiblemente en el balcón del apartamento, en la azotea del edificio o a un lado de la casa.

Lo comunal es ausencia de propiedad privada y cuando referimos el término lo hacemos para indicar que es posible que en la comunidad se ubique un espacio para todos, con efecto comunal, sin dueños específicos, donado por el Estado o tomados por las comunidades organizadas en el marco de la ley venezolana. Es decir, hablamos de propiedad social, de interés social, además, lógicamente de lo privado de nuestras casas para iniciar el experimento de siembra citadina.

Venezuela es un país rentista. Depende del petróleo, y esa riqueza fresca y rápida del oro negro generalmente discapacita al venezolano en cuanto a desarrollar sus capacidades creativas. El país se acostumbró a vender, a no producir y a esperar el plato de la comida en la mesa comprado y no sudándolo, para decir con ello que no participan los venezolanos en la producción de lo que come. De allí que algunas malas lenguas aseveren que es "flojo".

Dos crisis han hecho poner la atención sobre el hecho agroproductivo. La de 2002, cuando el paro petrolero, cuando que no entraba dinero al país y hubo extremada escasez. De haber sido un país no solamente petrolero, ergo, agrícola y generador de servicios diversos, se habría con seguridad eludido bastante estrechez entonces. Pero el hecho fue que la economía se cayó por completo, fue menos cero.

A la sazón se pensó, desesperadamente, en prever situaciones futuras de necesidad, buscando alternativas, y se ideó un programa de siembra denominado "Todas las manos a la siembra". Pero ocurrió que se solventó el problema político, fluyó la caja nuevamente, el país de nuevo se imaginó rico y se olvidó el programa, aunque sobreviva aún por ahí en algunas escuelas.

Posteriormente, en 2015-6, año presente, se repitió la crisis de sentirse el país exclusivamente dependientemente del petróleo. Los precios cayeron a casi $25 por barril y, presuntamente, producir un barril cuesta $18. El desastre. Hay colas para comprar los alimentos; no se consigue el pan; cursa, de paso, una guerra económica, de origen político, con mucho daño en la producción, y el venezolano otra vez se consigue con que no sabe cómo procurarse un plato de comida más allá de la seguridad rentista y del flujo de caja de la actividad petrolera.

De manera que el mandato urgente es la producción. Que el venezolano, en especial el citadino, conozca cómo es el proceso de producción de los alimentos que se come y que participe en él. Que vaya más allá del conocimiento de la hoja de una planta de papa a través de la pantalla de televisión o de un folleto; que, mejor, la siembre, la coseche y la coma, siendo protagonista de su destino, seguridad y futuro.

El gobierno, reconociendo el error pasado de no prever, ha ideado una serie de propuestas anticrisis con la implementación de 15 motores de producción, el primero de ellos, emblemáticamente, es la agroproducción. Prepara a sus cuadros y a las comunidades para asaltar a la ciudad con el mandamiento de la siembra. ¡Sembrar, sembrar, sembrar hasta en los sueños!

Los cuadros políticos se estructuran y forman para los efectos; las comunidades visualizan la toma de espacios y la unión de ambas factorías concretan el paso de contribuir con el exorcismo de la crisis a breve plazo, y a plazo largo con el cometido de generar conciencia y establecer la cultura de la producción agrourbana. La siembra de hortalizas en pequeños espacios, la cría de codornices ponedoras en pequeños espacios, la preparación técnica d sustratos, en fin, el proceso propiamente denominado biointensivo, que no es más que aprovechar el poco espacio que se tiene en la ciudad mediante técnicas para la siembra y la cría con éxito, utilizando y reciclando todo lo que se encuentre al alcance: desechos domésticos biodegradables, envases que normalmente son tratados como basura, el conocimiento de cómo preparar fórmulas naturales para combatir la dependencia de la importación de químicos peligrosos.

El resultado final es el cambio de esquema, de mentalidad, de ingreso económico nacional, de paradigma. El reto es desaprender, mandar al pote de la basura lo aprendido que conduce al sostenimiento de lo extraño y transnacional, como son las semillas transgénicas y la compra de fertilizantes. El reto es formar una sociedad nueva, participante en la consolidación de su propio destino, propio futuro. De manera que, si vuelve a caer el rubro principal de la actividad económica en el país, no importe porque la comida estará sembrada en el balcón, sobre el techo, en el jardín, y potencialmente el plato asegurado sobre la mesa.

El Ministerio para el Poder Popular de Agricultura Urbana (MPPAU) desplegó un proceso denominado Plan Nacional de 100 días de Siembra Urbana y Periurbana, y junto al cuadro político del país, militancia del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), y junto a las organizaciones sociales como consejos comunales y comuna, se ha abocado a la tarea de concretar el dispositivo de producción agrícola en las ciudades, nacionalmente. Fundado en el conocimiento y experiencia de la Fundación Ciara (Capacitación e Innovación para Apoyar la Revolución Agraria) se ha desplegado sobre la geografía nacional, sobre los espacios urbanos, para visualizar, rescatar espacios, preparar cohortes de ciudadanos protagónicos en la materia.

Quien escribe, un Jefe de Patrulla de Unidad de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH) en la parroquia San Juan, Caracas, militante del PSUV, ha asumido el compromiso de representar a la parroquia ante la instancia del partido y ante la authoridad oficial central para darle forma al proyecto en dicha comunidad. Se inserta dentro del Plan de Formación de Pregoneras y Pregoneros por la Agricultura Urbana" y culmina el ciclo de preparación en las primeras de cambio. Es decir, quien escribe es un pregonero por la agricultura urbana en su comunidad, y su objetivo es sembrar en primer término conciencia de superación política y económica, y instalar, en términos concretos, la cultura de siembra en su jurisdicción.

La parroquia San Juan ya trabaja sobre el tema. Ha iniciado (personalmente hablando) el experimento y cometido de siembra en un preescolar llamado Libertad, ubicado cerca de la estación metro Capuchinos, y se dispone a inaugurar una casa de cultivo de 900 m2 en un terreno tomado por la comunidad cerca de la jefatura civil de la parroquia. Son los primeros pasos. En el preescolar ya se siembra y en el terreno para la casa de cultivo se organiza a la comunidad y se forma para la actividad de siembra.

De manera que la preocupacíón es dar testimonio del trabajo que se realiza sobre la marcha y el terreno, retratando la experiencia particular de sembrar en casa, de manera privada, si puede denominarse así, y la experiencia comunal y solidaria de sembrar en un espacio para todos, con producción para el colectivo adyacente. Para los primeros, los domésticos, se les explican conceptos como mesas organopónicas de cultivos; para los segundos, camas o bancos; para los primeros y segundos se les enseña cómo reciclar desechos; para los primero se les explica cómo usar cualquier tipo de envases aprovechables; para los segundos, cómo cavar en el suelo.

La siembra urbana reviste un carácter político y económico estratégico que se debe comprender para no declinar en la misión de su implementación. Es de vida o muerte si pensamos que el petróleo, el oro o cualquier otro rubro finito e inestable es la base incierta de la economía del país; la tierra, por el contrario, su cultivo, su explotación sustentable, es una esperanza y medio de vida eternos. Se puede acabar el petróleo, el hierro o el oro, pero el suelo del planeta, junto al conocimiento humano para extraer de su matriz el pábulo, es un hecho permanente no sujeto a ninguna dependencia o crisis.