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La lógica de la emergencia (Bolivia)

Fuente: IPDRS
Autoría: Elizabeth Vargas Solá
Fecha: Jueves, 07 Julio 2016

Nuestro País sufre la abatida de la sequía con todos sus efectos. En Cochabamba, hasta fines de Junio de este año, 24 municipios se declararon en desastre, hay 24.181 familias y más de 18.000 Has de cultivos afectados. A nivel nacional, los otros departamentos afectados son La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca, Santa Cruz y Tarija.

Los productores agropecuarios campesinos y pobladores de zonas periurbanas son los más afectados. Para citar algunos ejemplos: En Tomave (Potosí), los productores reportaron un 75% de pérdida de su producción de quínua, en Pasorapa 1500 cabezas de ganado están en riesgo, en Pocona el 65% de las comunidades están afectadas, en Anzaldo hay 5 comunidades que no tienen agua ni alimentos. En Santa Cruz, los productores reportaron disminución en la superficie sembrada de soya, maíz, trigo y sorgo, en algunos casos hasta un 40% menos que en la gestión 2015. En la zona sur de la ciudad de Cochabamba, la población depende del agua de cisternas con un costo de 6-10 Bs/turril; suministro que a veces no llega a sus barrios.

La afectación por sequía es grande, y es quizá una de las peores que se ha vivido en los últimos años. Esta realidad nos muestra que aún no estamos preparados para enfrentar estas situaciones extremas, por efectos del Fenómeno del Niño o bien el Cambio Climático. Aparece la adversidad y recién todos se movilizan. Los municipios se declaran en desastre, solicitan ayuda al gobierno departamental y nacional; y los afectados exigen soluciones rápidas.

Nos movemos en la lógica de la emergencia, que implica atender afectados para mitigar los daños. Se entregan semillas, fertilizantes, alimentos, tanques de plástico, politubos, se hace el racionamiento de agua, se anuncia la llegada de cisternas y la perforación de pozos. Ayuda necesaria pero que no fortalece la capacidad de hacer frente estos cambios que estamos viviendo.

Nos falta avanzar en acciones estratégicas de mediano y largo plazo, que nos ayuden a prepararnos para enfrentar esta nueva realidad, una realidad de escasez evidente de agua. Los expertos indican que el costo de atender emergencias, a la larga es mayor que la inversión en adaptación al cambio climático.

Una de las acciones estratégicas es la investigación. En Bolivia se invierte muy poco en investigación para el desarrollo agropecuario, pero una investigación que sea participativa, de modo que los resultados se ajusten a la realidad de los productores, especialmente campesinos indígenas. Estudiar por ejemplo las bondades de la diversidad de variedades de cultivos locales en cuanto a su resistencia a la sequía, plagas, suelos con escasa fertilidad; alternativas locales de cosecha y uso del agua para riego; probar otras alternativas tecnológicas que se adapten a condiciones locales. Recientemente el periódico Página Siete publicó la investigación en México de un producto llamado “agua sólida” como alternativa de riego frente a situaciones de sequía.

Vivimos en una realidad de escasez de agua, por tanto es necesario movernos más allá de la lógica de la emergencia, fortalecer las acciones de prevención que disminuyan a la larga nuestra vulnerabilidad frente al Fenómeno del Niño y el cambio climático.

Por Elizabeth Vargas Solá, Ing. Agrónoma y Antropóloga