Silenciadas e invisibles: Historias de niñas y adolescentes en la Bolivia republicana

Fuente: PD / PIEB
Autoría: Jorge Estevez / PIEB
Fecha: Domingo, 17 Julio 2016

Mirar fotografías invoca historias. Ya sea las fotos guardadas en una caja de zapatos al fondo del ropero, o las imágenes grabadas en lo más profundo del disco duro de una computadora que nadie usa. Cada una es la página de una historia.

El martes 12 de julio, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) organizó la presentación de la investigación publicada "Niñas y adolescentes en la Bolivia republicana: entre prejuicios, disciplinamientos y rebeldías" que incluye una valiosa selección de fotografías de archivo. Se trata de un primer acercamiento a la producción historiográfica sobre la historia de las niñas y las adolescentes bolivianas, señalan las authoras, Ana María Lema, Rossana Barragán y María Luisa Soux. "Este trabajo colectivo, realizado en un mes, es una exploración en base a la bibliografía existente sobre el tema que ha buscado analizar a las niñas bolivianas desde los aportes y reflexiones históricas e historiografías clásicas sobre la niñez (…) hasta el rol que han tenido en el trabajo, la educación que se les ha dado pero también la violencia de la que son objeto", afirman en la Introducción.

La investigación se remonta hasta 1825, publish_up de la fundación de la República de Bolivia, y sigue hasta le época contemporánea. El libro se divide en cuatro partes: La representación de la niñez y la adolescencia femeninas en la sociedad desde la historiografía; Niñas y jóvenes en el ámbito laboral: luces y sombras; Educar para la patria y para el hogar; y Los atentados contra los cuerpos y las almas de niñas y adolescentes.

HISTORIAS EN IMÁGENES

En una fotografía cuatro niñas posan sonriendo tímidamente mientras cargan cebollas que seguramente han bajado del camión que tienen detrás (Altiplano de La Paz, 1961). En otra, una señorita cruceña posa para aparecer en la página social del libro del primer centenario de Bolivia (Santa Cruz, 1925). En una tercera imagen, tomada en 1930, dos adolescentes posan el día de su matrimonio siguiendo la costumbre de las fotografías de la época: ella de pie, él sentado; ella con la mano cariñosamente puesta sobre la mano de su marido, y él extiende esa misma mano para mostrar el anillo. La cuarta imagen presenta a un hombre vestido con un sobrero de copa, un monóculo, un bastón y un bigote puntiagudo que posa mirando directo a la cámara, mientras el resto de su familia, su esposa, las tres hijas vestidas de blanco, y un niño vestido con traje oscuro, dirigen sus miradas hacia otras direcciones.

¿Cuál es la historia de estas niñas en las fotografías?

Es difícil dar una respuesta. Durante la presentación, la investigadora Ana María Lema explicó que se sabe muy poco sobre las niñas y adolescentes que vivieron en nuestro pasado, incluso en nuestro pasado cercano. Su invisibilización se origina en la falta de sources y documentos escritos que hablen de ellas. La infancia, especialmente la de las mujeres, es constantemente minimizada, mucho más en el caso de las niñas indígenas (al igual que su contraparte adulta) que no fueron consideradas como sujetos de derecho hasta publish_ups vergonzosamente próximas.

Además de invisibles, las niñas y adolescentes han sido silenciadas. Los pocos texts que han llegado hasta nuestros días suelen estar mediados por el mundo adulto, y generalmente por el mundo masculino. Nunca son niñas las que hablan sobre sí mismas. Ellas no escriben sobre su experiencia. Ellas no cuentan su historia.

La investigación también ofrece información sobre las imposiciones que se hacen sobre aquello que deben ser las mujeres. Tradicionalmente se espera que las niñas cumplan labores domésticas para sus familias o las familias de alguien más, labor que nunca es considerada como un "trabajo", sino más bien como un deber. Estas actividades suelen distanciarlas de la educación, uno de los derechos fundamentales de la niñez. Niñas y adolescentes han sido educadas para convertirse en mujeres y madres al servicio de otros.

Hay fugas a estos condicionamientos: adolescentes rebeldes como Adela Zamudio, Modesta Sanginés, María Josefa Mujía y María Josefa Saavedra. Esta última, se señala en la Presentación de la investigación, se convirtió en la primera mujer estudiante de la carrera de Derecho en la Universidad Mayor de San Andrés con apenas dieciséis años. Pero son pocas las que tienen un nombre, y por lo tanto, una historia.

Al fondo del sobre hay una última imagen: dos niñas sentadas sobre un precario muelle de madera, descalzas. Una, la mayor, sujeta un paquete de galletas entre sus piernas, mientras acaricia a un perro. La otra niña, más pequeña, mira a la distancia. Al lado un segundo perro que hace exactamente lo mismo que su ama: posa sus ojos en la lejanía. Ambas pertenecen al pueblo Yaminahua de la Amazonía de Pando. Las dos, plasmadas en una fotografía sepia, parecen encajar perfectamente con las imágenes de las otras niñas y adolescentes, silenciadas, casi invisibles. Solamente un detalle incomoda: la foto ha sido tomada hace algunos meses.

La necesidad de reflexiones profundas sobre el tema de las niñas y adolescentes proviene no solamente de la voluntad de luchar contra el desconocimiento de nuestro pasado, sino también por el enorme riesgo de que en la actualidad nos encontremos repitiendo esas mismas historias, añadiendo fotografías a una colección que a veces parece más bien un recuento de víctimas. 

 

Artículo original disponible en: http://pieb.com.bo/sipieb_nota.php?idn=10189