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Una fracción de una tribu guaraní compuesta por seis personas mayores de edad y cuatro menores está acampada en Aceguá. Al ser hallados, todos dormían debajo de un nailon, en un cañaveral. Los niños comían trozos de la carne de un lagarto que cazaron en la noche anterior y asaron directamente a las llamas. El pastor Nepomuceno Castillo fue quien los encontró y, desde entonces, junto con familiares suyos y fieles de su congregación religiosa, comenzó a socorrerlos.

"Sé bien que es ese el estilo y la forma de vivir de una población indígena, pero nosotros no podíamos ver a esa gente con cuatro pequeños comiendo lagartos, comadrejas, mulitas, pájaros o cualquier otro animal salvaje; decidimos cocinarles en nuestra casa y ellos se mostraron enormemente agradecidos", dijo el pastor Nepomuceno Castillo.

Con las manos vacías.

La policía exigió a los indígenas que concurrieran a Migración e informaran el ingreso a Uruguay, orden que acataron. Al parecer provienen de Casa Pava do Sul, Brasil.

Ninguno tiene documentos, aunque el cacique del grupo, Juan Olivera, de 72 años, que habla tres dialectos guaraníes, portugués y español, muestra un carnecito artesanal, de cartón, con el cual pretende acreditar su pertenencia a una tribu. El cacique explicó a El País que hace 50 años un vecino de Aceguá le prestó el predio en el que vuelve a estar ahora, y fue un comisario de la época quien lo autorizó a acampar.

Los indígenas llegaron sin frazadas, ni colchones, platos, cubiertos o recipientes en donde guardar alimentos.

Los religiosos y vecinos higienizaron primero a los niños, les cortaron sus cabellos (porque tenían piojos), y les acercaron agua potable, carpas, platos, cubiertos, abrigos y alimentos. La policía de la subcomisaría de Aceguá les enseñó la ubicación del Comedor Municipal en el centro poblado, para que concurrieran a la cena que se sirve diariamente, pero los indígenas prefirieron ir a buscar los alimentos en un recipiente que les proporcionó un vecino y cenar en su campamento.

FOTO/ARCHIVO

Arte y salud.

El vecino de Aceguá Ramón de Souza, dijo a El País que la condición de la gente acampada es "lamentable, paupérrima, le hemos acercado de todo y los niños tienen hambre, están resfriados y con tos".

Como hace algo más de una semana que los indígenas están en Aceguá, ya han podido producir algunas artesanías y ponerlas a la venta, porque ellos quieren comprar sus alimentos.

Trabajan con madera y caña de bambú o caña tacuara.

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