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Las mujeres juegan un rol importante en la agricultura familiar campesina, desde desempeñar actividades productivas, de transformación y comercialización de productos, sin dejar de lado las actividades reproductivas y de cuidado que históricamente les han sido delegadas. Sin embargo, este rol no es reconocido a pesar de que el 25% de unidades productivas agrícolas en Bolivia están a cargo de las mujeres (Cedla:2016). Es así, que el aporte de las mujeres sigue siendo invisibilizado, y su aporte solo es considerado como “ayuda” y no como trabajo.

En los últimos años la responsabilidad de la producción agropecuaria ha pasado a ser liderada por las mujeres debido a la migración temporal de los varones en la búsqueda de nuevas fuentes de ingreso esto debido a la afectación de los efectos del cambio climático y el incremento de la vulnerabilidad a las amenazas de riesgo como sequía, heladas, granizo y otros que han incidido en la productividad agrícola.

Por otro lado, respecto a la normatividad los avances tampoco han garantizado el acceso a recursos como la tierra, el agua, la asistencia técnica, los insumos para la producción, y el acceso a infraestructura productiva, aún en algunas comunidades siguen vigentes las prácticas culturales que se prioriza a los varones en relación a las mujeres. Es por tanto fundamental, que se busquen alternativas y medidas para el cumplimiento del acceso a recursos.

Otras de las actividades en las que la mujer ha ido incursionando y ha sido espacio para visualizar su liderazgo, en algunos casos, son las acciones de transformación de productos, vinculados a las Organizaciones Económicas Campesinas (OECAs) que ha permitido el desarrollo de nuevas habilidades y destrezas, aunque no se puede negar que esta autonomía y fortalecimiento del liderazgo de las mujeres no ha garantizado que se logre la corresponsabilidad en los roles reproductivos, a pesar de que estas acciones tienen principios de justicia social y sostenibilidad. Por otro lado, por la diversidad de intereses tanto de los hombres como de las mujeres, la participación de ellas es mínima en espacios de decisión de las OECAs,

Es así que sigue habiendo la necesidad de integrar la perspectiva de género en la agricultura familiar en general para transformar las relaciones de poder y los roles asignados a las personas de distintos géneros, convertir sus emprendimientos en espacios de fortalecimiento y empoderamiento, así como promover la construcción de masculinidades como parte de la deconstrucción del patriarcado y como una herramienta para promover la igualdad de género; promover la autonomía de las mujeres campesinas no sólo es posible con el reconocimiento de su trabajo y logrando la corresponsabilidad de los hombres en las tareas del hogar, sino también reconociéndolas como actoras económicas.

FUENTE: LOS TIEMPOS

 

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