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Foto: PROBIOMA

Foto: PROBIOMA.

El día de ayer, 15 de octubre, en el seminario ¿Por qué no queremos transgénicos en Bolivia?, realizado en La Paz, varios investigadores y población en general expusieron los argumentos económicos, ambientales y culturales para decir no a los transgénicos, como parte de la política agraria, que desde los gobiernos se justifica principalmente tras la búsqueda de seguridad alimentaria y desarrollo económico de la ruralidad de Sudamérica.

Peralta, agrónomo paraguayo especializado en agroecología, desde la experiencia de la intromisión de eventos transgénicos de maíz en Paraguay, señala “estas medidas más que favorecer a los pequeños y medianos productores están dirigidas a las grandes empresas agrícolas”. Pero los efectos, los adversos, esos si afectan a familias que centran su reproducción en la producción agropecuaria, tal el caso de los productores que combinan y diversifican su  economía familiar entre la agricultura y la apicultura, que como señala el investigador, tras una preocupación que de manera inicial se expresa en que “las familias han reducido las cajas de miel que disponían porque cada vez -en las zonas con intromisión de eventos de transgénicos- las abejas son menos”, se evidenció menores niveles productivos de miel en estas zonas.

Por otra parte enfatizó que la intromisión de maíz transgénico -en el caso de Paraguay- también impacta en la perdida de identidad, puesto que las variedades producidas, más allá de ser reserva de una riqueza genética, son también elementos centrales de la sociabilidad en la que se construye las identidades culturales de los y las pobladores.

Aymara Llanque, parte de la plataforma Bolivia libre de transgénicos, señalo la importancia de entender políticamente la intromisión de transgénicos en nuestros países, los cuales pueden ser leídos bajo la clave de la “continuidad de la colonialidad en el capitalismo”.

Entre otras voces, Carlos Lemúz, presidente de la Sociedad de Arqueología de La Paz, a partir de una comprometida y larga investigación arqueológica sobre el maíz en Bolivia,  señala que éste es una “herencia viva de un pasado profundo” que además de ser parte de la riqueza alimentaria de nuestros antepasados “fue un elemento ritual y religioso central” que ha articulado nuestro territorio.

Asimismo con base a estos resultados, Lemúz dio lectura, para la posterior recolección de firmas, de un documento que será presentado al Ministerio de Culturas, para que se declare “al maíz nativo patrimonio genético y cultural de los bolivianos”, pedido respaldado en el artículo 7 de Ley Nº 530 de Patrimonio Cultural, aprobada en 2014.

Esta iniciativa respaldada por varios colectivos, instituciones, investigadores y organizaciones de productores y consumidores comprometidos con la salud, el ambiente y la alimentación sana y digna, señalan que es un paso más frente a la intromisión de transgénicos, que no da tregua en nuestros territorios, y que con medidas como la aprobación de la Ley Nº 303 “Ley de Aditivos de origen vegetal”, promulga en septiembre del año en curso por el gobierno de Morales, son entendidas como parte de un mismo modelo de agroindustria que justifica tras la seguridad alimentaria, la biotecnología y el desarrollo rural, los transgénicos, agro combustibles y el potenciamiento de grandes capitales.

 

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