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En abril de 1974, en pleno milagro brasileño, durante los años de plomo de la dictadura militar, dos docenas de indígenas se reunieron bajo unos árboles de mango, Diamantino (estado de Mato Grosso).

Era abril. Se realizaba una celebración diferente. El Hecho marcaría profundamente la lucha de los pueblos indígenas en Brasil. Se sembraban las semillas de un nuevo movimiento indígena en el país. En 10 años siguientes, se efectuaron más de 50 Asambleas Indígenas en todo el país. La segunda tuvo lugar en Cururú, territorio Munduruku, y la tercera se llevó a cabo en Meruri, territorio Bororo. Fue al calor de estos momentos de encuentros regionales y nacionales que, en 1980, surge la Unión de Naciones Indígenas (UNI). A pesar de las dificultades y la fragilidad inicial de la organización indígena de alcance nacional, fue un paso importante en la consolidación de las luchas de los pueblos indígenas por sus derechos.

Hace 40 años, se daba un paso decisivo hacia las conquistas fundamentales, particularmente en la cuestión de la propiedad de los territorios tradicionales, en la perspectiva de la autonomía, como consta en el acta del encuentro: los indios redescubrieron que podían ser sujetos de sus vidas, no era que la Funai, ni las misiones quienes resolverían sus problemas, sino ellos mismos”, como afirmaron con insistencia. A pesar del apoyo inicial del Consejo Indígena misionero (Cimi), en muchos momentos, ellos estuvieron sin la presencia de los blancos, para trazar sus estrategias de lucha. Esta primera Asamblea fue registrada en forma silenciosa por el padre Iasi, como consta en el Boletín n° 10, de mayo de 1974. Iasi, vive actualmente en Belo Horizonte, Estado de Minas Gerais, habiendo cumplido 95 años el pasado 5 de abril.

"Cuarenta años más tarde, una delegación de indígenas de Mato Grosso está en Brasilia para decir: ¡nosotros existimos!". A pesar del genocidio haber continuado, también se fortalece nuestra lucha, principalmente por el reconocimiento y la garantía de nuestros territorios”, expresa Faustino Tucumã Kayabi.

Recuerda que en esas cuatro décadas mucha lucha fue librada, muchos murieron luchando por los derechos, pero más combatientes nacieron, los pueblos se levantaron y sus lenguas fueron reconocidas. "Estamos sufriendo por la expansión del agro-negocio, con la construcción de represas e hidrobias. Muchas de nuestras tierras son invadidas y otras no son demarcadas, como la de los Chiquitanos”, declara Faustino.

Los indígenas tendrán una semana de encuentros en varios ministerios, en la Cámara y el Senado, así como con los órganos vinculados a la cuestión indígena. La comitiva entregará documentos exigiendo la demarcación de sus tierras, el derecho de los pueblos aislados. También manifestaran su preocupación por el sufrimiento y las agresiones de diversos pueblos indígenas en todo el país, especialmente los Guaraní Kaiowá en Mato Grosso do Sul, los Tupinambá del sur de Bahia, los Kaingang en Rio Grande do Sul, entre otros.

De Cimi, tales luchas tienen un significado especial, ya que fue en la región de estos pueblos de Mato Grosso donde se desarrollaron y concretizaron actitudes valientes de ruptura, como en el caso de los jesuitas en Utiairiti y los salesianos en su compromiso de por vida con los Bororo y los Xavante. Fue como consecuencia de esta nueva actitud radical de defensa de la vida y la cultura de estos pueblos que fueron asesinados Simón Bororo y el padre Rodolfo, a mediados de 1976 y el padre João Bosco, en el mismo año. Diez años más tarde fue asesinado el Hermano Vicente Cañas, quien trabajaba con los Enawene NAWE. Semillas de sueños y de martirio, sembradas creyendo que un nuevo mundo es posible.

Derechos amenazados

En contacto con los diversos espacios de poder, los indígenas pretenden dar visibilidad al manifestar su preocupación, a la paralización de la demarcación de los territorios tradicionales. También dirán ¡no! a la intención del Ministro de Justicia, de cambiar atropelladamente, la dinámica del procedimiento de demarcación de las tierras indígenas, la imposición del decreto de muerte, la Ordenanza 303 de la Procuraduría General de la Unión (AGU, sigla en portugués), además de varias ordenanzas, como las 215 y 227, que pretenden abolir derechos constitucionales.

La delegación de indígenas de Mato Grosso, viene a dar continuidad a las luchas históricas de estos pueblos para ampliar y consolidar alianzas, exigiendo sus derechos y denunciando todas las formas de violaciones. "En el estado de Mato Grosso, el agronegocio se impone sin respetarnos. Dónde existe vegetación tipo cerrado quieren soya. Donde hay bosque, quieren sacar la madera, donde existe un río, quieren hacer una represa [hidroeléctrica]. Así, nuestro aire y agua están siendo envenenados por agrotóxico.

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