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Por Aurelio Suárez Montoya

Es, en últimas, una contribución para construir entre todos una Nueva Democracia. Con otros valores sociales, venidos de raíces ancestrales, pero pensando en el futuro de la Nación y cuya aplicación real exige otro Estado, por lo cual los cancerberos del establecimiento los acusan de subvertir el orden e invocan a que se les reprima.

A la hora de los balances finales se usa definir el personaje del año. Analistas, medios de comunicación y distintos centros seleccionan, acorde con el impacto de los hechos acaecidos o con la concordancia de estos con los fines que las distintas instituciones persiguen, a quien o a quienes representen una enseñanza para la sociedad o que con su ejemplo marquen rumbos hacia delante. Al mirar en retrospectiva los acontecimientos, bastantes calamitosos por cierto, la escogencia para 2008 no resulta fácil.

Sin duda, tiene máxima relevancia el "infarto neoliberal", con epicentro en Wall Street, que hizo una ruptura -con secuelas todavía incalculables- en el ciclo de "crecimiento económico" que terminó con el estallido de la burbuja especulativa plena de toda suerte de pirámides.

Y, concomitante con esto, la derrota casi sin precedentes del partido republicano en Estados Unidos y el recambio que conlleva en nuevas políticas en el firme propósito bipartidista norteamericano de conservar la hegemonía. Contradicciones entre Europa y la Superpotencia, el ímpetu con que China, India y Rusia pujan por mayor influencia global, que envuelve el control físico de fuentes de energía y de materias primas; y, así mismo, eventos en América Latina, incluido Colombia, con su compleja y dramática situación, sobresalen como sucesos que delinean nuevos desarrollos del acontecer para los tiempos venideros.

La realidad nacional inmediata brinda, en medio de todo, un modelo digno de resaltar. En las retinas de millones de colombianos persisten las imágenes de decenas de miles de indígenas marchando por las carreteras de Colombia, desde el Cauca y todos los resguardos del país. En Minga. El observador común supone que fue un acto de protesta pública y pacífica por reivindicaciones étnicas, que es también una de las versiones oficiales, la amable. La otra, la que el gobierno prefiere, y con la cual justificó su crueldad contra la Minga, fue calificarlo como acto "terrorista", añadiendo una dosis de racismo. Son "los hijos de Quintín Lame", dijo Francisco Santos.

No obstante, y por eso la Minga es el personaje 2008, la propuesta indígena, difundida en decenas de documentos (que hay que leer), trasciende sus territorios, su Pacha Mama. Es un mensaje de dignidad y solidaridad para todos los colombianos, de unidad nacional en torno a lo que proponen como puntos de unificación. Es, en últimas, una contribución para construir entre todos una Nueva Democracia. Con otros valores sociales, venidos de raíces ancestrales, pero pensando en el futuro de la Nación y cuya aplicación real exige otro Estado, por lo cual los cancerberos del establecimiento los acusan de subvertir el orden e invocan a que se les reprima.

¿No une al 90% de los colombianos la prédica por un nuevo modelo de desarrollo cuando el vigente, el del "libre comercio", el de los TLC, está explotando en átomos? ¿Sólo cobija a los pueblos indígenas el que se reverse la "legislación de despojo", entre las que fácilmente podría incluirse no sólo el Estatuto Rural sino también las privatizaciones y los megaproyectos expulsores de miles de familias, entre otros? ¿Es exclusivo de esas comunidades demandar protección frente a un régimen que está mancillado, y más todavía en su condición de autoridad, con miles de casos criminales de sus agentes contra la población civil?¿ Compete apenas a los indios demandar que Colombia tenga una agenda propia, no dictada por extraños; en otras palabras, que ejerza su soberanía?

La Minga eleva a un plano superior la movilización social, la cual en muchos casos se limita a los reclamos particulares de los sectores. Ojalá, "como palabra que camina", los puntos de la Minga se difundan por toda la geografía nacional. No es sólo una marcha, es un proceso que apenas inicia.

Si bien estos puntos de cohesión son la cara visible de la Minga, el mensaje encubierto de libertad, dignidad y solidaridad que inculca es aún más fuerte. La crítica reiterada a los movimientos sociales, que no "aportan", se derrumba ante la Minga. Ella es, ante todo, una propuesta de un mundo antípoda al neoliberal del individualismo, "del sálvese quien pueda", y propala que la mala fortuna de una persona no es una buena noticia para las demás.

El cotejo de esta visión con la de los linces de Financial District, no resiste análisis. Ni tampoco cuando se confronta, como en el consejo comunal en La María, el estilo del gobernante, que recurre al truco politiquero, con la verdad firme y clara que salía de la voz de consejeros y consejeras indígenas. Una diferencia antagónica, que se verá más en tanto crezca su lucha; la cual, como dice el himno del pueblo Nasa, será "hasta cuando se apague el sol".

www.servindi.org/actualidad/6269

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