Del Acuerdo a los hechos
El Estado ya tomó su decisión, la Constitución es clara en señalar que Colombia es un Estado social de derecho y aquí la propiedad tiene una función social y ecológica.
La Ley 160 de 1994 ya se fijó como propósitos corregir los fenómenos de concentración inequitativa y fragmentación antieconómica de la propiedad, así como el de regular la ocupación y aprovechamiento de las tierras baldías, dando preferencia en su adjudicación a los campesinos o colonos de escasos recursos, propósitos que recoge el punto 1 del Acuerdo Final.
Pero ¿quién cumple la Constitución y la ley? Colombia tiene una tradición jurídica de rimbombantes declaraciones de intención a través de las leyes y una cultura de jugaditas del poder ejecutivo y la rama legislativa para evadir el cumplimiento de la Constitución.
El gobierno y el Congreso no paran de hacerle trampas al problema de la distribución y productividad de la tierra, incumpliendo o evadiendo el cumplimiento de las normas dispuestas para su ejecución.
Por el contrario, para acentuar estos problemas se crearon herramientas como la Ley de ZIDRES o se aceptó la inoperancia de la Agencia Nacional de Tierras para formalizar los títulos de propiedad y la recuperación de baldíos indebidamente ocupados.
No en vano la Procuraduría recomienda cumplir las normas que ya están establecidas desde la Ley 160 de 1994 para la distribución y recuperación de baldíos.
¿Dónde están los procesos disciplinarios contra los servidores públicos que siguen sin dar cumplimiento a estas normas? ¿Cuál es su resultado? ¿Quién hace cumplir la ley?
¿Cómo le afecta a usted este tema?
La producción de carne concentra la actividad agropecuaria y sus ingresos se limitan a unos pocos. Además, esta actividad no produce seguridad alimentaria y mucho menos garantiza la soberanía alimentaria.
Los hogares vulnerables no consumen alimentos en cantidad suficiente, una dieta basada en proteínas es inaccesible para los hogares vulnerables y deja un gran efecto ambiental. Colombia no produce suficiente maíz, trigo, lenteja y soya, productos base para la elaboración de alimentos para la actividad pecuaria y para el consumo humano.
Por eso somos el tercer importador de maíz e importamos el 80% de la papa. Esto explica el reciente aumento de precios de los alimentos: es una respuesta a la incapacidad de la producción nacional de ser sostenible para garantizar la nutrición y alimentació adecuada de personas y animales.
En estas condiciones, conviene preguntarse si no debemos reorientar el uso del suelo hacia la garantía de la soberanía alimentaria de toda la ciudadanía colombiana y con ello mejorar las condiciones de vida de toda la población.