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Economista y mano derecha de Luiz Inacio Lula da Silva en su gobierno, la presidenta electa de Brasil, Dilma Rousseff, de 62 años, consiguió el favor del electorado prometiendo continuidad de las políticas sociales que sacaron a 29 millones de brasileños de la pobreza.

Acabar con la miseria en la que viven más de 20 millones de brasileños fue el primer compromiso asumido por Rousseff la noche del domingo, tras la elección.

"Mi objetivo es que nuestro país -uno de los más desiguales del mundo- se convierta en una nación de clase media", ha dicho la flamante presidenta a la que Lula sacó del anonimato para hacerla su sucesora.

Una dama de hierro que militó en la guerrilla durante la dictadura, Rousseff, de 62 años, ha defendido el actual modelo económico de respeto a la ortodoxia fiscal, pero también quiere un estado fuerte, con fortalecidas empresas y bancos públicos, una tendencia que inauguró el actual gobierno.

Rousseff se comprometió con el ahorro público, el control de la inflación y trabajar para conseguir tasas elevadas de crecimiento económico, pero también rechaza "las visiones de ajuste que recaen sobre programas sociales y servicios esenciales a la población".

Los mercados temen que ceda a tentaciones de expansión del gasto público que desestabilizarían la creciente solidez del país, y también a su moneda hipervalorizada. Pero "si existe una lección aprendida por su Partido de los Trabajadores es que sus planes de permanencia en el poder dependen del compromiso con la estabilidad de precios" y la sustentabilidad del Estado, destacó la consultora C.A.C.

Rousseff defiende la actual política exterior que favorece las relaciones con el Sur, la presencia de Brasil en los foros internacionales junto a las grandes potencias, y las relaciones cordiales con Irán.

"Serán estilos diferentes, los de Lula y los de Rousseff, pero las grandes líneas de la política exterior serán las mismas", aseguró la noche del domingo a la AFP el canciller Celso Amorim, quien no confirmó si permanecerá en el gobierno cuando la flamante presidenta asuma el cargo el primero de enero.

En el área ambiental, Rousseff -criticada por sus detractores por su cercanía con el agronegocio que empuja la frontera agrícola a expensas de la naturaleza- ha prometido intensificar la lucha para reducir la deforestación amazónica, y acatar el compromiso brasileño de reducir las emisiones de gases con efecto invernadero en 39% hasta 2020.

 

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