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Cristina Fernández llegó anoche a la austera capital de Guyana, con el fantasma de la muerte de Néstor Kirchner sobrevolando la IV Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), que enfrenta la sucesión inesperada de su secretario general. Pese a que en los últimos días el ecuatoriano Rafael Correa puso a rodar los nombres de Lula da Silva, Michelle Bachelet y Tabaré Vázquez como posibles reemplazantes de Kirchner, cubrir esa vacante se ha vuelto más sensible de lo que parecía. La mayoría de las delegaciones consideraban ayer como casi imposible que ello ocurra en este encuentro que termina hoy en Georgetown, donde además Guyana pasará a ejercer la presidencia pro tempore que hasta ahora tuvo Ecuador.

Hoy, los presidentes abrirán su plenario con un homenaje a Kirchner. Y ayer lo hicieron los cancilleres, que no debatieron formalmente el futuro de la secretaria general. El canciller Héctor Timerman remarcó a este diario que Argentina "apoyará al mejor". Pero recordó también que el mandato argentino en la secretaría que debía ocupar Kirchner por dos año s aún no se había vencido . Lo cierto es que Lula y Bachelet oficializaron que no competirán en esta carrera y Vázquez -que siendo presidente vetó la candidatura de Kirchner- no ha dicho ni "mu". Tampoco Cristina. quien ayer sí se hizo un momento en Buenos Aires para anunciar la reapertura de la embajada argentina en Guyana.

Anoche, los cancilleres acordaron una "Cláusula Democrática" que ahora debe ser aprobada por los presidentes. Esta fue disparada por la rebelión policial en Ecuador del 30 de setiembre, y que Correa denunció como intento de golpe. Ayer, hubo diferencias (luego consensuadas) en cómo imponer la cláusula, que contemplará sanciones comerciales y comunicativas -como el cierre de fronteras- para aquellos países donde el sistema democrático se vea amenazado o quebrantado. La Unasur hoy avanzará también en una declaración sobre Malvinas aún más fuerte que las anteriores, dijeron fuentes argentinas.

Con un viaje limitado en tiempo al máximo, la Presidenta partió ayer cerca de las 17 en un avión privado y acompañada sólo por su vocero, Alfredo Scoccimarro. Al llegar, se zambulló en el hotel Princess, ubicado en las afueras de Georgetown, ciudad que conserva el idioma y los autos con volante a la derecha como resabios de su época de colonia inglesa, pero que tiene altos niveles de pobreza. La mayoría de las casas son de madera, hay vacas y perros flacos en calles y carreteras; las cloacas están a la vista.

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