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El pasado 25 y 26 de setiembre se realizó en Paraguay un simposio internacional para discutir acerca de la controversia científica que genera el empleo de transgénicos, plaguicidas y sus posibles derivaciones en la salud humana. Según la doctora investigadora Stela Benítez la venida de los investigadores fue buena para mostrar que se está haciendo lo que no se debe: se está experimentando a nivel planeta, con la biodiversidad y con los seres humanos.

El simposio fue organizado por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción. En su primer día juntó a al menos 500 personas, entre estudiantes, médicos y referentes de organizaciones sociales. Fueron los disertantes internacionales John Fagan y Damián Verzeñasi. El evento abrió con un homenaje al embriólogo argentino Andrés Carrasco, recientemente fallecido.

En este evento que reunió a más de 500 estudiantes de ciencias agrarias de FACEN de la cátedra de biotecnología, médicos, estudiantes de medicina, residentes médicos y otras personas interesadas (ya que el acceso fue gratuito), se acercó a participantes un nivel académico de expositores muy alto, según la doctora. “Si bien se llevó en término de controversia, en realidad, para ellos no existe controversia, en el sentido de que manipular genéticamente cualquier organismo vivo es muy serio. No es solo cambiar ese aspecto de ese código, son todos los cambios que pueden ocurrir en la célula, en los tejidos, en ese organismo vivo y sobre todo en su entorno”.

Un modelo que usa más y más plaguicidas
La dra. explicó que el glifosato se utiliza en la soja (transgénica) que es resistente a este veneno de manera a que la labranza sea cero. Si bien las malezas tradicionales quedan fulminadas, ya es posible ver que se producen hiper malezas o malezas resistentes a él, lo cual lleva a que se utilice mayor cantidad de glifosato y otros componentes más tóxicos como el 24D paraquat atrazina.

“Entonces estamos hablando de un modelo que vino para decir que utilizaba menos plaguicida, pero en en la práctica usa más. Y por otro lado, hay una mezcla con plantas autóctona, puede haber hibridación y podemos perder autonomía en cuanto a nuestra biodiversidad. Esto tiene mucha importancia cuando nos referimos al maíz ya que es la base de la alimentación en nuestra población. Lo modifican a través de una toxina, una bacteria, para que sea resistente a algunas plagas. Eso lo mostró muy bien el ingeniero agrónomo Rubén Sodari, cómo en algunas zonas del Brasil, de África, en que ya las plagas se hacen resistentes y luego el maíz modificado genéticamente tiene también el gusano pero ya está modificado”.

En el ser humano…
Según la investigadora, lo que se encontró en modelos animales es que hay mayor riego de teratogénesis (malformaciones anatómicas) o daño a nivel de hígado, riñón y cáncer en ratas. Además existen varios estudios que alegan que por la complejidad y la introducción de una proteína extraña puede haber mayor propensión a las alergias, a la resistencia antibiótica.

En todo esto, la doctora aclaró que solo refirieron a algunos aspectos puntuales, es decir, no hicieron mención de otras derivaciones como lo económico que tiene que ver con la expulsión de campesinos y a la pérdida de nuestra cultura, tampoco en cuanto a lo nutricional. “No nos queda otra cosa como ciudadanos que tener conocimiento de qué es una planta transgénica, de todos los riesgos potenciales que puede tener, de exigir, por lo menos, el etiquetado de los alimentos modificados genéticamente y de ejercer nuestro derecho a defender nuestra biodiversidad”, dijo la dra. Leite en una síntesis de evaluación de lo que fue este encuentro.

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