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Los pueblos se basaron en indicadores biológicos, meteorológicos, cósmicos y de los sueños para saber las condiciones climáticas.

Esas comunidades desarrollaron tres tipos de predicciones: saber el comportamiento de las lluvias dentro de uno o varios años, después de 15 días o en un solo día, lo cual les permitió organizarse y determinar qué hacer o qué sembrar durante una campaña agrícola, cuenta Galo Ramón, especialista en historia andina y latinoamericana.
 
Pero para realizar estas predicciones, de acuerdo con las investigaciones realizadas, se basaron en cuatro clases de indicadores que tenían que ver con la observación de los cambios registrados a su alrededor o en el cielo.
Ramón señala que las guías biológicas que usaban los pueblos indígenas consistían en la observación del comportamiento de los animales: insectos, sapos, lombrices, aves, además del florecimiento de las plantas y de los árboles.
 
Por ejemplo, en la Sierra sabían que el año no tendría muchas lluvias porque las lagartijas ponían sus huevos en aberturas verticales, pues así protegerían y conservarían la temperatura; sin embargo, cuando lo hacían de forma horizontal, era señal de la presencia de aguaceros.
 
El experto indica que en la Costa sabían de la llegada del fenómeno El Niño, en diciembre, por el aparecimiento abundante de la concha spondylus que se halla solo en mares calientes y que, según los shamanes que las observaban, era el anuncio de la llegada de las lluvias. La spondylus era el ‘muyo’ o alimento de los dioses y su transporte se hacía por las grandes rutas que llegaban al Perú.
 
Asimismo, se dice que observaban el aparecimiento de las Pléyades, un grupo de siete jóvenes estrellas de la constelación de Orión. Si era de forma temprana, se anunciaba eventualmente la presencia de El Niño y los shamanes también se guiaban por eso.
 
Los indígenas eran buenos observadores celestes, refiere el historiador Galo Ramón. Ellos se fijaban en la posición de los astros para saber si habría o no presencia de lluvias. Miraban cómo estaba el Sol, la Luna, las estrellas, las Pléyades y más. A todos esos indicadores se suman las revelaciones que recibían los shamanes a través de los sueños. Cuando ellos estaban en alucinación o poseídos por los dioses, recibían mensajes de cómo actuar. Los dioses eran caprichosos y así como podían hacer que una mujer se enamorara de quien lo pidiera y concederles otros deseos, eran capaces de mandar un terremoto, una lluvia, una helada o una granizada.
 
FUENTE: EL DIARIO 
 

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