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La organización destaca en la nueva edición de El Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación, publicado a comienzos de octubre, que no se conoce si su uso beneficia al medioambiente.

Así, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) echó un balde de agua fría a quienes defienden esos combustibles obtenidos de la agricultura como una alternativa barata y limpia frente a los derivados del petróleo.

Por esos motivos, el director de la FAO, Jacques Diouf, pidió que se revisen las políticas sobre el tema, salvo en el caso de Brasil, pionero en esta fuente de energía.

Desde hace 30 años este país usa masivamente etanol, obtenido de la caña azucarera para mover su flota de vehículos comerciales, mientras que la agroenergía cuenta con una industria de alto peso.

Por ejemplo, este año Brasil producirá 25.500 millones de litros de etanol, de los cuales exportará 4.200 millones y se prevé un aumento del 150 por ciento en la demanda interna en unos ocho años.

Tanto el Gobierno como los empresarios niegan que el uso masivo de caña influya en los precios de los alimentos, mientras que prevé expandir su producción con inversiones por unos 24.000 millones de dólares.

Una de las estrategias de Brasil es fomentar un mercado internacional para que el etanol sea comercializado como una materia prima y para eso busca acuerdos con países con disponibilidad de tierras, agua y mercados.

Sin embargo, para Diouf no hay lugar a dudas de que los biocombustibles generados a partir de las cosechas de cereales "han contribuido a la reciente fuerte subida de los precios de los alimentos", que ha hecho aumentar el número de hambrientos en el mundo de 848 millones a 923 millones de personas.

México fue uno de los países más golpeados por la crisis de los alimentos cuando los Estados Unidos comenzaron a usar su maíz para producir etanol, lo que encareció desde los precios de las tortillas, alimento básico de millones de mexicanos y centroamericanos, hasta los de la carne y los huevos.

Tal vez por eso, en ese país la producción es incipiente y el Gobierno prohibió el uso de cualquier tipo de grano de consumo humano o animal para producirlos.

Hasta las pequeñas economías de Centroamérica tienen interés en el tema. Para satisfacer sus necesidades de tecnología, la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica), montará dos plantas de producción en Honduras y Guatemala; una de estas comenzó a operar en El Salvador en septiembre pasado. Estos proyectos hacen parte del Proyecto Mesoamericano de Biocombustibles, que es parte del Plan
Puebla Panamá.

Costa Rica, por su parte, comenzó este año un programa del que espera que en 2009 comenzará a utilizarse etanol y biodiésel en los automóviles.

Los otros de Suramérica

Colombia, el segundo productor de biocombustibles de Latinoamérica, con unos 365 millones de litros anuales de etanol de caña y 73 millones de litros de biodiésel, es el más entusiasta en la producción.

En el país funciona una refinería de biodiésel y seis de etanol de caña y lleva a cabo varios proyectos de producción de alcohol a partir de remolacha y yuca.

Por su parte, Perú le ha apostado a la producción, pese a que le faltan campos para cultivar 200.000 hectáreas de canola, materia prima del biodiésel, o las cerca de 100.000 hectáreas necesarias para atender la demanda local de etanol.

En Argentina, que exportó el año pasado 319.093 toneladas de biodiésel, en su mayor parte al mercado estadounidense, la Secretaría de Agricultura tiene un programa que estudia el cultivo con fines energéticos de la jatropha y el cocotero en áreas que no
 compitan con el área agrícola.
El país produce otras oleaginosas que destina al biodiésel como la colza y el cártamo.


LOS PAÍSES QUE VAN EN CONTRAVÍA
La voz principal contra los biocombustibles es la del expresidente cubano Fidel Castro, cuya producción, a su juicio, ocasionará un auge de la demanda, un alza
colosal de los precios de las materias primas alimentarias y una crisis humanitaria de
 consecuencias trágicas.
Sin embargo, Cuba no está fuera de esta carrera, ya que firmó un acuerdo para instalar once plantas de etanol y desarrollar la producción caña en Venezuela, país que
nada en petróleo.
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, considera como crimen producir etanol derivado del maíz, porque atenta contra la alimentación de sus compatriotas, pero
una empresa nicaragüense exporta el producto a Europa.
También en Bolivia, el Gobierno se opone al uso de productos agrícolas para producir biocombustibles, pues lo ve como un riesgo para la seguridad alimentaria.

6.000 millones de pesos invertirá Corpoica durante este año para el montaje y la puesta en marcha de tres plantas piloto para producción de biodiésel en El Salvador,
Guatemala y Honduras y otros 3.800 millones de pesos para una de etanol en Frontino
 (Antioquia).

 

www.portafolio.com.co/negocios/agronegocios/2008-10-25/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_PORTA-4623658.html