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Un sistema alimentario mundial en crisis y los efectos del cambio climático están echando por tierra décadas de avance en la lucha contra el hambre, según se desprende de un nuevo informe hecho público hoy por Oxfam. La escalada del precio de los alimentos y las crisis alimentarias que se suceden constantemente en diferentes regiones del mundo arrastrarán al hambre a millones de personas más en los próximos años, a no ser que transformemos la manera como producimos y compartimos los alimentos.

El nuevo informe "Cultivar un futuro mejor" identifica los síntomas del sistema alimentario defectuoso: crece la población que sufre hambre, no aumenta el rendimiento de las cosechas, hay una lucha por la tierra fértil y el agua, y en los próximos años seguirán al alza los precios de los alimentos. El informe advierte de que hemos entrado en una nueva era de crisis donde el agotamiento de los recursos naturales de la tierra y los impactos del cambio climático, que crecen en número y en intensidad, arrastrarán a más millones de personas al hambre.

  • Una nueva investigación de Oxfam predice que el precio de los alimentos básicos como el maíz, ya hoy en su punto más alto, aumentará más del doble en los próximos 20 años. La mitad de este aumento se deberá al cambio climático. Los más afectados serán las personas más pobres del planeta, que gastan hasta el 80% de sus ingresos en comida.
  • Ocho millones de personas, la gran mayoría mujeres y niños, se enfrentan a la escasez crónica de alimentos en el Este de África. El aumento de las crisis regionales y locales podría significar que las peticiones de ayuda alimentaria en los próximos 10 años se multiplicaran por dos.
  • Hacia el año 2050 la demanda de alimentos se incrementará en un 70%, y sin embargo la capacidad para incrementar la producción de alimentos está en descenso. La tasa de crecimiento promedio en el rendimiento de las cosechas se ha reducido a casi la mitad desde 1990 y está previsto que se reduzca a menos del uno por ciento en la próxima década.

Oxfam lanza hoy una nueva campaña mundial donde aboga por un mundo donde todo el mundo tenga suficiente para comer hoy y siempre. CRECE, la campaña de Oxfam, pondrá al descubierto aquellos gobiernos cuyas políticas equivocadas están sosteniendo este sistema alimentario roto y también pondrá al descubierto el poderoso y pequeño grupo, entre 300 y 500 compañías, que se benefician de la situación y hacen presión política para mantener el status quo. Por ejemplo:

Comercializadores: Cuatro compañías  controlan la comercialización de la mayoría de los alimentos en el mundo. Tres de estas compañías, Archer Daniels Midland, Bunge y Cargill, controlan aproximadamente el 90 por ciento del comercio mundial de grano. Sus actividades contribuyen a la volatilidad de los precios de los alimentos y eso los beneficia. Durante el primer trimestre del 2008, en el apogeo de una crisis global de precios de alimentos, las ganancias de Cargill aumentaron en un 86 por ciento y la compañía va ahora camino de conseguir su año más rentable en base a las futuras interrupciones en el suministro mundial de alimentos.

India y Guatemala

Guatemala: es el caso paradigmático de la desigualdad aplicada al sistema alimentario. Mientras que uno de cada dos niños menores de cinco años sufre desnutrición crónica, cifra que se eleva al 70% entre los niños y niñas indígenas, el 80% de la tierra productiva está en manos del 8% de la población. Una élite minúscula que se enriquece con cultivos para la exportación mientras que los niños no tienen acceso a alimento suficiente y de calidad. En el otro extremo, el 5,6% de los niños sufren obesidad, la mayor parte de ellos concentrados en la ciudad.

India: A pesar de duplicar el tamaño de su economía entre 1990 y 2005, el número de gente hambrienta en la India se incrementó a 65 millones (más de la población de Francia) porque su desarrollo económico excluyó la pobreza rural y los esquemas de protección social fallaron en la tarea de protegerlos. Hoy en día, una de cada cuatro personas hambrientas en el mundo vive en la India.


Estados Unidos: Las políticas de biocombustibles en  EE.UU. hacen que en 2010 casi el 40 por ciento de la producción de maíz de EEUU fuera a parar a los motores en lugar de a los estómagos. El grano necesario para llenar el tanque de gasolina de un todoterreno con biocombustibles es suficiente para alimentar una persona durante un año.

Oxfam ha dado respuesta a las crisis de alimentos en los últimos 70 años. Ahora está haciendo un llamamiento a los gobiernos, especialmente al G20, para liderar la transformación hacia un sistema alimentario más justo y más sostenible a través de la inversión en agricultura, la valoración de los recursos naturales del mundo, una mejor gestión del sistema alimentario y pidiendo igualdad para las mujeres, que producen la mayor parte de los alimentos en el mundo. Asimismo también pide al sector privado que cambie el modelo de negocios hacia uno donde las ganancias no se consiguen a expensas de los productores pobres, de los consumidores y del medio ambiente.

CRECE, la campaña de Oxfam, cuenta con el apoyo de personalidades como el ex presidente Lula de Brasil, el arzobispo emérito Desmond Tutu y la actriz Scarlett Johansson.


El ex presidente de Brasil, Lula da Silva, ha afirmado: "No podemos esperar más. Los líderes políticos y las compañías globales deben actuar ahora para asegurar que todo el mundo puede tener cada día comida en su mesa. No hay excusas. Tenemos la capacidad de alimentar a todo el mundo en el planeta ahora y en el futuro. Si hay voluntad política no podrá negársele a nadie su derecho humano fundamental de no pasar hambre."

El director ejecutivo de Oxfam,Jeremy Hobbs, ha afirmado: "Durante demasiado tiempo los gobiernos han puesto los intereses de las grandes empresas y de las élites poderosas por encima de los siete mil millones de personas, nosotros, quienes producimos y consumimos los alimentos. La reunión de este año en Francia de los líderes del G20 debe poner en marcha la transformación de nuestro sistema alimentario mundial."

"El G20 debe invertir en los 500 millones de pequeños agricultores en los países en desarrollo, los cuales ofrecen el mayor potencial para incrementar el rendimiento agrícola mundial, y deben ayudarles a adaptarse al clima cambiante. Deben regular los mercados de las materias primas y deben reformar las políticas defectuosas de biocombustibles para mantener el precio de los alimentos bajo control.", añade Hobbs.

"Los gobiernos deben garantizar además que las mujeres, quienes producen la mayoría de los alimentos del mundo, tienen los mismos derechos sobre la tierra, los mismos recursos y las mismas oportunidades que tienen los hombres. Las mujeres productoras con iguales derechos podrían alimentarse a sí mismas, a sus familias y hasta a 150 millones de personas más", afirma Hobbs.

El arzobispo Desmond Tutu ha afirmado: "Muchos gobiernos y muchas empresas se resisten al cambio por hábito, ideología o porque buscan beneficios personales. Depende de nosotros, de ti y de mí, que los persuadamos, al elegir alimentos producidos de forma justa y sostenible, al reducir nuestra huella ecológica y al unirnos a Oxfam y otras organizaciones para exigir un cambio."


La embajadora mundial de Oxfam, Scarlett Johansson, ha afirmado, "Compartir alimentos es uno de los placeres de la vida. A escala mundial, no compartimos de manera justa. Cerca de mil millones de personas se acuestan con hambre cada noche. El hecho es que el sistema alimentario mundial está fallido. Todos nosotros, desde Kentucky hasta Kenia, merecemos tener suficiente comida para alimentarnos. Es por esta razón que me uno a la campaña de Oxfam, CRECE."

El presidente del Mercosur, el mandatario paraguayo Fernando Lugo, reconoció este martes "diferencias" internas en el bloque sudamericano respecto de las negociaciones con la Unión Europea sobre el capítulo agrícola para un acuerdo de libre intercambio.

Lugo, que se declaró sin embargo "optimista" sobre las negociaciones, hizo estas declaraciones al cabo de un encuentro en Bruselas con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, quien a su vez reconoció que "hay problemas" y que "las negociaciones no son fáciles", y aludió a "sensibilidades" dentro de la UE.

"Creo legítimo que los países de la UE no piensen todos igual y también los mismo del Mercosur", declaró a la prensa el mandatario paraguayo, que ejerce la presidencia pro témpore del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela, que se encuentra en fase de adhesión).

"En el plano real hay diferencias (...) pero el sano pluralismo no nos asusta", añadió Lugo.

"Seguimos siendo optimistas de que tanto la UE, más temprano que tarde, junto al Mercosur llegaremos a acuerdos significativos", concluyó el mandatario paraguayo.

Lugo no dijo qué países latinoamericanos están divididos en la manera y los objetivos de las negociaciones con la UE. Argentina, preocupada por la caída de sus exportaciones, estudia frenar el alza de las importaciones en general, una actitud que no comparte el otros gigante agrícola sudamericano, Brasil.

El objetivo de las negociaciones, tal como lo recordaron Lugo y Barroso, es el de crear una zona de libre intercambio que reagrupe a 750 millones de personas.

Por su parte, Barroso reconoció "problemas" y señaló "progresos" en las negociaciones.

"La verdad es que hay problemas. Las negociaciones no son fáciles, pero se han registrado progresos en áreas de cooperación política, pero hay que seguir avanzando, hemos acordado que ambas partes deben continuar su trabajo interno para presentar mejores ofertas", sostuvo.

Barroso reconoció que "hay sensibilidades del lado del Mercosur así como del lado europeo" sobre los temas agrícolas y estimó que había que encontrar "soluciones equilibradas".

Relanzadas hace un año tras estar bloqueadas durante años, las negociaciones entre la UE y el Mercosur se reanudaron el 2 al 6 de mayo en Paraguay.

Según los estudios de la Comisión Europea, un acuerdo de libre intercambio se traduciría con un impacto global "negativo" en el sector agrícola europeo, compensado sin embargo por las ganancias esperadas por los sectores de la industria y de los servicios.

Francia ratificó hoy su oposición a un acuerdo de libre comercio con Mercosur, al aducir que supondría una competencia desleal para los agricultores europeos en razón de la divergencia de las normas.

Durante una visita a Arras, en el norte de Francia, el presidente de la República, Nicolás Sarkozy, fue categórico al subrayar que rechazará un convenio de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercado Común del Sur (Mercosur).

Los agricultores franceses son considerados por el bloque comunitario y en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC) como los más subsidiados del denominado viejo continente, pero al mismo tiempo cuentan con el espaldarazo proteccionista de París.

"No lo puedo aceptar y no lo aceptaré", sentenció Sarkozy al argumentar que los productos agrícolas del Mercosur no se ajustan a las normas que se imponen al sector en la UE.

Soy favorable a una libertad de comercio leal, en igualdad de condiciones, pero no creo que sea razonable aceptar productos que no responden a las normas que se impone a nuestros agricultores, puntualizó.

A inicios del mes en curso en Asunción, Paraguay, los negociadores de la UE y el Mercosur concluyeron el examen del asunto, el cual quedó pendiente a nuevos encuentros del 4 al 8 de junio en Bruselas, Bélgica.

La UE está integrada por 27 países, mientras forman el conjunto del Mercosur Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela.

Para los expertos de la concertación europea el arreglo sería en principio beneficioso de manera global, aunque admitieron que traerían pérdidas a los agricultores en la zona.

La Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU dijo que su índice global de los precios de los alimentos permaneció estable en abril debido a que una caída del azúcar y el arroz compensó alzas en otros alimentos.

Sin embargo, el organismo advirtió que la estabilidad a largo plazo de los precios depende de un alza de los suministros.

La reciente escalada de los precios de los alimentos se ha vuelto un tema muy sensibles a nivel mundial luego de avivar protestas que depusieron a los líderes de Túnez y Egipto a principios de año, en medio de un malestar que se propaga a través del norte de Africa y Oriente Medio.

El índice de la FAO, que mide los cambios de precios mensuales para una canasta de cereales, oleaginosas, lácteos, carnes y azúcar, promedió 232.1 puntos en abril, un ligero incremento desde los 231.0 puntos de marzo, cuando cayó desde un máximo histórico luego de ocho meses de alzas sucesivas.

El índice de abril se mantuvo un 2% por debajo de un máximo histórico de 237.2 puntos alcanzado en febrero, según los datos actualizados de la FAO.

"La caída del dólar y los elevados precios del crudo contribuyen a los precios altos de las materias primas alimentarias, particularmente de los cereales", dijo David Hallam, director de la división de comercio y mercado de la FAO.

"Con una demanda que sigue fuerte, la perspectiva de un retorno a precios más normales depende mucho de cuánto se incremente la producción en el 2011 y del grado de reposición de las reservas cerealeras en la nueva campaña," dijo.

Los agricultores europeos podrían perder más de 3.000 millones de euros en ingresos anuales para el 2020 bajo cualquier acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, según un estudio de la Comisión Europea.

Las pérdidas más profundas las sentirían los productores ganaderos de Irlanda, Gran Bretaña y Francia, golpeados por lo que sería un incremento de 200.000 toneladas anuales en importaciones de carne desde Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, de acuerdo con el estudio.

El año pasado, la Unión Europea y el Mercosur relanzaron las conversaciones, que estaban estancadas desde el 2004, con miras a un acuerdo que crearía la mayor zona de libre comercio del mundo, con 750 millones de habitantes y un comercio de bienes y servicios por 84.000 millones de euros (124.600 millones) en el 2010.

Los negociadores siguen esperanzados de poder alcanzar un acuerdo más adelante este año. Cualquier pacto contemplaría que Europa abra sus mercados a los bienes agrícolas sudamericanos a cambio de un mayor acceso a los mercados del Mercosur para servicios y artículos como autos europeos.

Sin embargo, las conversaciones enfrentan una fuerte oposición de algunos gobiernos de la UE, como Francia e Irlanda, donde los influyentes grupos agrícolas han advertido que un incremento de importaciones alimenticias más baratas podrían dejar fuera del negocio a muchos productores europeos.

El estudio fue elaborado para el departamento de agricultura de la Comisión por un centro de investigaciones científicas de la UE y fue entregado el jueves a funcionarios comerciales de gobiernos europeos en Bruselas.

El informe aún no es público pero Reuters pudo acceder a una copia de él.

Según el estudio, podrían perderse hasta 33.000 empleos en Europa si se aprobara el actual borrador del acuerdo.

"El impacto total de un posible acuerdo de libre comercio UE-Mercosur sobre el sector agrícola de la UE es negativo, pero la intensidad de los efectos varían considerablemente a lo largo de los productos agrícolas y de las regiones", indicaron los autores del informe.

Para el 2020, la producción de carne de la UE caería en más de 150.000 toneladas al año y los precios para los productores bajarían casi un 8 por ciento, de acuerdo con el estudio.

Los ingresos anuales agrícolas de Irlanda caerían más de un 4 por ciento para el 2020 debido a la alta participación de la carne en la producción agropecuaria del país, mientras que en el caso de Gran Bretaña y Francia las bajas serían del 3 y 2 por ciento, respectivamente.

Las exportaciones de cereales de la UE a los cuatro países del Mercosur -Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay- aumentarían en torno a 1 millón de toneladas por año para el 2020, mientras que el acuerdo tendría poco impacto sobre la producción de azúcar o sobre sus precios, indica el informe.

El departamento de comercio de la comisión ha dicho que un acuerdo comercial UE-Mercosur podría entregar beneficios económicos netos por unos 4.500 millones de euros al año a ambas regiones.