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La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) registra un saldo positivo en el primer año de vigencia de su tratado constitutivo, aseveró la secretaria general de ese organismo, María Emma Mejía.

Recordó que el 11 de marzo de 2011 entró en vigor el tratado constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), integrada por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.

"Ha sido un año muy fructífero", dijo Mejía y afirmó que "será muy positivo, si como pretendemos, se logra entregar a fines de abril próximo el registro del gasto militar suramericano, con lo que se habrá logrado transparentarlo y ganar en medidas de confianza".

La ex canciller de Colombia, quien el viernes se reunirá con la canciller de México, Patricia Espinosa, en la capital federal, para abordar temas relacionados con la integración, destacó los avances logrados por Unasur.

Citó entre los logros al Instituto de Gobierno en Salud, que dará una matriz de red de sistemas de salud pública a Sudamérica, el proyecto de integración física hasta el año 2022, que en abril comenzará a presentarse al sector privado y a la banca, en Sao Paulo.

Eso "nos muestra que la paz política y el hecho de que seamos una zona de paz, en la que se han depuesto diferencias, y la armonía entre nuestros presidentes nos ha permitido acelerar el proceso de integración", añadió.

Además "se ha avanzado, en presupuesto, definición de reglamentos y de toda la institucionalidad, al activar los consejos, de modo que ha sido un primer año enormemente fructífero", enfatizó.

El 9 de marzo se reunirán los ministros de Telecomunicaciones, en Paraguay, para implementar el anillo óptico sudamericano; la banda ancha, que busca abaratar costos y democratizar el uso de Internet y una red de medios públicos, indicó.

Mejía recordó que en la agenda sudamericana también están la nueva arquitectura financiera y el Banco del Sur, y señaló que los ministros de Economía y Finanzas se reunirán el 17 de marzo en Uruguay, para intercambiar las perspectivas de la región para 2012.

El coordinador de la Secretaría Económica de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Eco-ALBA), Diego Borja, afirmó hoy que la crisis del capitalismo es una oportunidad para la integración regional.

  Borja dijo a Prensa Latina en esta capital que los países del área deben mirar más hacia el Sur y no seguir apostando a los tratados de libre comercio (TLC) o cualquier otro tipo de acuerdo con Europa o Estados Unidos, donde el modelo ya ha demostrado su fracaso.

Expuso que por primera vez en la historia contemporánea América Latina tiene exceso de dinero, capacidad de inversión y gobiernos volcados a garantizar servicios a sus pueblos, lo cual ofrece posibilidades de una mayor interrelación. El directivo del ente económico del ALBA, creado recientemente en Caracas, apuntó que los principales compradores y vendedores en América Latina están en crisis, y en cualquier acuerdo comercial, por ejemplo, se buscará vender más y comprar menos a este bloque.

Por eso, explicó, se elaboró un mapa de mercancías para ver qué podemos intercambiar entre nosotros mismos, con lógicas de comercio distintas a las del capitalismo dentro de mecanismos unificadores como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

"Miremos al ALBA, a la Celac, a Unasur", señaló al enumerar las enormes potencialidades de la región, con un Producto Interno Bruto de 650 millones de dólares, lo cual la ubica en su conjunto en el puesto 23 de la economía mundial y en la tercera en Latinoamérica y el Caribe, detrás de Brasil y México.

Valoró la trascendencia del conjunto de países sureños, con 80 millones de habitantes, y señaló la urgencia de que se pongan en práctica proyectos conjuntos que generarán empleos, seguridad alimentaria y solución de problemas.

Entre estos, Borja se refirió un sistema ferroviario que interconecte a los países del Sur para fomentar la creación puestos laborales, el intercambio de conocimientos, la transportación de carga y de pasajeros.

También esbozó la posibilidad de dar paso a un sistema de seguridad agroalimentario desde Caracas, en Venezuela, hasta la Patagonia, para dar trabajo a los campesinos y producir alimentos en esta zona con recursos propios, iniciativa que deberá alcanzar al depauperado Haití, con el cual, dijo, América tiene una deuda histórica.

Respecto al uso del Sistema Único de Compensación Regional (Sucre), Borja señaló que existen verdaderas posibilidades para su expansión expresadas por los presidentes de los países del ALBA.

Sin embargo, expuso que persisten trabas todavía para este sistema, fundamentalmente de tipo burocrático y de hábitos en mandos intermedios, que podrían ser solucionadas a corto plazo, y auguró el empleo de esta moneda virtual dentro de los participantes de la Unasur.

Manifestó que en una crisis como la actual, el Sucre, el Banco del Sur y el Fondo Común de Reserva, representan una alternativa para la transformación del orden financiero regional.

Borja señaló que los miembros del ALBA decidieron incluir el uno por ciento de sus reservas internacionales en su Banco para no depender de inversiones extranjeras depredadoras (del medio ambiente y de las economías nacionales) y apoyar el desarrollo.

Por otra parte, señaló que sin la integración física probablemente morirá la voluntad de unificación continental, si no se impulsan proyectos para movilizar importantes recursos, de ahí el planteamiento del desarrollo del ferrocarril y de la interconexión aérea.

Desestimó que el crecimiento económico de uno de los bloques regionales vaya en detrimento de otro y dijo que, por el contrario, el fortalecimiento de alguno de los grupos va a reflejarse en la dinámica del resto.

El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, señaló hoy (16) aquí que es la hora de encontrar un destino común a través de la integración regional de los países suramericanos como una necesidad de supervivencia.

 Ante medios extranjeros acreditados en esta capital, el mandatario señaló que así como la Unión Europea logró unificarse como bloque, en América Latina estamos precisados a hacerlo y abogó porque todos los procesos en marcha puedan converger en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

Apuntó que precisamente la Unasur está llamada a ser el nuevo escenario integracionista en este subcontienente, aunque ello es difícil, porque hay mecanismos que excluyen absolutamente a otros, como lo son la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercado Común del Sur (Mercosur).

Explicó que mientras dos países de la CAN han firmado Tratados de Libre Comercio, el Mercosur no acepta el liberalismo en su intercambio, y por lo tanto limita a aquellos de ser parte de su membresía.

Refirió que en la reciente reunión de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), realizada en Caracas, se adoptaron importantes decisiones para avanzar no sólo en la integración económica sino en la formación de una zona económica común para buscar soluciones y que América no dependa únicamente de la divisa dura.

Sin embargo, señaló que es preciso consolidar espacios donde los países puedan apoyarse unos a otros e intercambiar a partir de fórmulas como el sistema único de compensación regional (Sucre).

El mandatario ejemplificó cómo los países miembros del ALBA están haciendo un uso creciente de esta moneda virtual, cuyas transacciones permiten una integración económica y avanzar hacia la unidad política regional.

Se refirió además que si se está hablando de unidad es imposible aceptar que Cuba no sea invitada a la próxima Cumbre de las Américas prevista en Colombia, por lo cual ratificó la iniciativa presentada por el país en Caracas de que los países del ALBA no acudan a esa cita en ausencia de la isla antillana

 

Más de cien kilogramos pesó la multa que el Municipio de Latacunga impuso al prefecto de la provincia de Cotopaxi, César Umaginga. Para cargarla se necesitaron diez personas. Un centenar de indígenas de la zona las escoltaron, con la sonrisa de oreja a oreja, en una nunca vista manifestación que paralizó el viernes por la mañana el centro histórico de la ciudad. "Abajo el alcalde", gritaban mientras recorrían las cuatro cuadras que separan la Prefectura del Municipio; "abajo el diezmo de la revolución ciudadana", "abajo los racistas". Y hasta los policías que custodiaban la puerta no tuvieron más remedio que reírse y bajar la guardia cuando los vieron llegar.

876 dólares en monedas de un centavo hacen un bulto considerable. Cuatro costales de más de treinta kilos cada uno llevaban sobre los hombros los acezantes cargadores de espaldas dobladas y sudorosas frentes. Habrían sido más si los centavos no se hubieran agotado en el banco. Tuvieron que completar la suma con monedas de cinco: una docena de pequeñas fundas plásticas que iban cambiando de manos a lo largo del camino y se amontonaron junto a los talegos sobre el piso de la pagaduría municipal.

Fue un desplante inolvidable. Manifestación tan riente no se registra en los anales de la ciudad. A la cabeza, la asambleísta Lourdes Tibán acompañaba al prefecto Umaginga gritando chistes cargados de veneno. "Esta fundita que sea para el Edwin Acuña, esta otrita para el José Proaño", iba repartiendo centavos entre los concejales. "Así pagaban los diezmos nuestros abuelos hace quinientos años". Y todos reían porque la alusión estaba clara: quería decir que Rodrigo Espín, el alcalde de PAIS, es un corregidor del siglo XXI.

No siempre se aceitan con humor las relaciones interétnicas en Latacunga. Aquí, como en la mayoría de cantones de la Sierra central ecuatoriana, el racismo empaña las cosas con demasiada frecuencia. Es algo que se advierte con facilidad cuando, al paso de una marcha de indígenas, por pacífica y riente que sea, los mestizos cierran ruidosa y ostensiblemente las puertas de sus negocios. Herencia de un tiempo no muy lejano en una zona donde las haciendas se vendían "con indios incluidos" hasta antes de la primera reforma agraria de los años sesenta.

Cuando se pregunta por el motivo de la multa a cualquiera de los aproximadamente cien indígenas de Pachakutik que el viernes acompañaron a su prefecto con los sacos de monedas, empiezan por narrar una confusa historia de permisos municipales, ordenanzas y actos públicos, pero tarde o temprano terminan en lo mismo: es pura cuestión de racismo.

Ocurre que Umaginga, prefecto por tercera ocasión consecutiva, lleva años haciendo su rendición de cuentas en los espacios públicos de la ciudad con el permiso municipal respectivo. Hasta ahora: el pasado 20 de enero, el permiso le fue negado. Seis concejales votaron a su favor y solo cinco en contra, pero el alcalde Espín empató la cuenta y luego la desempató con su voto dirimente: la concentración fue prohibida aduciendo razones de "fluidez en el tránsito".

Sin embargo, miles de partidarios de Umaginga (entre 15 y 18 mil, según él, más de tres mil, según medios locales) llegaron igual a Latacunga provenientes de las zonas rurales de toda la provincia con la finalidad de escucharlo. A la altura de la Gobernación se cruzaron con una procesión de fieles de la Virgen del Cisne, que entró a la ciudad el mismo día, y se congregaron en la Plaza de San Agustín.

No fue porque se impusiera una multa de tres salarios básicos a la Prefectura. Tampoco porque se pretextara razones de tránsito en una ciudad donde la llegada de cualquier subsecretario con un séquito oficial y cuatro motos caotiza las calles. Ni siquiera por el hecho de que el alcalde (en cuyo despacho un cuadro de la Dolorosa cuelga tras una imagen de la Virgen de Fátima) les negara el permiso que sí concedió a los fieles de la Churona para marchar por las calles. Lo que molestó a los partidarios de Umaginga fue la suma de pequeñas cosas: las puertas de los negocios cerrándose a su paso, como siempre; el significativo tono de voz de algún concejal y hasta del mismo alcalde; cierta palabra de más pronunciada por un locutor radial; el taimado comentario repetido en todo rincón de que los indios ensucian la ciudad... En fin: los tópicos racistas tan fácilmente reconocibles para quien los sufre.

Umaginga supo capitalizar el descontento. Sacó a colación aquella infamante ordenanza del año 1929, que prohibía a los indígenas atravesar el parque central de la ciudad so pena de perder su sombrero y ser llevados a trabajar a cambio de nada en una hacienda, y corrió la voz entre los suyos. Al cabo de unos días estaban tan indignados que, quizá, habrían cometido alguna locura si a alguien no se le hubiera ocurrido la salida humorística: ¿876 dólares? Paguemos. Pero en monedas de un centavo. La idea original, irrealizable, era llegar con semejante carga a lomo de mula hasta el despacho mismo del alcalde. Fue Umaginga quien decidió prescindir de la mula. "Para que no crean que estoy comparando con el alcalde", explica como si se tratara de una asociación elemental.

Él mismo puso una urna de cartón en la planta baja de la Prefectura, con un cartelito que decía: "Impuesto por caminar en las calles de Latacunga". Echó un billete de veinte dólares por la ranura y se sentó a esperar. Dice que en dos días recogió 944 dólares y que donará los 68 restantes al Patronato provincial. Lo demás fue cambiar los billetes chicos por monedas en los bancos.

En el portal del Municipio, un noble y centenario palacio de dos plantas y fachada de piedra pómez, las puertas de las dependencias que dan hacia las arquerías se cierran al paso de la riente comitiva. En la entrada principal, abigarrados como en escuadra romana, doce policías formados de cuatro en fondo cierran el camino a los intrusos. El que parece mandar sobre los otros señala con el dedo en dirección a la pagaduría cuando ve los sacos de monedas. Sin protestar se dirige hacia allí la manifestación. Entran todos y se apiñan frente a las tres primeras cajas. Ríen los cajeros, a pesar de lo que les espera. Umaginga toma un número de turno: el 94. Suena una campanita: llaman al 92.

Los cargadores, entre ellos el marido de Lourdes Tibán, Raúl Ilaquiche, han depositado sobre el piso los cuatro costales y la docena de fundas plásticas. Un empleado municipal se abre camino entre la multitud y ordena, con ese tono autoritario tan característico que adoptan algunos mestizos para hablar con indios, que saquen las monedas de ahí y las metan al edificio por la otra puerta. Obviamente, no tiene la menor idea de con quiénes está hablando. "Cargue usted", le dicen casi en coro. Por un segundo duda, se aproxima, no sabe qué hacer exactamente. Por último decide que eso de cargar no va con él, da media vuelta y se va.

"Que baje a cobrar el dueño de la calle", grita alguien, en alusión al alcalde. Pero Espín ese día no recibe a nadie, menos aún deja ver su cara. Será el mismo empleado de hace un momento el que regrese, haciéndose acompañar de un policía, para cargar ahora sí fundas y costales. Uno, dos, tres viajes entre jadeos porque los fardos pesan endiabladamente. Entre el segundo y el tercer viaje han llegado los periodistas de los medios locales, advertidos por el bullicio, y en el recinto no cabe un alma. Cada vez la operación cobro es más difícil.

Hablan Umaginga y Tibán ante las cámaras y acusan de racismo una y otra vez al alcalde y a los concejales. "¿Qué cree Rodrigo Espín, que estamos entrando a la Sierra de él? ¡Que me venga a sacar de aquí en este momento!", desafía la asambleísta de Pachakutik y sus partidarios, aglomerados en su torno, se emocionan mientras los cajeros llaman al cliente 112 y no hay espacio para mover un dedo en la confusión de cámaras, trípodes y cables.

El empleado municipal y el Policía cargan las últimas monedas. ¿Dónde quedó el tono de voz autoritario? Los manifestantes salen sin esperar recibo y vuelven a marchar hacia la Prefectura, con la felicidad pintada en el rostro. "Esto es histórico", dice Tibán y se puede pensar que no exagera.

 

La negociación entre la Unión Europea y Quito se aplaza después de que el país andino informara de su interés de entrar en el Mercosur y su rechazo a tratados de libre comercio, dijo a Efe un portavoz de la representación de la UE en Quito.

"Las conversaciones para reanudar las negociaciones sobre un acuerdo comercial por el momento están suspendidas", dijo Mauro Mariani, consejero político de la delegación de la Unión Europea en Ecuador.

La UE tomó la decisión después de recibir una carta hace unas dos semanas del embajador de Ecuador en Bruselas, Fernando Yépez, que citaba unas declaraciones del presidente, Rafael Correa, en las que anunciaba el posible ingreso del país andino al Mercosur y su rechazo a un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión.

A raíz de ello Bruselas suspendió las conversaciones "porque Ecuador quiere otra cosa", dijo Mariani, que aclaró que lo que discutían ambas partes no era un TLC, sino otro tipo de acuerdo comercial.

En el pasado, miembros del Gobierno han manifestado opiniones diferentes sobre la conveniencia de un pacto comercial con Europa. Mariani explicó que el "debate interno" al respecto "ha aparecido en el exterior".

El Ministerio de Asuntos Exteriores ecuatoriano ha convocado una rueda de prensa para referirse al asunto.

El Comité Empresarial Ecuatoriano ya adelantó el martes pasado que los contactos se habían interrumpido, aunque hasta ahora la Unión Europea no se había manifestado al respecto.

Según el Comité, la decisión de Bruselas se debe a las señales a su juicio contradictorias que ha dado del Gobierno de Ecuador y "solo una clara señal política al más alto nivel, proveniente del propio mandatario podrá superar este estado de postración", agregaron los empresarios.