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Ante la crisis provocada por la expansión mundial del COVID-19, vemos varios artículos que resaltan la importancia indígena campesina: pequeños productores han sostenido la producción de alimentos; redes agroecológicas establecen canales directos al consumidor; trabajadores que hacen un enorme esfuerzo por mantener vivos los mercados de alimentos en las ciudades; comunidades indígenas campesinas cuidando territorios, autonomía, educación y salud en estas épocas de crisis; organizaciones demandando una mínima política pública; alianzas con los gobiernos locales para asegurar el abastecimiento; comunidades indígena de la sierra llevando alimentos y eucalipto a la región de la costa, entre otros.

Fotografía ANF

EL CONTEXTO SOCIAL BOLIVIANO

En Bolivia, 80 % de las personas se dedica al trabajo informal, gran parte de esta gente vive al día y necesita generar dinero para poder subsistir, pues se encuentra en situación de pobreza.

El monitoreo de deforestación en el norte de Argentina que realiza Greenpeace, mediante la comparación de imágenes satelitales, reveló que entre el 15 y el 31 de marzo se desmontaron 2.172 hectáreas, lo que equivale a la pérdida de 128 hectáreas por día. 

Ante la situación en la que se encuentran los pueblos y naciones indígenas originarios campesinos, adultos mayores, migrantes, niñas y niños, personas privadas de libertad, personas con discapacidad, mujeres en situación de violencia, trabajadoras asalariadas del hogar, mujeres de las cooperativas mineras, jóvenes, niñas, niños y adolescentes trabajadores, zafreros, cuentapropistas, personas con enfermedades crónicas, personas que viven con VIH, colectivos LGTBI y trabajadoras sexuales, que son colectividades que se encuentran en situación de vulnerabilidad ante la pandemia del CORONAVIRUS en Bolivia, las instituciones de la sociedad civil, ONG’s y fundaciones solicitamos al gobierno central y a los gobiernos subnacionales lo siguiente:

Por Mario Osava*

El nuevo coronavirus llegó al extremo noroeste de Brasil, en la Amazonia profunda, sonando la alarma de su arribo a comunidades donde viven numerosos indígenas, en un temor común en los países latinoamericanos.