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SAN JOSE (AP) - El continente americano debe asumir su importancia como productor para el sustento de la seguridad alimentaria en el mundo, dijo el nuevo director del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), el mexicano Víctor M. Villalobos.

El papel de las naciones americanas es "cada vez más importante y el IICA debe jugar un rol de ayudar a los países a reconocer y promocionar esa riqueza", señaló el funcionario el martes en una rueda de prensa.

El IICA, con sede central en Costa Rica, opera como agencia especializada del sistema de la Organización de Estados Americanos (OEA).

"América es un continente productor debido a su posición privilegiada y características naturales, y podría sustentar la seguridad alimentaria", expresó Villalobos.

No obstante, reconoció que en ocasiones esa "soberanía alimentaria" representa un costo muy elevado para la elaboración de ciertos productos y es necesario recurrir a las importaciones. "Hay que conocer en qué se es eficiente para tener un equilibrio económico", agregó.

Detalló que su plan de trabajo estará enfocado en la promoción de una agricultura sustentable y de respeto al ambiente, así como una agricultura competitiva, que utilice la misma superficie y haga uso de las tecnologías.

"Cuando uno es más eficiente tiene más producto para ofrecer, entonces el tercer punto es la comercialización, con cooperación a las naciones para cumplir requisitos fitosanitarios, que por ejemplo son los que obstaculizan más el aprovechamiento de los tratados comerciales", señaló.

Para el nuevo director, en estas épocas de crisis en precios y con el agro afectado por fenómenos naturales, otro compromiso del IICA está en poder alertar a las autoridades de cada país sobre las perspectivas reales, además de ofrecer información a corto plazo y poder dar asistencia a las naciones que lo requieran para mejorar su desempeño.

El secretario de la OEA, José Miguel Insulza, participará el viernes en la ceremonia de asunción de Villalobos.

"Creo que esto (la presencia de Insulza) refleja la importancia que se le está dando al tema agricultura y esperamos mejorar el vínculo con la organización", dijo.

 

Ecuador inició hoy la comercialización del biocombustible de gasolina extra mezclada con etanol anhidro de caña de azúcar, en la ciudad costera de Guayaquil, informó el Ministerio de Recursos Naturales no Renovables.

En un comunicado, la dependencia gubernamental dijo que el objetivo del plan piloto es comercializar la gasolina "Ecopaís" solo en Guayaquil, donde se reemplazará un cinco por ciento de naftas de alto octanaje, que se utilizan en la elaboración de combustibles.

La cartera energética indicó este martes que el estado invierte unos 700 millones de dólares por año en la importación de naftas para las gasolinas que se producen en las plantas de refinación del país.

En Guayaquil se consumen 5.800 barriles de gasolina extra al día, lo que implica que para hacer la mezcla con un 5 por ciento de biocombustible, se requieren unos 50.000 litros diarios de etanol anhidro, que serán proporcionados por la industria local.

La biogasolina generará un ahorro de 32 millones de dólares por año, ya que se dejarán de importar cerca de 320.000 barriles de nafta de alto octanaje.

El producto (etanol anhídrido) se obtiene de los residuos de la producción de azúcar, de manera que existe un mejor aprovechamiento de la producción de caña, agregó en un comunicado el ministerio.

El uso de etanol anhidro en la mezcla con gasolina extra no requerirá de cambios mecánicos en los motores de los vehículos a gasolina convencionales y nuevos.

La gasolina ecopaís con alcohol carburante contendrá, además, un paquete de aditivos detergentes, dispersantes, antioxidantes y estabilizadores de fases.

Los usuarios deben revisar que los tanques y sistemas que utilizarán este nuevo producto no contengan agua, pues el requisito del biocombustible es cero contenido de agua.

El Ministerio de Recursos Naturales aclaró que el plan piloto de Guayaquil no afectará a la seguridad alimentaria, pues se desarrolla con la producción actual de alcohol carburante de los cultivos existentes de caña de azúcar.

Los responsables de la ejecución del plan son los ministerios de Electricidad, Agricultura, Ambiente, Industrias, Producción, Finanzas y Recursos Naturales, además de Petrocomercial, la Escuela Politécnica del Litoral y la Asociación de Productores de Alcohol.

 

En su programa audiovisual "Aló, presidente", instó a los funcionarios a ejecutar las tareas con "eficiencia y responsabilidad", además de cuidar la lucha contra la corrupción, para llevar adelante la revolución agraria en el país.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, llamó hoy (10) a los funcionarios que trabajan en instituciones vinculadas al desarrollo agrario a reforzar los esfuerzos para avanzar en la revolución del sector.

En su programa audiovisual "Aló, presidente", Chávez instó a los funcionarios a ejecutar las tareas con "eficiencia y responsabilidad", además de cuidar la lucha contra la corrupción, para llevar adelante la revolución agraria en el país.

Sostuvo que la creación de nuevas instituciones, como el Fondo Nacional de Desarrollo Agrario Socialista (Fondas), la Corporación Venezolana Agraria y la Corporación Venezolana del Azúcar, ayudarán a transformar el sector agroindustrial.

"Debemos tener cuidado de desempeñar nuestras responsabilidades con eficiencia, cuidándonos de la corrupción, luchando contra taras como el latifundio, la inseguridad, el narcotráfico, la especulación", advirtió el líder de la Revolución Bolivariana.

El jefe de Estado llamó además a las comunidades rurales a profundizar la organización popular, lo cual calificó como "el secreto del éxito de este proceso".

Chávez transmitió este domingo su programa "Aló, presidente" desde el fundo La Platera, en el municipio Tinaco del estado Cojedes, donde se hallan sembradas cinco mil hectáreas de girasol, uno de los rubros cuya producción se estimula para sustituir su importación.

Asoman retrocesos en los procedimientos de negociación internacional. El reciente fracaso de la cumbre sobre cambio climático en Copenhague tiene implicancias que van mucho más allá de impedir nuevas medidas para atacar el efecto invernadero. Se rompe con los procedimientos de negociación tradicionales en las Naciones Unidas, los agrupamientos clásicos de países están bajo nuevas tensiones, e incluso Brasil juega un nuevo papel. En tanto, se encoge el espacio para la sociedad civil.

En la cumbre climática de Copenhague se rompió la metodología clásica de Naciones Unidas basada en el consenso, una vieja guía en las negociaciones de los compromisos internacionales. Más allá de casos de influencias, presiones o duros debates, las convenciones y los tratados eran un resultado consensuado entre los estados.

Otro modo de negociar

En la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se siguió ese camino por años, pero en Copenhague a última hora un grupo de país impuso sus propuestas. Estados Unidos y China llegaron aun acuerdo, sumaron a Brasil, India y Sudáfrica, y luego a la Unión Europea, para presentarlo como un pacto consumado que debería ser aprobado por todos los demás países. Aquellos que no lo hicieran podrían ser acusados de hacer naufragar las negociaciones, impedir la lucha contra el cambio climático, o ser simples radicales.

Ese método, donde unos pocos poderosos acuerdan e imponen una propuesta a las demás naciones, es típico de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que está fuera del sistema de Naciones Unidas. En el pasado, Washington y Bruselas tejían sus acuerdos, luego sumaban a otros países como Japón o Canadá, y desde allí lo imponían a todos los demás.

Las negociaciones entre esos pocos miembros -denominadas reuniones de "sala verde" por el color de la habitación donde se realiza durante la Ronda Uruguay del GATT, cuando fueron establecidas- se realizaron bajo la repetida crítica de los países en desarrollo y de las organizaciones de la sociedad civil.

Pero a pesar de todo, las negociaciones a puertas cerradas no se modificaron en su esencia, sino que la OMC amplió la asistencia a la "sala verde". Se sumaron países como China, Brasil, India y Sud Africa, y de esa manera sus críticas se acallaron.

Es impactante que ahora se intente usar ese mismo procedimiento en las negociaciones sobre cambio climático. Ahora sabemos que la "sala verde" estuvo en manos, por ejemplo, de China, India, Sudáfrica y Brasil, y que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, debió tomarlos desprevenidos para poder sumarse.

Esto explica la protesta de varios países, e incluso el desagrado de la Unión Europea. También explica que otros, como Bolivia y Venezuela, se negaran a endosar el documento final, denominado Acuerdo de Copenhague.

El resultado es que al día de hoy ese acuerdo no ha sido oficialmente incorporado en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, a pesar de tener las firmas de China (el primer emisor global de gases invernaderos) y Estados Unidos (el segundo).

Esto consolidó un duro golpe a los procedimientos usuales de negociación multilateral, expresando un nuevo intento de transplantar el modo de negociación comercial a otras áreas de las Naciones Unidas.

Nuevos agrupamientos

En las Naciones Unidas, los países en desarrollo se reunían desde 1964 en el llamado "Grupo de los 77" (G 77), reconvertido luego en el "G 77 + China", como medio de sumar poder negociador frente a los países ricos. En la actualidad, ese agrupamiento está sujeto a enormes tensiones, tanto en las negociaciones sobre el cambio climático, como en otros temas (comercial, agroalimentos, etc.).

China ya no es un típico país del "sur global", y para muchas naciones en América Latina o en Africa, se comporta como otra nación  industrializada que llega para comprar materias primas e instalar sus inversiones. Beijing maneja su propia agenda, y no necesariamente consulta, o representa, a los demás países en desarrollo. A su vez, en tanto es un régimen autoritario, con limitaciones en el acceso a las informaciones y serias restricciones para las organizaciones ciudadanas independientes, se hace más que difícil promover una discusión sobre un desarrollo alternativo que alimente otras posturas diplomáticas.

Otro tanto sucede en América Latina, donde las coordinaciones se daban en el marco del GRULAC (Grupo Latinoamericano). En el caso del cambio climático no hay una propuesta común. Los discursos de Alvaro Uribe (Colombia), Felipe Calderón (México) y Lula da Silva (Brasil) en Copenhaguen apuntaban a tres estrategias distintas. Pör otra parte, ni la Comunidad Andina ni el MERCOSUR están negociando estas cuestiones como bloques.

Finalmente, si bien Brasil insiste en su estrategia de presentarse como líder regional, en realidad termina negociando sus propios asuntos sin consultar a los países vecinos. Además, las posiciones brasileñas en los temas globales están cada vez más condicionadas por su agenda nacional. Un ejemplo fue la sorpresiva propuesta de Lula da Silva en Conpenhague de contribuir con dinero a un fondo ambiental global, lo que parece haber tenido más que ver con la disputa electoral frente a la candidatura presidencial ecologista de Marina Silva, su ex ministra de Medio Ambiente, quien renunció en mayo de 2008 debido a las resistencias dentro del Poder Ejecutivo a cumplir las políticas de protección ambiental, en particular de la selva amazónica.

Esta mayor presencia brasileña, también es posible por una mezcla de repliegue y entumecimiento en los demás países. Sólo cinco presidentes latinoamericanos viajaron a Copenhague, y en general las diplomacias están más interesadas en compensaciones económicas y transferencias tecnológicas que en una verdadera lucha contra el cambio climático. Esta no se limita a los temas ambientales. Más o menos lo mismo ocurrió unos meses antes en la cumbre sobre la alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), donde la presencia latinoamericana fue muy escasa.

Signos preocupantes

Estos y otros hechos alertan sobre varios cambios. Se están deteriorando los mecanismos de negociación multilateral basados en el consenso, suplantados por los procedimientos de los acuerdos comerciales, basados en la asimetría. Y los agrupamientos de países que podrían compensar esas diferencias, ya no pueden hacerlo debido a que su composición no refleja las nuevas condiciones globales. Todo esto condimentado por sucesivas críticas a las Naciones Unidas, que si bien parten de distintas posturas ideológicas y políticas, convergen en desacreditarla.

El mejor antídoto frente a estas limitaciones consiste en hacer que todas las negociaciones sean más accesibles y transparentes a los pueblos, pero también en ese terreno se camina en sentido inverso.

Información y participación: más restricciones

Los mecanismos de amplia participación instalados por Naciones Unidas en la cumbre sobre ambiente y desarrollo de Rio de Janeiro de 1992, nunca fueron bien vistos en ámbitos como la OMC o los foros de los países industrializados. En la cumbre de Copenhague se instalaron severas limitaciones y restricciones para la sociedad civil, que pueden ser resultado de una pésima organización, como el preludio de un cambio de actitud sustancial, limitando y condicionando la participación ciudadana.

Eduardo Gudynas es analista en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social). Publicado en Agenda Global (Red del Tercer Mundo), No 133, 7 enero 2010 (Montevideo).

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) consideró el sábado (19) que la 15ª Conferencia de las Partes (COP 15) de la Convención-Cuadro de ONU sobre el Cambio Climático excluyó a la mayoría de los países de las discusiones. El evento se cerró en el último viernes, en Copenhague, Dinamarca, sin resolución sobre la emisión de gases de efecto invernadero y sin definición de un acuerdo que sustituya el Protocolo de Kyoto.

Según Alba, la COP 15 ha tenido un proceso de negociaciones viciado por la violación de principios esenciales del sistema multilateral. "Este proceso antidemocrático, no ha reconocido la igualdad de todos; turbio y poco transparente, exclusivo", ya que tendría sido diseñado para asegurar las posiciones de un pequeño grupo de países, garantió la Alianza.

El "desencuentro" se caracterizó, en la evaluación de Alba, por la exclusión de la mayoría de los países de las discusiones. "Un pequeñísimo grupo de países", convocado por Dinamarca, "ha estado desde hace varias semanas produciendo líneas para un acuerdo" con las "partes interesadas", "estableciendo como criterio la existencia de países de primera y países de segunda", afirmó.

Como ejemplo de la exclusión promovida en Copenhague, Alba citó el encuentro a puertas cerradas entre las grandes potencias mundiales, en la madrugada de jueves para viernes. No hubo "participación de la mayoría" y no explicaron "los criterios de esta elección", denunció.

Para la Alianza, los países desarrollados fueron a Copenhague "con una agenda previa", medida que tendría violentado el procedimiento democrático. Entre las naciones responsables por el fracaso del diálogo, Alba citó Estado Unidos, que "no quiere comprometerse sobre una base de esfuerzos comparable con los otros países desarrollados".

"Los países en vías de desarrollo somos naciones dignas, soberanas, víctimas de un problema que no causamos", dijo la Alianza. Para ella, los países desarrollados deben proveer recursos suficientes para aplicar en la deuda climática. "Los países desarrollados han sobreexplotado el espacio atmosférico", justificó.

El Cambio Climático depende del cambio del sistema, añadió Alba. "El modelo de producción y consumo capitalista está llevando a un punto de no retorno de la vida en el planeta, resulta un momento crucial de la historia humana y el debate en estos escenarios no puede estar reducido a los intereses económicos de un pequeño grupo", criticó.

El grupo también criticó la manutención del mercado de carbono, a través del cual los países desarrollados compran la capacidad excedente de emisión de gases de los países poco desarrollados. "A través de los mercados de carbono quieren [...] seguir contaminando, mientras que la carga de la reducción de las emisiones se traspasa a los países en desarrollo", denunció.

Fracaso de Copenhague

El plenario de la 15ª COP decidió dejar para 2010, en México, las discusiones sobre el clima y la posibilitad de consenso sobre un acuerdo que sustituya el Protocolo de Kyoto. El pasado viernes, los gobiernos reunidos en Dinamarca recusaron el "Acuerdo de Copenhague", presentado por Estados Unidos, China, Brasil, India y África del Sur.

Países como Sudán, Tuvalu, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela no aceptaron el documento, que precisaba del consenso para adopción de COP 15.

A pesar de establecer la destinación de US$ 30 mil millones para el pago de la deuda climática en los próximos tres años y US$ 100 mil millones para los años de 2013 a 2020, el documento no establece metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernaderos.